Fue una de las top models de los ’90 y recorrió las pasarelas del mundo. Hija de los actores Elizabeth Killian y Carlos Cores, Elizabeth Márquez se subió a una pasarela de casualidad, cuando una productora le sugirió hacer fotos, y aunque ella nunca lo había pensado, aceptó. No se equivocó, trabajó mucho y fue feliz. Pero a sus 30 años sintió que necesitaba otra cosa, probó un emprendimiento de diseño y comercialización de artículos de librería que hoy cumple 25 años y se llama Quitapesares. En el medio cumplió su deseo más profundo y fue mamá de Azucena, de 9 años. En diálogo con LA NACION, recuerda su romance con Pancho Dotto, el sacrificio de su oficio cuando todos pensaban que tenía una vida de princesa, sus dudas sobre la maternidad en soledad y su gran desafío.
-¿Cómo se te ocurrió hacer algo tan diferente al modelaje?
-Estaba en un proceso de cambio muy grande y había estado muy sobreexpuesta durante muchos años como modelo y conductora de televisión. Fue una vorágine muy grande y yo era muy joven porque empecé a trabajar como modelo a los 19 años. Y en un momento decidí parar y preguntarme qué quería hacer en realidad. Fue muy de golpe y por casualidad. Entonces necesité saber qué sentía, qué quería para mi vida.
-¿Te costó darte cuenta de eso?
-Soy una mujer bastante cambiante, me gusta la aventura y los desafíos. Concluí que quería otro tipo de vida y tener mi empresa, porque ya no deseaba estar sobreexpuesta. Nunca lo quise tampoco. Era un momento donde empezaban los programas de chimentos que ahora están tan de moda, y yo no quería que se hablara de mi vida. Por eso también estuve tanto tiempo callada.
-Sos hija de dos actores, Carlos Cores y Elizabeth Killian, entonces sabías de qué se trataba la fama…
-Exactamente. También mis padres estuvieron muy sobreexpuestos. Ellos eran muy conocidos, llamaban mucho la atención. No quería esa vida para mí.
-¿Qué fue lo primero que hiciste para salir de ese lugar?
-Estudiar diseño de interiores. Y en el medio falleció mi papá. Fueron años muy movilizantes. Y ahí nació Quitapesares, que empezó como algo chiquito y creció. En 2001 tenía una galería de arte y un local de diseño, en Palermo. Tenía una muy linda selección de cosas de diseño hermosas, desde manteles, hasta objetos de decoración, regalitos de todo tipo. Y en el primer piso funcionaba una galería de arte. Así fueron los inicios de la marca. Y con el tiempo, abrí otro local en Cañitas. Y como tengo mente empresarial, empecé a hacer mis propios productos y a diseñar útiles escolares.
-Te fuiste expandiendo...
-Claro. En ese momento tenía góndolas en casi todos los shoppings de Buenos Aires y cada vez que ponía algo de papelería, como una agenda, una carpeta, una cartuchera, era un boom. Entonces pensé en desarrollar esa área que es tan importante. Me dediqué a los artículos escolares porque era lo que más vendía. Hace unos años me asocié con Mooving, que hace la distribución y el desarrollo de los productos, y yo hago el diseño. Vendemos a todo el país y, además, también exportamos. En 2016 tuve a mi hija y fue otro cambio gigantesco así que necesité delegar un poco. Mooving, que tiene muchas licencias, me pidió en ese momento entregar mi marca como licencia. Y fue mucho mejor para mí, porque me dio más fuerza. Yo pensaba que fusionarse era perder y con los años me di cuenta que no, que es todo lo contrario. Hoy tengo una tienda online pero solo como showroom.
-Decías que tu hija te cambió la vida. Alguna vez contaste que fue muy deseada y que sos mamá sola….
-Sí. Cuando quise dejar los medios y la sobreexposición, justamente quería ser mamá y tener una familia. Todo lo que no tenía. Era una mujer que había viajado mucho desde muy joven, había recorrido el mundo, trabajaba muchísimo de lunes a lunes, pero deseaba ser una mujer común, con un poco de paz. Quise formar una pareja y ser mamá y ahí empezaron los problemas de fertilidad. Porque perdía los embarazos. Con los años, mi ginecóloga en ese momento me dijo que tenía muchos miomas, por eso las pérdidas. Después de muchos estudios, me operé de 14 miomas.
-¿Hiciste tratamientos?
-Sí, tuve una pareja, hice tratamientos de fertilidad, esa pareja terminó y como tenía un sentimiento muy fuerte de ser madre y no lo podía parar, pensé en hacerlo sola. Intenté adoptar, hice los papeles, pero no me tomaron en cuenta. Tenía esa necesidad de ser mamá y al mismo tiempo no quería tenerla sola porque me parecía que privar a un hijo de un padre era muy egoísta. Hice mucha terapia, mucha charla con amigos y me entregué al universo, Dios o quien nos esté mirando. Dije: “Si tiene que ser y va a estar bueno, concedeme este deseo. Y si no, no”. Hice un tratamiento, quedé embarazada y acá está Azucena que el 24 de mayo cumple 10 años. Yo tenía 47 años, una edad compleja, pero tuve un embarazo perfecto. Y estamos felices de la vida, formando familia divina.
-Y tenés un novio…
-Federico, que vive en el sur y trabaja en un hotel en Villa La Angostura. Es arquitecto y tiene dos hijas estudiando en Buenos Aires y otra más chica en General Roca, así que va y viene. Y yo también viajo en vacaciones.
-¿Funciona la pareja a distancia?
-Por ahora. A veces la distancia para mí es muy difícil. Yo soy mucho más presencial (risas). Se supone que en algún momento vamos a estar juntos. Pasito a paso. Solo por hoy.
-Pegaste muchos volantazos en tu vida… ¿Cómo fue que terminaste siendo modelo?
-Estudiaba licenciatura en turismo porque quería conocer el mundo. Y un día caminando por calle Florida me paró una mujer, me dijo que era productora de modas de una revista y me preguntó si quería hacer fotos. Dije que sí, y de un día para el otro empecé a tener un montón de trabajo y me cambió la vida. Fue todo muy vertiginoso y aproveché la ola que nunca paró. La tuve que parar yo.
-Las modelos eran las rock stars de los ’90, ¿cómo lo viviste?
-Fuimos la primera camada de modelos que fueron a trabajar a Europa. Después me quise ir a Estados Unidos, a Miami, y al tiempo me llamaron de Nueva York. Viajé mucho pero nunca quise irme de Argentina. En un momento decidí quedarme y en uno de los viajes me propusieron hacer 360 todo para ver en Canal 13, donde estuve dos años. Y trabajé en la TV Pública en un programa para niños, en otro de espectáculos en Canal 9. Tengo recuerdos hermosos de esos años.
-Había una fantasía sobre las modelos y se creía que tenían una vida de ensueño... ¿Era así?
-No, no parábamos nunca. Éramos muy jóvenes, un semillero de mujeres muy trabajadoras. Ahora me doy cuenta. Queríamos crecer, progresar, viajar. Era un mundo ideal para el resto, pero no para nosotros que no parábamos de trabajar, de lunes a lunes. Por ahí hacía fotos a las siete de la mañana y al mediodía un programa de televisión; en ese momento estaba Utilísima o íbamos a hacer desfiles al programa de Mirtha Legrand. Después nos íbamos a los hoteles que en ese momento hacían unos desfiles espectaculares. Y eran dos o tres desfiles por día, a veces. Y los fines de semana íbamos a desfilar al interior del país. Y con Araceli González hacíamos muchas campañas gráficas. Yo estaba acostumbrada porque crecí en una familia de artistas donde no existen los fines de semana ni los feriados porque hacen teatro, y en la semana graban de sol a sol. Fui educada con el culto del trabajo y del sacrificio.
-¿Nunca te sedujo ser actriz, como tus padres?
-No, la verdad que no. Como modelo ganaba bien y me gustaba no depender económicamente de nadie. Quería tener algo mío porque la carrera del artista es muy fluctuante. Tenés que esperar a que te llamen y después termina el contrato y esperás otro. Es un poco estresante. Siempre fui como muy emprendedora y no quise depender de los demás. Eso también influyó en mis decisiones. Pero mis recuerdos de esa época son geniales. ¡No puedo creer la vida que tenía! Tuve que salir a buscarme la vida porque mis padres, justamente por ser actores, no tenían dinero para educarme. Y yo quería estudiar y formarme, y me pagué mis estudios. Trabajaba haciendo promociones… Entonces, ni bien vi trabajo como modelo y que ganaba dinero, no lo dudé. Porque también lo necesitaba. Y deseaba conocer el mundo.
-Tuviste una relación con Pancho Dotto que fue muy mediática en ese momento...
-Cuando yo ya trabajaba un montón, él recién estaba armando su agencia de modelos. Ricardo Piñeiro era un poco más conocido y con él empecé a trabajar. Después fue explosivo todo porque vinieron a buscar modelos de Europa, de Japón, de Estados Unidos, y realmente fue un negocio bastante importante y acá el mercado también era grande. Cuando nos vimos por primera vez, Pancho no era conocido todavía, en cambio yo sí. Me acuerdo que me iba a probar ropa para los desfiles de alta costura y decía que tenía un novio que estaba desarrollando una agencia de modelos.
-Entonces estabas trabajando en la agencia de Piñeiro y te pasaste a la de Dotto…
-Sí, me llamó y fui. Desde entonces pasaron tantas cosas que ni me acuerdo… Fue en otra vida (risas). Di varios volantazos en mi vida y siempre me arriesgué porque me gustan los desafíos. Y me fue bien. Soy muy ariana y la zona de confort molesta a veces… Siempre quiero cosas nuevas, y el diseño tiene que ver con eso también.


