Conclusiones clave
Merlijn the Trader, un analista de criptomonedas ampliamente seguido con una gran presencia en redes sociales, levantó cejas esta semana al señalar un cambio estructural en el comportamiento del ciclo de Bitcoin. Su argumento es directo pero conlleva implicaciones serias: por primera vez en la historia de Bitcoin, el activo alcanzó un nuevo máximo histórico antes de un evento de Halving de Bitcoin, algo que nunca había sucedido en ciclos anteriores.
Esa anomalía, según Merlijn, no es solo una nota al pie. Sugiere que el ciclo actual está operando en una línea de tiempo comprimida. Donde los ciclos alcistas a bajistas anteriores se extendieron a más de 1.000 días, este puede cerrarse en el rango de 700–800 días. Según esos cálculos, un mínimo de ciclo se ubicaría en algún lugar de la ventana de julio–agosto de este año, no dentro de meses, no en algún punto distante de 2027. Pronto.
Para los inversores que se mantienen al margen, es un encuadre incómodo. Merlijn trazó un paralelo deliberado con el último ciclo, señalando que $22.000 se sintió exactamente así: incierto, precario y contraintuitivo para comprar. La historia dictó un veredicto sobre esa vacilación.
Arthur Hayes, cofundador de BitMEX y uno de los bulls más ruidosos de Bitcoin a largo plazo en círculos institucionales, está abordando el momento actual desde un ángulo diferente, y llegando a una conclusión similar sobre el timing.
Hayes no está comprando ahora mismo. No porque se haya vuelto bajista en la trayectoria a largo plazo de Bitcoin, sino porque el detonante macro que está esperando no ha llegado.
Su marco se construye en torno a la liquidez. Bitcoin, en su opinión, es efectivamente un barómetro de la expansión de la oferta monetaria global. No se mueve decisivamente al alza hasta que los bancos centrales, específicamente la Reserva Federal de EE.UU., vuelvan a una política acomodaticia y reinicien la expansión monetaria a gran escala. Hasta que eso suceda, Hayes describe el entorno actual como una "zona sin operación".
Los riesgos que está señalando no son triviales. Las tensiones geopolíticas, particularmente una posible escalada que involucre a EE.UU. e Irán, podrían generar un evento de aversión al riesgo abrupto que arrastre a Bitcoin muy por debajo de los $60.000. También ha señalado el reciente desempeño superior del oro frente a Bitcoin como una señal de advertencia: históricamente un marcador de condiciones crediticias restrictivas y presión deflacionaria, no el tipo de contexto donde prosperan los activos especulativos.
Su consejo para inversores minoristas es disciplinado hasta el punto de ser casi contundente: mantenerse líquido, evitar el apalancamiento y no perseguir el precio hasta que la Reserva Federal señale claramente un giro.
Nada de este pesimismo sobre el corto plazo se traduce en abandonar Bitcoin por completo. Hayes ha mantenido públicamente objetivos de $250.000 para finales de 2025 o 2026, con proyecciones más agresivas de $500.000 a $750.000 para 2027, dependiendo de que el gasto militar y la presión fiscal obliguen a la Fed a realizar inyecciones de liquidez agresivas.
También ha dejado constancia argumentando que el ciclo tradicional de cuatro años del Halving de Bitcoin está efectivamente roto. La deuda gubernamental persistente, la intervención continua en los mercados crediticios y la inflación estructural han creado, en su opinión, condiciones para un entorno alcista más sostenido en lugar de los ciclos agudos de auge y caída que caracterizaron épocas anteriores.
Más allá de Bitcoin, Hayes se ha posicionado en Zcash, acciones de minería y oro físico: activos que considera complementos de una tesis amplia sobre la devaluación de la moneda fiduciaria.
La convergencia entre la tesis de compresión de ciclos de Merlijn y el marco impulsado por liquidez de Hayes apunta a la misma conclusión general: la ventana de entrada existe, pero la confirmación aún no ha llegado.
La proyección de mínimo de julio–agosto de Merlijn y el detonante de giro de la Fed de Hayes no son señales idénticas, pero están alineadas direccionalmente. Ambos sugieren que la incomodidad actual en el mercado no es una razón para salir: es la razón por la que la oportunidad aún existe.
Si esa tesis se sostiene depende de factores que ningún analista puede controlar completamente: decisiones de política monetaria en Washington, desarrollos geopolíticos en Medio Oriente y el ritmo de rotación de capital institucional de regreso a activos de riesgo.
Por ahora, la postura de ambos campos es la misma: observar, esperar y no confundir la volatilidad con el fin del ciclo.
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