Santiago Arias levantó la cabeza y, en posición de número 8, lanzó un centro a la olla, uno de tantos. Independiente no podía; no había manera. Sin embargo, a los goleadores nunca hay que darlos por derrotados. Están, siempre están. Y Gabriel Ávalos, con un cabezazo acrobático, llevó la pelota a la red, imposible para Alan Aguerre y para los cinco defensores de Central Córdoba, hidalgos en la batalla.
Habían pasado 44 minutos del segundo tiempo, por la 8ª fecha del torneo Apertura. Independiente, un equipo que intenta, fracasa y vuelve a intentar, lo merecía. Y lo que habría sido una silbatina generalizada (lo que pasa en casi todas las canchas) fue un festín de aplausos. Iván Marcone, a los 50 minutos, cerró la historia, el triunfo. Y abrió la esperanza, en un final de fiesta y un 2 a 0 rojo furioso.
Gustavo Quinteros suele tomar nota en una libreta de apuntes durante los partidos. La vieja escuela: papel, lapicera y conceptos sueltos. Es algo habitual; cada error conceptual, cada destreza individual, cada huella que llama la atención... El entrenador apunta conceptos. Cada vez se nutre de más oraciones, de más páginas en blanco garabateadas. Independiente, el que para algunos fue el mejor equipo del verano, no funciona en toda su dimensión.
Busca, genera, aprieta. Se desprotege atrás. Huellas que exhibió en los partidos estivales y durante los primeros ocho del Apertura. A diferencia de los otros cuatro grandes, el añejo Rey de Copas tiene en perspectiva solamente en el torneo local, más allá de la Copa Argentina, claro. No disputará la Copa Libertadores, como sí lo hará Boca; no participará en la Sudamericana, como sí River, Racing y San Lorenzo. El campeonato es una obligación histórica: no lo gana desde 2002, con el equipo que gustaba (a veces goleaba) bajo el aura del Tolo Gallego.
El conductor de Central Córdoba es Lucas Pusineri, héroe de aquella consagración roja y de anterior paso deslucido como entrenador del Rojo, en apenas 27 partidos. Entre 2020 y principios de 2021, durante su ciclo, Independiente registró 11 victorias, 7 empates y 9 derrotas. El club de Avellaneda ganó aquel Apertura, el de hace 23 años (parece una broma cruel: tanta gloria pasada y tantos años vacíos), tras un gol histórico de aquel volante optimista. Si bien por entonces se consagró al vencer a San Lorenzo en la fecha siguiente, el partido más recordado fue el del 24 de noviembre, contra Boca. El tanto de Pusineri sobre el final dejó al local al borde de la conquista. Parece en blanco y negro.
Este sábado, su Central Córdoba inquietó al Rojo de a ratos. Lo asfixió con dos potencias en el ataque, Michael Santos y Horacio Tijanovich. Sin embargo, más allá de los embates de los delanteros del conjunto de Santiago del Estero, Independendiente pudo abrir el marcador una, dos, tres veces.
Un toque de Matías Abaldo que terminó en un palo, primero; un bombazo de Ignacio Malcorra, luego, durante un primer tiempo que tuvo pimienta, interesante. Tan cerca, tan lejos. Así son los días de Independiente, que ataca por las bandas, con Abaldo, Malcorra, Ávalos, Ignacio Pussetto (casi siempre a contramano), las proyecciones de Facundo Zabala... y nada. O poco, verdaderamente. Luego del 1-1 con Gimnasia en Mendoza, Quinteros dejó la libreta con múltiples apuntes y abrió su corazón.
“En este partido no estuvimos a la altura de lo que tendría que ser Independiente. Estamos un poco preocupados porque no pudimos mantener un buen nivel futbolístico en estos dos partidos. Hoy no jugamos como podemos, no tuvimos funcionamiento. Llegamos pocas veces y no con mucha claridad”, enunció en Cuyo el DT una frase que podría extenderse a otros encuentros. Esta vez, en el Libertadores de América y frente a Central Córdoba, fue diferente.
Hay una idea, una propuesta. La búsqueda es constante, aun con dudas. Pero casi sin darse cuenta debe recurrir al arquero Rodrigo Rey para sostener el cero y los murmullos (primero) y los silbidos (más tarde) se adueñan de la escena. No pasó este sábado: un cabezazo y un bombazo transformaron el infierno en una despedida de verano, de estrellas y aplausos.
