La novela de Maggie O’Farrell es un pedazo de genialidad literaria y la película no le va a la zaga, ambas son actos de magia.La novela de Maggie O’Farrell es un pedazo de genialidad literaria y la película no le va a la zaga, ambas son actos de magia.

Hamnet o el milagro de la ficción

2026/03/02 07:49
Lectura de 7 min
Si tienes comentarios o inquietudes sobre este contenido, comunícate con nosotros mediante crypto.news@mexc.com

Tardé en verla porque temía una mala adaptación de una novela que amé. Mi desconfianza venía de la mano con cierta pedantería: hay libros que no deben adaptarse, no todo éxito literario puede trasladarse a la pantalla. Y es qué Hamnet de Maggie O’Farrell me pareció un pedazo de genialidad; una novela sutil, generosa y triste, alegre, conmovedora y trágica, con un final glorioso.

El cine puede conjugar todos esos elementos pero en general lo hace mal. Sobre todo la sutileza de la novela me parecía intraducible. Quizá para el teatro, ¿pero para la tosquedad del cine, sobre todo del cine hollywoodense? Decirme escéptica es poco.

Los lectores contemporáneos tienen la cabeza tan metida en las pantallas como en los libros. Es inevitable que todos tengamos en mente nuestra propia película. Mi imaginación ya había armado un reparto: Agnes, la protagonista, sería una Kate Winslet en sus veintitantos. Su esposo eternamente soñador, el gran Ansel Elgort en clave nerd. Por ahí Judi Dench y Laura Dern. Al mando, el Martin Scorsese que tuvo la sensibilidad de dirigir La edad de la inocencia y capaz de superar sus dificultades para narrar desde una perspectiva femenina. Un trabuco mi película.

Cómo desmarcar mi imaginación de mis expectativas. El escritor mexicano Pablo Soler Frost se negó a ver la trilogía cinematográfica de El señor de los anillos porque simplemente le pareció una grosería ver en pantalla, con las palabras de otros, con la “puesta en escena” de un autor distinto a Tolkien y su propia imaginación de lector, una obra literaria que ha definido su vida (Soler Frost relee cada año la trilogía tolkeniana para honrar sus memorias infantiles). Así me sentía yo con Hamnet.

Entonces, pues sí, tardé en armarme de paciencia, de quitarme la armadura de snobismo, y fui a ver Hamnet. Visto de cierto modo, mi actitud era la misma de Agnes frente a las obras de su marido. En un mundo tan triste, ¿quién tiene tiempo para ver películas y leer novelas? Agnes pasa por un proceso dolorosísimo, ¿cómo es posible que su marido huya a Londres? ¿A qué, a seguir jugando a los muñequitos en un escenario de madera? Cada quien lidia con el duelo a su manera, pero marcharse dejando a tu familia rota es negación y egoísmo. Maldito seas.

Y amigos, qué error el mío: Hamnet, dirigida por Chloé Zhao (ganó el oscar de dirección por su Nomadland, en comparación una cinta muy menor), es magia pura. Si la novela es genial, la película es un prodigio, el milagro de la ficción. O’Farrell y la directora adaptaron juntas la novela, el resultado es sorprendente. Ya no me importan gran cosa los premios pero Hamnet ha acumulado varios galardones muy merecidos. Espero que le vaya bien el Oscar, donde está nominada como mejor guión adaptado y mejor película.

Lo que la película hace frente a la novela: poner en primer plano la necesidad—la belleza y ¿quizá la utilidad?—de la ficción. Todos necesitamos historias. Ellas nos tejen el sentido de la vida, nos descifran el mundo. Sin las historias que nos contamos desde la era de la caverna alrededor del fuego, huyendo de las sombras, la realidad es demasiado salvaje siquiera para enfrentarla. Las narraciones nos llenan de valentía y coherencia. Por eso en las sociedades primitivas los narradores solían ser sacerdotes, contar y resguardar las historias es un acto bendito.

Lo que nos contamos ha servido para construir una sociedad y darnos lo que llamamos cultura, eso que nos libra de una vida sencillamente animal. El origen de la cultura está en esos mitos, esos cuentos, en esas mentiras que nos contamos unos a otros. Hasta las historias reales se convierten en ficción cuando las narramos desde una perspectiva personal.

Recuerdo que en El legendario mundo del doctor Parnassus (una cinta subestimada dirigida por Terry Gilliam, la última en la que actuó Heath Ledger) hay una escena en la que unos monjes fantásticos viven con la sagrada misión de mantener vivos los hilos de la vida, que no son otra cosa que los hilos de las historias. Mantener el cuento andando, vivir del cuento, que sobrevivan las fantasías. Articulamos nuestra vida a partir de lo que recordamos, lo que sentimos y lo que narramos, eso es lo que sacamos en claro de toda nuestra existencia. Hasta el humano más triste y huraño tiene algo que contar.

Todo eso sentí viendo Hamnet. Si no la han visto la cinta o leído la novela (hagan ambas, una no desmerece frente a la otra), les cuento sin decir nada comprometedor.

Agnes (una actuación incontenible de Jesse Buckley, si hay una mejor actuación femenina este año, yo no la he visto), hija de una familia de granjeros, pertenece a una largo hilo generacional de “brujas” que conocen las hierbas, sus secretos, sus poderes. Todo lo puede curar con sus conocimientos. Agnes lleva una vida solitaria en el bosque rodeada de esos árboles a los que susurra sus hechizos. Un día conoce al maestro de latín de sus hermanos (¿para qué quieren saber latín los hijos de un granjero?). Reacia, poco a poco va cayendo en los brazos de ese profesorcito bueno para nada, un total nefelibata. No me gusta usar palabras que no vienen al caso, pero el término le viene al dedillo al maestro: un nefelibata es alguien que siempre anda con la cabeza en otro lado, que vive en las nubes.

Cuando Agnes y el profesor se casan y forman una familia, a él le sale la oportunidad de irse a Londres. Agnes lo anima, su villa provinciana es demasiado pequeña para entender la profundidad de su esposo (interpretado por Paul Mescal en un trabajo sin tropiezos). A Londres va con la supuesta misión de vender los guantes que su padre confecciona. Éxito londinense: el profe devenido en agente de ventas consigue un buen contrato con una compañía teatral. El resto no es silencio sino destino: se convierte en un gitano de la legua, actor, dramaturgo y director. Al fin la cabeza en las nubes le sirve para hacerse su propio nombre.

Aunque Agnes no entiende del todo, es feliz por él. En casa ya hay tres niños: Susana, Judith y Hamnet. Todo es felicidad hasta que ya no lo es. Hay una enfermedad que Agnes no puede resolver con su sabiduría. Acaba destrozada. El esposo en otra parte, reventando caballos para regresar al pueblo. Cuando finalmente consigue llegar ya no hay nada que hacer más que llorar.

Y huir. Allá va nuestro artista escénico de regreso a su vida teatral porque no todos lidian con el dolor de manera presencial. Hasta que nos damos cuenta que no está escapando sino haciendo el mayor homenaje que un artista pudo hacer nunca.

Ya no quiero contar más, pero sólo puedo decir que al final, en la sala semillena del cine, el público guardó un silencio total. Quizá ya soy una señora sentimental pero lloré. El final es precisamente ese milagro de la ficción del que hablé antes. El milagro en la pantalla y en el pecho de todos los que veíamos. Una magia que no cualquier historia invoca. Digo con todo el sentimentalismo del que soy capaz que Hamnet entra sin mayor trámite en mi lista de películas amadas, esas que sé que voy a ver y volver a ver para guardarla en mi memoria lectora y cinéfila. Hace mucho que no me enamoraba tanto de una película.

Oportunidad de mercado
Logo de Lagrange
Precio de Lagrange(LA)
$0.2238
$0.2238$0.2238
-0.65%
USD
Gráfico de precios en vivo de Lagrange (LA)
Aviso legal: Los artículos republicados en este sitio provienen de plataformas públicas y se ofrecen únicamente con fines informativos. No reflejan necesariamente la opinión de MEXC. Todos los derechos pertenecen a los autores originales. Si consideras que algún contenido infringe derechos de terceros, comunícate a la dirección crypto.news@mexc.com para solicitar su eliminación. MEXC no garantiza la exactitud, la integridad ni la actualidad del contenido y no se responsabiliza por acciones tomadas en función de la información proporcionada. El contenido no constituye asesoría financiera, legal ni profesional, ni debe interpretarse como recomendación o respaldo por parte de MEXC.