Un nuevo estudio publicado por la revista Environment & Health de la Sociedad Americana de Química, y citado con NBC News, detectó más de 900 sustancias químicas en extensiones de cabello, tanto humanas como sintéticas, así como en extensiones de pestañas. La Dra. Elissia T. Franklin , autora principal del estudio y científica en química analítica, muchas de estas sustancias nunca habían sido identificadas en investigaciones previas y algunas están vinculadas con cáncer, problemas reproductivos y otros daños a la salud humana.
Los hallazgos incluyen ftalatos, asociados con alteraciones hormonales; pesticidas, y compuestos organoestánnicos, históricamente utilizados para evitar que los percebes se adhieran a los barcos, que pueden ser disruptores endocrinos, inmunotóxicos, carcinógenos y obesógenos.
Además, se identificaron 17 sustancias químicas relacionadas con cáncer de mama en muestras de cabello sintético y humano.
El estudio también logró identificar que 12 de los químicos encontrados están incluidos en la Proposición 65 de California, que obliga a notificar al consumidor sobre sustancias químicas que pueden causar cáncer o daños reproductivos.
Los expertos también destacaron que muchas extensiones, especialmente las importadas de países como Nigeria, contienen químicos no revelados por los fabricantes. Franklin señaló que la industria rara vez especifica los ingredientes utilizados, dejando a los consumidores sin información clave sobre su exposición.
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Las extensiones pueden ser tratadas con tintes, retardantes de llama, pesticidas, antimicrobianos y acondicionadores con propiedades peligrosas.
De acuerdo con el estudio, el problema está en su uso frecuente, ya que el contacto con el cuero cabelludo y la exposición a herramientas de calor pueden liberar compuestos orgánicos volátiles (COV) al aire, que según los expertos está asociado con irritación, daños al hígado, sistema nervioso e incluso un mayor riesgo de cáncer.
Aunque no todas las extensiones contienen los mismos químicos, Franklin en el estudio advierte que incluso algunos productos de extensiones de cabello que son etiquetados como “naturales” o “ecológicos” no garantizan la ausencia de sustancias dañinas.
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Los expertos recomiendan optar por extensiones etiquetadas como “no tóxicas” o “libres de tóxicos”, ya que estas parecen ser más seguras según la pequeña muestra analizada en el estudio.
También sugieren limitar el uso prolongado o constante de las extensiones y evitar exponerlas al calor excesivo al peinarlas con planchas o secadoras, lo que puede liberar compuestos químicos al aire.
Franklin enfatiza que estas medidas son preventivas, pero que la responsabilidad principal no debería recaer únicamente en el consumidor.
“Solo espero que llegue el día en que no tengamos que pensar en el daño que pueden causar nuestros productos”, afirmó Franklin, subrayando que la información y la regulación son clave para que la salud de los consumidores no se encuentre en riesgo.
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