Los trabajadores tienen claro que no hay salario emocional que alcance ni compense si el salario en pesos y centavos no da estabilidad salarial y económica, de ahí que especialistas coinciden en que el bienestar laboral inicia desde la nómina.
“La salud mental comienza en la nómina y las empresas tendrán que cuidar con estrategias más conscientes a su talento”, considera Erika Villavicencio Ayub, directora de la consultoría DserOrganizacional para Latam.
Los trabajadores en 2026 quieren de un empleador estabilidad económica y salarial, incluso por encima de beneficios no monetarios.
El 55% de los colaboradores consideró la estabilidad económica y salarial como el aspecto más importante para lograr el bienestar laboral, de acuerdo con la encuesta Tendencias de Recursos Humanos 2026 de la bolsa de trabajo OCC.
No sólo un incremento salarial sino que su ingreso les permita contar con seguridad de que podrán pagar sus cuentas, en medio de alzas de precios que no ceden. La inflación general en febrero se aceleró a 4.02% desde 3.79% de enero, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
“Los colaboradores no nada más demandarán mayores salarios, sino tener estabilidad económica”, destaca Karen Villanueva, gerente de inteligencia de negocio y mercado de OCC.
Sin embargo, para las áreas de Recursos Humanos la estabilidad económica y salarial no es el aspecto principal este 2026 para lograr el bienestar laboral: 39% de los reclutadores consideró esta iniciativa. Para el 42%, el desarrollo profesional y dar oportunidades de crecimiento es lo relevante.
“El hecho de que el salario estable aparezca hoy como la prioridad en encuestas laborales no debería interpretarse como un rechazo al bienestar emocional en el trabajo. Más bien refleja el reconocimiento de que el bienestar empieza por la seguridad material de la vida, y eso es posible con un salario digno”, expone Yunue Cárdenas, CEO Menthalising.
La estabilidad salarial y económica no sólo es un asunto de capacidad de compra, sino que el no contar con ellas afecta negativamente la salud física y mental, pone en riesgo la productividad y al final esto repercute en los resultados de las empresas.
“Mientras una persona no tenga claridad sobre cómo sustentar la vida no puede siquiera pensar en bienestar”, advierte Cárdenas, también fundadora y presidenta del Colegio Nacional de Psicología Clínica para el Trabajo (Conapsit).
En 2024, un tercio de los hogares en el país tuvo dificultades para satisfacer sus necesidades alimentarias por falta de dinero, esto representa 12.8 millones de personas, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Ingreso y Gastos de los hogares (ENIGH) del Inegi.
En México, el salario mínimo ha recibido aumentos de doble dígito a partir de 2018 lo que ha permitido que recupere 154% su capacidad de compra; sin embargo, estos beneficios sólo los notan quienes reciben este ingreso y cuentan con un empleo formal. Mientras que los sueldos generales se han estancado y el mínimo está por alcanzarlos.
Las neurociencias y la psicología explican con evidencia la importancia de la estabilidad salarial para el bienestar laboral.
El cerebro humano tiene como misión la supervivencia. Si un trabajador percibe que su salario no es estable o es insuficiente, se activa la amígdala, la parte del cerebro que procesa las amenazas.
“Esa activación es la definición más básica del estrés. Desencadena una respuesta ya sea de lucha, de huida. Pero sí es constante el trabajador se va debilitando. Y si se debilita por dentro, se refleja en su desempeño, ánimo y salud mental y física”, describe Villavicencio Ayub, investigadora de Salud Mental y Gestión Estratégica de Recursos Humanos en la UNAM.
Cuando el trabajador no tiene estabilidad salarial, el cerebro se desgasta y segrega cortisol, adrenalina, sustancias que llevan a un agotamiento crónico. Desde la psicología, el salario es un indicador de valor social, de realización, de estabilidad en la vida.
“Cuando no tiene estabilidad va afectando su sentido de autoeficacia y la persona es más propensa de tener riesgos de padecer trastornos depresivos, de ansiedad generalizada”, alerta Villavicencio.
Los trastornos pueden impactar negativamente en otras áreas de la vida como el desempeño laboral, las relaciones personales, aislamiento, alteraciones del sueño.
“Si el sueldo y la estabilidad faltan, sí es más bajo de lo que considero que representa mi carga laboral, va a producir una insatisfacción masiva”, añade Villavicencio.
Implementar un salario emocional para elevar la satisfacción desde un sueldo inestable no da los resultados deseados pues la base económica no permite las otras medidas tenga un impacto positivo.
“Cuando hablamos de bienestar laboral, es importante recordar que las iniciativas emocionales o culturales dentro de las empresas no pueden sustituir las condiciones materiales del trabajo. La estabilidad económica sigue siendo una de las bases más importantes para proteger la salud mental de los trabajadores”, asegura Yunue Cárdenas.
Además, la preocupación por el dinero reduce los recursos cognitivos de la persona porque la parte prefrontal -encargada de tomar decisiones- de su cerebro está ocupada en pensar si podrá pagar la renta, si le alcanzará para las colegiaturas, la alimentación y la lista de gastos al mes.
Esto implica que la persona estará distraída, preocupada, presente en cuerpo pero su atención comprometida en otros asuntos e incluso puede cometer errores o accidentes.
“El salario emocional es un factor que ayuda a la parte cognitiva, pero no se procesa si la base de supervivencia está en riesgo, es decir, las necesidades básicas”, de acuerdo con Villavicencio.
Cárdenas hace una analogía en la que el mercado es un clima extremo, mientras el salario monetario es como ropa térmica y el salario emocional es como un paisaje agradable que hace que el transitar por un clima extremo sea mentalmente llevadero.
Mientras que el salario estable y suficiente es una ropa térmica que impide que el clima extremo o mercado destruya físicamente a los trabajadores.
“Sin el refugio del dinero, el paisaje bonito no sirve para sobrevivir. Tras años de priorizar la ‘felicidad en el trabajo’ -un intento de suavizar el mercado y que no se ha conseguido- la gente se da cuenta de que la inflación y la precariedad han vuelto el clima demasiado hostil”, dice Yunue Cárdenas. “No hay bienestar sin estabilidad”, agrega.
La prioridad a la estabilidad salarial y económica no invalida la necesidad de beneficios más allá de lo monetario, coinciden.
“No porque esté presente el sueldo ya se soluciona la persona, pero es la base necesaria para que funcione, para que tenga un impacto y sentido el salario emocional. Si no existen los dos, es un gasto que no va a tener los resultados esperados y me atrevo a decir que da los resultados contrarios”, expone Villavicencio.
El bienestar emocional es importante, pero aparece como una consecuencia de la estabilidad económica no como su reemplazo, precisa Cárdenas.
La inestabilidad salarial y económica lleva a un estado de preocupación y ansiedad ante una situación financiera complicada o de incertidumbre que afecta en lo físico, psicológico y en las relaciones interpersonales, conocido como estrés financiero.
Un 37% de los mexicanos dijo sentir un alto estrés financiero, y 35% un nivel moderado, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera de 2023.
También se genera “presentismo financiero”, cuando el trabajador está físicamente en su centro laboral, pero su mente se encuentra tratando de resolver sus asuntos financieros, buscando fuentes alternativas de ingreso, en cómo liquidar deudas.
El estrés y el presentismo financieros se manifiesta en el cuerpo y la mente del trabajador en presión arterial elevada, enfermedades cardiovasculares, trastornos del sueño, mentales, problemas en músculos y huesos y un deterioro en su capacidad de pensar y analizar problemas.
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