Transcurridos tres días desde el inicio de los ataques de EE.UU. e Israel sobre Irán, el conflicto se extiende con la respuesta del Gobierno persa, que en su contraataque golpea intereses estadounidenses por toda Oriente Medio —incluida la embajada en Arabia Saudita—. También se han derribado drones en Chipre —posiblemente lanzados desde Líbano—, donde Reino Unido dispone de una base militar.
La guerra contra Irán se extiende mientras Teherán ataca la embajada de EE.UU. en Arabia Saudita
El régimen iraní entiende legítimo atacar a todo aquel que brinde asistencia a la ofensiva de sus enemigos y prácticamente todos los países del golfo Pérsico están en la diana. Kuwait, Qatar, Baréin, Arabia Saudita, Irak, Emiratos Árabes Unidos e incluso Omán, un país con un rol tradicional de mediador que acogió las fallidas negociaciones entre Irán y EE.UU. de las últimas semanas. Jordania y, por supuesto, Israel, también han sido objetivo de los misiles y drones iraníes.
No todos los impactos registrados son ataques directos; en Siria, por ejemplo, Israel derribó drones antes de que llegasen a destino. Ni todos los objetivos son estrictamente militares: un hotel en Dubái (Emiratos Árabes) también recibió impactos reiterados.
Mientras tanto, los aviones estadounidenses e israelíes siguen bombardeando toda la geografía de Irán, con especial ahínco en la capital, Teherán. Israel atacó el lunes las instalaciones nucleares de Natanz, en el centro del país, que habían sido atacadas en la guerra de junio de 2025. Han muerto ya 787 personas, según la Media Luna Roja.
Israel también atacó el sur del Líbano y la capital, Beirut, después de que la milicia libanesa Hezbollah, patrocinada por Irán, reanudase el lanzamiento de cohetes contra Israel.
En la capital iraní, densamente poblada y que junto con su área metropolitana suma una población que ronda los 14 millones de personas, la malla urbana muestra cada vez más rastros de ataques, como un sarampión que avanza. Más allá de eliminar a figuras clave del régimen, un objetivo conseguido en gran medida con la eliminación del ayatolá Alí Jamenei y buena parte de su plana mayor, EE.UU. busca ahora que elementos del ejército o la sociedad civil se rebelen y derriben el régimen. Este parece seguir controlando el Estado sin flaquezas, de momento.
El mapa general del país muestra que los objetivos alcanzados se encuentran a lo largo de áreas relativamente cercanas a la frontera iraquí, el golfo pérsico y el entorno de Tabriz, al noroeste, donde se sitúa una base de misiles.
Otra de las ramificaciones de la guerra es el cierre del estrecho de Ormuz, ya confirmado por la Guardia Revolucionaria iraní. En torno al 20% del petróleo mundial circula por el paso entre el golfo pérsico y el Índico. Los países productores de petróleo anunciaron un incremento de la producción, mientras que Qatar, principal exportador de gas natural licuado, ha detenido las operaciones. Los barcos se acumulan ahora a un lado y otro del estrecho, y los efectos sobre la economía se harán notar con mayor gravedad cuanto más largo se haga el conflicto.
Los países de la región con bases militares estadounidenses son objetivo principal de los misiles y drones iraníes, en especial Kuwait, Baréin, Catar y Emiratos Árabes Unidos. Solo a este último país, Irán lanzó 186 misiles y 812 drones, que mataron a tres personas e hirieron a 68.
Israel bombardea Beirut y Teherán mientras Irán lanza drones contra la embajada de EE.UU. en Arabia Saudita
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