Hace unos cuantos días, el embajador de Cuba en México, Eugenio Martínez Enríquez, publicó en sus redes sociales una serie de opiniones sobre un reportaje de TV Azteca sobre el destino de las donaciones que, como ayuda humanitaria, hace el gobierno de México al “pueblo” de Cuba.
En dicha nota se presenta que algunos de los insumos donados en realidad han sido vendidos por el gobierno de aquel país a su población, en condiciones de extrema urgencia.
Sin calificar la veracidad o no de dicho reportaje, lo que llama la atención es la reacción virulenta del embajador en contra de una empresa mexicana, opinando sobre el cumplimiento o no de sus obligaciones fiscales, comerciales, contractuales sin dar ninguna evidencia de ello.
Es comprensible que se desee defender al régimen que representa; de hecho, ese es su trabajo. Lo que ya no es tan claro es por qué dicho personaje se arroga la atribución de atacar a una empresa mexicana en territorio mexicano, descalificándola más allá del reportaje que publicó.
Ya se sabe que en esta administración Ricardo Salinas Pliego es el villano favorito y al que hay que detener a como dé lugar para evitar que crezca su popularidad y ponga en riesgo la continuidad de la 4T, cuya representante estelar, Claudia Sheinbaum, el gobierno de Donald Trump desairó al no invitarla a la minicumbre de las Américas en Miami, no obstante estar celebrando un tratado de libre comercio con México e imponer sus propios criterios en materia de seguridad.
A Salinas Pliego lo atacan por todos lados y tal parece que eso no afecta su popularidad, sino que, al contrario, la fortalece.
Como muestra, el video que Morena hizo en que, sin su autorización, utilizan su imagen para denostarlo, con la complacencia del obradorista INE y la “ultramorenista” Taddei.
Y surge una pregunta: ¿acudir al obradorista Tribunal Electoral? Quién sabe si tenga sentido, si siempre fallan a favor del régimen en un ejercicio abyecto de sus atribuciones.
Lo que llama la atención es que un embajador pueda hablar de una empresa mexicana criticando situaciones que no tienen nada que ver con sus funciones diplomáticas.
Tal vez sea parte del nado sincronizado de los adictos al régimen, tal vez el señor Martínez Enríquez quiera hacer carrera junto con otros opinadores progobiernistas capaces de justificar lo injustificable.
Quién sabe qué motivaciones tenga este señor; lo que sí es que habrá que preguntarle, ¿por qué si tienen tanta necesidad no mejor venden el gigantesco predio sobre Presidente Masaryk en donde está su embajada?
O si no lo tienen en propiedad por tratados internacionales, regrésenlo al Estado mexicano para que lo venda y con ese dinero se financien los apoyos al “pueblo cubano”.
Seguramente habrá muchos desarrolladores —incluidos los que se disfrazan de fundaciones para rescatar a perritos— interesados en comprar ese excéntrico lote, en una de las avenidas más caras del mundo para la representación de un país que, paradójicamente, pide ayuda humanitaria.
Dicen que a los comunistas caviar les gusta la austeridad en los bueyes del compadre —como lo hemos constatado los mexicanos con muchos políticos de “izquierda” de la 4T—, mientras que ellos viven como magnates con los recursos del pueblo.
¿Se animará el gobierno de Cuba a vender o ceder su embajada para hacerse de recursos y ayudar a la situación de su población, o es un discurso de dientes para afuera?
Me imagino que a este señor le gusta vivir en Polanco, caminar por Masaryk con boutiques de lujo, restaurantes internacionales, etcétera, en vez de ser congruente y cambiar su embajada a un inmueble más austero, propio de la izquierda revolucionaria.
Pero ya sabemos que eso de la congruencia no se les da a algunos izquierdistas.

