El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) informó que las fuerzas estadounidenses destruyeron instalaciones de mando y control del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), capacidades de defensa aérea iraníes, sitios de lanzamiento de misiles y drones, así como aeródromos militares durante operaciones sostenidas.
El comando añadió, vía X, que continuará tomando “medidas decisivas contra las amenazas inminentes” que plantea el régimen iraní.
Por su parte, el CGRI anunciaron este martes que realizaron un “ataque a gran escala” contra una base aérea estadounidense en Bahréin. Según un comunicado citado por la agencia oficial Irna, las fuerzas navales del ejército ideológico de la república islámica, “llevaron a cabo un ataque a gran escala utilizando drones y misiles al amanecer contra la base aérea estadounidense situada en la región de Sheikh Isa, en Bahréin”.
El boletín sostiene, sin aportar pruebas, que “20 drones y tres misiles alcanzaron sus objetivos” y “destruyeron el principal puesto de mando de la base”.
“Hace dos días, el régimen iraní tenía 11 barcos en el Golfo de Omán. Hoy no queda ninguno”, señaló la entidad estadounidense mediante un comunicado publicado, en la misma red social antes mencionada, al anunciar la destrucción total de la flota de Irán en la región.
El mensaje, acompañado de imágenes de los bombardeos, sostiene que la presencia naval de Irán en esa estratégica vía marítima ha sido “reducida a cero”. La destrucción de la flota iraní, según Estados Unidos, marca el final de una era de ataques y amenazas a la navegación internacional en la región.
El Pentágono afirma que estas acciones buscan restablecer la seguridad en una de las rutas comerciales más transitadas y vulnerables del mundo. El Golfo de Omán y el cercano estrecho de Ormuz son puntos críticos para el comercio internacional, por donde circula alrededor de una quinta parte del petróleo mundial.
En los últimos años, la marina iraní ha sido acusada de hostigar y atacar buques mercantes, provocar incidentes con embarcaciones occidentales y emplear tácticas de intimidación para proyectar su poder regional. Washington considera que la libertad de navegación en la zona es un “pilar de la prosperidad estadounidense y global”.
De acuerdo con el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), la lista de blancos incluyó centros de comando y control, bases de misiles balísticos, barcos y submarinos de la Armada iraní, y emplazamientos de misiles antibuque.
Un general de la Guardia Revolucionaria iraní amenazó el lunes con incendiar cualquier embarcación que intente cruzar el estrecho de Ormuz, principal arteria del comercio petrolero mundial.
El brigadier Ebrahim Yabari declaró en la televisión estatal que las fuerzas iraníes no permitirán que “ni una sola gota de petróleo” salga de la región del Golfo Pérsico, en una advertencia que agrava la crisis durante el tercer día de hostilidades entre Irán y la coalición integrada por Estados Unidos e Israel.
Desde Estados Unidos, el jefe de la diplomacia estadounidense Marco Rubio sostuvo que el presidente Donald Trump tomó la decisión correcta al involucrarse en este nuevo conflicto en Medio Oriente. “No íbamos a quedarnos esperando a recibir el golpe antes de responder”, afirmó.
“Sabíamos que habría una acción israelí. Sabíamos que eso precipitaría un ataque contra las fuerzas estadounidenses, y sabíamos que si no los perseguíamos preventivamente antes de que lanzaran esos ataques, sufriríamos más bajas”, agregó el funcionario.
Rubio subrayó que la intervención militar tiene objetivos definidos y que la operación “Furia Épica” no cuenta con un plazo establecido, sino que se mantendrá hasta que el régimen iraní quede sin capacidad de amenazar a sus vecinos o a intereses estadounidenses.


