Leighton Meester, Penn Badgley y Phoebe Dynevor, tres de los protagonistas de los films románticos que se vienenLeighton Meester, Penn Badgley y Phoebe Dynevor, tres de los protagonistas de los films románticos que se vienen

Gracias al streaming, el amor gana en la guerra por el futuro de Hollywood

2026/02/28 11:01
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Con la contundencia de un calendario 2026 repleto de películas románticas adaptadas de best-sellers de nicho, la industria audiovisual parece por fin dispuesta a dejar atrás la era del monoproducto que le vendió al mundo durante las dos primeras décadas de los 2000: los superhéroes. Por todos los beneficios creativos y recompensas económicas alrededor del Big Bang de los superhéroes en pantalla, la ola de personajes de ciencia ficción encapotados casi borró del mapa a un género que había ayudado a darle forma a Hollywood desde sus comienzos.

Entre finales de los años noventa y los primeros años de 2000, las comedias y los dramas románticos quedaron reducidos a apariciones limitadas con la excusa de su falta de atractivo comercial aunque sus presupuestos fueran modestos comparados con los que contaban Marvel en Disney y su competidor DC bajo el manto de Warner.

Todo parecía indicar que en el modelo de negocios adoptado con fe ciega en ese momento por los grandes estudios no había lugar para películas con relatos autocontenidos y personajes cuyos recorridos terminaban con el final de la película. Contaran o no con ideas originales o guiones interesantes, las historias románticas no podían competir con los cómics y sus miles de personajes disponibles para secuelas, precuelas y reinvenciones. Y mucho menos ofrecer las ganancias por merchandising de los tanques de estudio.

Por el contrario, durante años, la realización de un film de superhéroes era la garantía de que habría muchos otros que lo seguirían en la pantalla grande. Así, los estudios justificaban los presupuestos cada vez más grandes y los cientos de millones de dólares que esas películas requieren para salir al ruedo. Poco importaba que sus propias estadísticas indicaran que un gran porcentaje del público que iba a las salas era femenino y adulto, un tipo de espectador que estaba en las antípodas de su modelo, un adolescente que, imaginaban, sostendría el interés por los personajes de los cómics para siempre.

Estado eléctrico

En paralelo con ese fenómeno, que parecía no tener techo pero que eventualmente encontró su piso, las plataformas de streaming comenzaron a avanzar sobre los contenidos audiovisuales y a buscar sus propios modelos de producción. En principio, estos imitaban a los de los estudios tradicionales. Al menos en lo que tenía que ver con la realización de largometrajes.

La guerra del streaming se libraba con los contenidos exclusivos que cada plataforma tenía para ofrecer en medio de un enredo y desenredo de derechos que, por ejemplo, dejaron a Netflix sin las series y largometrajes de todo el imperio Disney cuando el estudio lanzó su propio servicio de streaming.

Convencidas de que debían crear sus propias franquicias, las plataformas probaron con la fórmula ya conocida. Netflix lo intentó con películas como Rebel Moon, de Zack Snyder, director de El hombre de acero y su propio corte de La liga de la justicia para DC, y Estado eléctrico, de los hermanos Anthony y Joe Russo, reconocidos por ser los realizadores de la segunda y tercera entrega de los Avengers y de las dos nuevas secuelas de la saga de Marvel que se estrenarán este año y el próximo.

Los resultados, en ambos casos, resultaron menos que óptimos y muy costosos y algo similar ocurrió con Prime Video y su apuesta muchas veces millonaria por captar a los fanáticos del universo narrativo de J.R.R. Tolkien con la serie El señor de los anillos: los anillos del poder. Sin embargo, cuando el servicio de streaming de Amazon encontró sin hacer fanfarria otra saga literaria mucho más modesta en términos artísticos y financieros se topó casi sin buscarlo con el material ideal para crear su propio universo audiovisual. Mientras los estudios de cine hacían malabares para sacudir la modorra de sus héroes cascoteados por la pandemia, los excesos del multiverso y las huelgas de actores y guionistas, Prime Video encendió la mecha del cambio al comprar los derechos para adaptar la trilogía de las novelas de amor juvenil Culpa mía, Culpa tuya y Culpa nuestra de la escritora argentino-española Mercedes Ron. Uno a uno, los mediocres largometrajes consiguieron ser éxitos globales de proporciones: según sus mediciones, la trilogía Culpables ya fue vista por más de 100 millones de espectadores en todo el mundo y su tercera entrega fue el contenido no hablado en inglés más visto de la plataforma en 2025.

Poco a poco, el streaming dejó de explorar los mundos de historieta, fantasía o ciencia ficción que habían tiranizado a la industria y concentraron su interés en un género, el romántico, que a la industria editorial le aporta ganancias que se cuentan en cientos de millones de dólares. Y no sólo eso: como demuestra Bridgerton, cuya cuarta temporada ya está disponible en Netflix, se trata en general de novelas originales aptas para hacer secuelas, spin-offs y precuelas. Y hasta para las múltiples versiones: la trilogía Culpables ya tiene una primera entrega ambientada en Londres y su continuación está en marcha. El acuerdo entre Prime Video y Ron incluye diez adaptaciones, entre las ya estrenadas y las anunciadas para el futuro. De hecho, entre los anuncios sobre sus producciones internacionales para 2026 que hizo la plataforma hace un par de semanas se destacó la larga lista de libros de romance-en su mayoría juveniles y creados para Wattpad-, que adaptará Prime Video este año.

El romance al rescate

Phoebe Dynevor vuelve al romance, el género que la hizo famosa gracias a Bridgerton

“Creo que Hollywood todavía estigmatiza a la narrativa romántica. En los últimos diez años la industria editorial avanzó mucho en ese sentido porque no les quedó otra opción. Tuvieron que aceptar que este es el género con mayores ventas y lectores. Y no solo eso: también es, en gran parte, el que mantiene a flote a toda la industria. Por supuesto que eso no anula la necesidad de que existan otros géneros pero para que lo hagan el dinero tiene que salir de algún lado. Y el romance tiene un lectorado apasionado, voraz, que en muchos casos lee varios libros a la semana”, decía hace pocas semanas en un reportaje con The Hollywood Reporter la escritora norteamericana Emily Henry cuyas novelas están a punto de colonizar al universo audiovisual.

Emily Bader y Tom Blyth en una escena de Gente que conocemos en las vacaciones

Como punta de lanza del fenómeno que terminará de tomar forma este año, Netflix estrenó el film Gente que conocemos en vacaciones, la primera de las muchas adaptaciones de un libro de Henry que ya están en proceso de producción. “Aunque el mundo editorial ya considera al romance como un género válido y valioso, Hollywood está llegando a esas conclusiones con aproximadamente cinco años de retraso”, completaba Henry en la entrevista en la que también opinaba que 2026 podría ser el año en el que la industria audiovisual por fin empiece a reevaluar y apreciar al género que tanto ignoró. Tal vez por sus portadas que tienden a mostrar todo el espectro de tonalidades del color rosa o quizás porque durante años esas novelas, sin importar su calidad narrativa, cargaban con el sello de ser un placer culposo, algo que solo se podía consumir en privado y sin que sus lectores se animaran a compartir hallazgos o decepciones. Ese tiempo, el del mote de Chick Lit (literatura para minas), que ya fue desterrado de la industria editorial, está a punto de ser abandonado por la audiovisual.

Como prueba alcanza con revisar la lista de las películas en marcha que toman a esos libros como punto de partida. A saber: Netflix ya avanza con las versiones fílmicas de sus best-sellers Un lugar feliz y Una historia divertida mientras que una tercera, La novela del verano, acaba de incorporar a la actriz británica Phoebe Dynevor como su protagonista. Que la actriz principal de la primera temporada de Bridgerton regrese al género que la hizo famosa resulta otro indicio de que la industria del cine empezó a tomar nota de los avances del streaming. Sin fecha de estreno confirmada, la historia sigue los pasos de January Andrews (Dynevor),una exitosa escritora de novelas románticas en plena crisis creativa que mientras atraviesa el duelo por la muerte de su padre se reencuentra con Gus Everett, un colega con el que solía competir en la universidad. Para confirmar una vez más el interés y el compromiso de los lectores con el género y sus adaptaciones, apenas fue anunciada la contratación de Dynevor los fans del libro empezaron a sugerir sus candidatos ideales para interpretar a Gus.

Jared Padalecki

Y algo similar sucedió cuando Netflix anunció la adquisición de los derechos de The Wedding Date, de la escritora afroamericana Jasmine Guillory. El film inspirado en la novela de 2018 que será producido por Meghan Markle y el príncipe Harry además cuenta con una posible secuela ya escrita gracias a que el libro original tiene una. Para esa posible continuación que aún no fue anunciada, las redes sociales ya determinaron que el mejor candidato para encarnar al protagonista masculino es el actor británico Sean Teale que formó parte del elenco de la serie Doctor Odyssey y del encantador largometraje Rosalina (ambos en Disney+). Si alguien tiene alguna duda sobre el interés del streaming por el género romántico la lista de películas por venir en las diferentes plataformas debería despejarlas. Netflix ya avanzó con la adaptación de In a Holidaze, de Christina Lauren, una novela que cruza la comedia romántica navideña con una fantasía al estilo de Hechizo del tiempo que encabeza la actriz y bailarina Maddie Ziegler. Además, la plataforma confirmó la realización de Cuidando a las estrellas, adaptada de la novela El guardaespaldas, de Katherine Center que con cambio de título de por medio para no infringir derechos ni confundir a los espectadores con la película de 1992 con Whitney Houston y Kevin Costner, protagonizarán Leighton Meester, Jared Padalecki y Andie MacDowell.

Meghann Fahy

Por su lado, los estudios Amazon ya completaron la producción de dos adaptaciones que se estrenarán este año: You Deserve Each Other y La hipótesis del amor. Mientras la primera, inspirada en la novela de Sarah Hogle y protagonizada por Penn Badgley (Gossip Girl, You) y Meghann Fahy (The White Lotus), podría llegar primero a las salas de cine, la segunda, un relato de la prolífica novelista Ali Hazelwood que, curiosamente, comenzó como una fanfic (ficciones inspiradas en personajes ya conocidos en otros medios), dedicada a Rey y Kylo, los papeles que interpretaron Daisy Ridley y Adam Driver en la saga Star Wars, seguramente debutará en Prime Video. Así, mientras las plataformas parecen haber dado con un fenómeno propio y haberse sacudido el vínculo tóxico con los superhéroes, Marvel (Disney) y DC (Warner) intentan retomar el vuelo con sus próximos largometrajes, Avengers: Doomsday y Supergirl, respectivamente, al mismo tiempo que sus ejecutivos salen a la caza de los derechos de las novelas románticas que ya no se pueden darse el lujo de menospreciar.

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