En mes de marzo, para muchos el mes de la mujer, debemos rendirle tributo a las ciudades y los espacios en los que vivimos: las arquitectas y urbanistas mexicanas.
Hablar de arquitectura en México es hablar de mujeres. De mujeres que diseñan, que investigan, que construyen comunidad, y que han demostrado que el talento, la sensibilidad y el rigor técnico no tienen género.
La presencia de las mujeres en la arquitectura mexicana tiene raíces profundas. Desde inicios del siglo XX, pioneras como María Luisa Dehesa Gómez Farías —la primera arquitecta mexicana reconocida dentro del movimiento moderno, graduada en la Academia de San Carlos en 1939— abrieron una brecha que muchas otras han ensanchado con brillantez.
Ruth Rivera Marín, hija del maestro Diego Rivera, fue la primera mujer en ingresar al IPN en 1950. Siendo Jefa del Departamento de Arquitectura del Instituto Nacional de Bellas Artes, propugnó por una arquitectura con identidad cultural propia, rechazando la imitación acrítica de modelos extranjeros.
Hoy, más del 50% de los estudiantes en las escuelas de arquitectura del país son mujeres. Eso no es un dato menor: es el futuro que ya llegó.
Hoy quiero hablar de las arquitectas vivas, activas, que están transformando México.
Elena Tudela Rivadeneyra, quien desde su Oficina de Resiliencia Urbana diseña espacios públicos en zonas marginadas de Baja California Sur, integrando sustentabilidad y cohesión comunitaria. O en Isadora Hastings García, que lleva arquitectura participativa y construcción con tierra a las comunidades de Oaxaca y Guerrero afectadas por desastres naturales —hoy mismo trabaja en Acapulco, ayudando a reconstruir lo que el huracán Otis devastó.
Fernanda Canales, doctora en arquitectura, que además de proyectar con impecable racionalidad, es historiadora y crítica: una arquitecta que construye tanto con ladrillo como con ideas. Gabriela Carrillo Valadez, cuya Casa de Cultura y Escuela de Música en Tabasco —con sus celosías, sus ventilaciones cruzadas, su geometría honesta— demuestra que la arquitectura pública puede ser, al mismo tiempo, bella y profundamente social.
Rozana Montiel rehabilitó espacios comunitarios en unidades habitacionales de Azcapotzalco involucrando a los propios vecinos en el diseño. Mariana Ordóñez y Jessica Amezcua, desde Comunal Taller de Arquitectura, construyen escuelas rurales en la Sierra de Puebla y la Selva Lacandona con materiales del lugar y sabiduría comunitaria.
Frida Escobedo: la arquitecta mexicana que diseñó el Pabellón Serpentine en Londres en 2018, y a quien hoy se le ha encomendado la renovación del Centro Pompidou en París. Una mexicana, reescribiendo la historia de la arquitectura mundial.
Un hito fundamental en materia de desarrollo urbano lo consituye, la arquitecta Estefanía Chávez Barragán, que junto con otras colegas, en su momento fundó la Asociación Mexicana de Arquitectas y Urbanistas (AMAU), poniendo el tema de género en el centro del debate sobre las ciudades mexicanas, mucho antes de que fuera tendencia (1969).
Sara Topelson, destacada arquitecta y urbanista mexicana, fue la primera mujer en presidir la UIA (Unión Internacional de Arquitectos) que representaba a todos los organismos de arquitectura del mundo habiendo tenido un papel muy destacado por su postura innovadora, conciliadora, tratando de dar una nueva visión a la arquitectura en todo el mundo.
En materia de desarrollo urbano hay una gran cantidad de mujeres comprometidas con sus ciudades, algunas de ellas, como directoras de Institutos Municipales de Planeación, menciono a Guadalupe Peñuñuri, Directora del IMPLAN de Hermosillo que colocó a la Ciudad entre los 15 Premios que otorga la Fundación Bloomberg a la innovación, no puedo omitir mencionar a aquellas integradas a la Asociación Mexicana de Urbanistas integradas a su Consejo Directivo y a las Representaciones en las distintas Entidades Federativas.
Lo que une a todas estas mujeres no es solo el talento. Es una visión de la arquitectura y del urbanismo como servicio, como compromiso social, como acto de cuidado hacia la comunidad y el territorio. Actúan pensando en la gente, en el clima, en la cultura local, en la sostenibilidad. Eso es arquitectura y urbanismo con conciencia.
Premios y reconocimientos internacionales
Arquitectas mexicanas han sido galardonadas en certámenes como la Bienal de Arquitectura de Venecia y en premios de sustentabilidad, destacando por proyectos que integran tradición cultural con innovación tecnológica.
Liderazgo en despachos y universidades
Cada vez más mujeres ocupan puestos directivos en despachos de arquitectura y en facultades de urbanismo, influyendo en la formación de nuevas generaciones y en proyectos urbanos.
Proyectos de regeneración urbana
Urbanistas mexicanas han encabezado intervenciones en barrios populares y espacios públicos, con enfoque en inclusión social, movilidad sustentable y seguridad comunitaria.
Innovación tecnológica y sustentable
Varias arquitectas están impulsando proyectos de arquitectura regenerativa, vivienda ecológica y uso de inteligencia artificial en diseño urbano, alineándose con tendencias globales.
Visibilidad y redes
Se han creado colectivos y asociaciones de mujeres arquitectas que promueven la equidad de género en la profesión y visibilizan sus aportes en congresos y publicacioines
Concluyo
Estas arquitectas y urbanistas representan la nueva generación de liderazgo femenino en México, con aportes que van desde la sustentabilidad y la regeneración urbana hasta la innovación cultural y tecnológica. Sus obras son referentes de cómo la arquitectura puede ser humana, consciente y transformadora.
México les debe mucho a sus arquitectas y urbanistas. Y hoy, nos ponemos de pie para reconocerlas.
Porque las ciudades que merecemos también las construyen ellas.

