Gabón, África central. En medio de las inhóspitas tierras del país africano, existe un complejo sistema de cuevas conocido como Abanda. Allí, radica una población de animales que viven en la oscuridad, se alimentan de murciélagos y ahora han comenzado a mutar en una nueva especie: los cocodrilos enanos anaranjados.
Nombrados científicamente como Osteolaemus tetraspis, esta especie de cocodrilos se distingue por, valga la redundancia, su pequeño tamaño y peso. Pero a diferencia de aquellos que viven en pantanos y ríos, un estudio de Research Gate señala que éstos en particular se han adaptado a las duras condiciones de las cavernas.
Conocidos como "cocodrilos cavernícolas", lo interesante de estos ejemplares es su particular dieta basada en grillos y murciélagos, su estilo de vida marcado por nadar en excremento líquido conocido como guano, así como las escamas anaranjadas que rodean su cuerpo.
Como explicó el arqueólogo Richard Oslisly a National Geographic, él y su equipo recolectaron muestras de sangre de casi 40 cocodrilos y compararon su ADN con el de otros 200. Con ello descubrieron que los "cavernícolas" han logrado transmitir genes diferentes.
Así, comparados con otras especies de cocodrilos enanos en Gabón los "cavernícolas" han logrado distinguirse por sobrevivir años en medio de la oscuridad. Un cambio radical en comparación de sus parientes que habitan en el exterior y necesitan luz solar para la regulación de su metabolismo.
Cabe mencionar que el color naranja presentado en algunos cocodrilos machos no es tanto porque se deba a una mutación genética, sino por su mismo estilo de vida. Este ajuste en la pigmentación de su cuerpo puede atribuirse a nadar en una mezcla de heces de murciélago y alcalina de agua.
De igual manera Oslisly platicó para The Guardian una hipótesis sobre el desarrollo de las crías. Cree que los huevos se dejan dentro de las cuevas y cuando los cocodrilos nacen son capaces de entrar y salir de las mismas por medio de pequeñas aberturas. Una vez alcanzado cierto tamaño, sobreviven en la oscuridad: "De alguna manera están en su propia prisión".
Como dato, se desconoce cómo fue que llegaron a vivir a las cuevas ni desde hace cuánto tiempo que habitan ahí. No obstante, se calcula que han pasado al menos tres mil años desde que los primeros ejemplares entraron en busca de alimento o refugio.
A su vez, el equipo apuntó que a este ritmo, dado que son pocos los ejemplares que salen de las cuevas y se han acostumbrado a vivir en el aislamiento, es muy probable que se encaminen a convertirse en una nueva especie. "Si eso va a suceder pronto es una incógnita".


