Rosko Specman, un artista del seven, el hombre de los pies mágicosRosko Specman, un artista del seven, el hombre de los pies mágicos

Rosko Specman, un astro del seven que deslumbra en Sudamérica: “Ser jugador-entrenador sirve para ayudar a los más jóvenes”

2026/03/07 05:04
Lectura de 8 min
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SANTA FE.– Lo primero que atrapa la atención, cuando baja al lobby del hotel de Colón, es su vestimenta. Sandalias, shorts, y una camisa celeste veteada con el logo de los Springboks en un costado y la bandera de Fiji en el pecho. A tono con las rastas que ya son parte de su personalidad. Volvió al rugby XV, pero su estela de estrella del seven lo persigue, y Rosko Specman no tiene ninguna intención de dejarla atrás. Tampoco le escapó a los infinitos pedidos de fotos y autógrafos que atravesó en sus dos semanas en la Argentina. En cambio, siguió haciendo gala de su velocidad y capacidad de elusión en la cancha. Con la camiseta de Cobras, de Brasil, enfrentó a Dogos en Córdoba y Capibaras XV en Sauce Viejo, y les marcó sendos tries.

Las primeras imágenes que se le vienen a la mente al pueblo rugbístico argentino de Rosko Specman son con la camiseta de Sharks, pero no la del equipo del Super Rugby sino de la entrañable Vodacom Cup. Los Pampas XV lo enfrentaron en la semifinal de 2011, y si bien se quedaron con una victoria que derivaría luego en el título, el wing dejó su huella. Cada vez que tocó la pelota, la defensa tembló, y hasta conquistó un try. Dos años más tarde, con la camiseta rosa/fucsia de Pumas (el equipo de Nelspruit), se tomó revancha y con dos conquistas determinó la eliminación del equipo de Hourcade. Fue la última presentación de Pampas XV en aquella competición de tercer nivel en Sudáfrica que marcó un antes y un después en el rugby profesional argentino.

A nadie le extrañó, entonces, cuando un par de años más tarde irrumpía en el mundo del seven con sus rastas con trenzas verdes y amarillas como un rayo. Un camino que incluyó dos medallas olímpicas (bronce en 2016 y 2024) y dos títulos de la Serie Mundial de Seven. En la disciplina estableció un vínculo cercano con la Argentina.

“Tengo un mate que me regaló Gastón Revol cuando jugamos juntos en Mónaco. Tiene mi nombre grabado, junto al logo de ‘Speckmagic’. Fue un gran gesto”, cuenta. “El otro día probé el choripán. Me hizo sentir como en casa. Me gustó mucho y, además, fue una linda forma de acercarme a la cultura argentina”. También disfrutó de los alfajores.

Specman llegó esta temporada a la franquicia brasileña para revolucionar el tambaleante Super Rugby Americas. A los 36 años, una de las máximas estrellas de la era olímpica del Seven (desde 2016 hasta hoy), lo está logrando tanto dentro como fuera del terreno de juego. En su rol de jugador-entrenador, tendrá una difícil misión en un país donde el rugby no termina de afianzarse.

En su paso por la Argentina recibió el cariño y la admiración del público. Estuvo cerca de vencer a Dogos y luego fue goleado por Capibaras

“Cuando uno piensa en Brasil, piensa en fútbol”, dice. “Pero vi algunos partidos, especialmente los clasificatorios al Mundial 2027 del año pasado en Dubai, y noté que el equipo tiene potencial. Faltan detalles y trabajo continuo. Al ver que Josh era el head coach, tanto en el seleccionado como en Cobras, entendí que podía aportar tanto a nivel internacional como en el desarrollo local”.

Cuando menciona a Josh se refiere al neozelandés Josh Reeves, uno de los primeros que cruzaron el océano para sumarse a la primera aventura profesional del continente, cuando se sumó a Corinthians como jugador en 2020. Aquel año iniciático, cercenado por la pandemia, tenía a un puñado de jugadores de países como Sudáfrica, Tonga, Namibia y Portugal, con el fijiano Nemani Nadolo como máxima figura (uno de los máximos trymen en la historia del Top 14 francés, con 87 conquistas), en Olimpia, de Paraguay. Apenas jugó un partido. La misión de Specman va mucho más allá.

“Para mí implicó dar un paso atrás en términos de estructura, porque en Sudáfrica o Argentina los jugadores crecen con una base sólida desde chicos. En Brasil el rugby es minoritario”, continúa. “Mi enfoque fue resetear mis expectativas y construir una base junto a mis compañeros. Si establecemos buenos fundamentos, el crecimiento llega semana a semana. Ya se notan mejoras respecto al año pasado: más detalles técnicos y nuevas herramientas en el juego”.

A los 36, Specman recayó en Cobras de Brasil a los 36 años luego de jugar en la Vodacom Cup, el Super Rugby, la URC, el seleccionado de Seven y los Springboks

Jugó en el Super Rugby con Bulls, Stormers y Hurricanes, por la United Rugby Championship con Cheetahs y hasta integró el plantel de los Springboks que enfrentó a los British & Irish Lions en 2021 y llegó a disputar un Test Match en la preparación, ante Georgia. La fama mundial, no obstante, le llegó con la camiseta de los Blitzboks, el seleccionado de seven sudafricano.

–¿Cómo surgió la posibilidad de llegar al equipo brasileño?

–En 2025 me lesioné el hombro jugando en la RPL de India [Rugby Premier League] y estaba haciendo la rehabilitación en Stellenbosch cuando Josh [Reeves, el entrenador neozelandés] y otros miembros del staff vinieron a visitarme. Me propusieron conversar sobre la posibilidad de sumarme al proyecto en Brasil. Al principio lo tomé con cautela, pero mientras avanzaba la recuperación entendí que todavía quería jugar. Sentí que competir en una nueva liga, en países como Argentina, Brasil, Chile o Paraguay, podía ser un desafío interesante. Además, asumir un rol de jugador-entrenador me pareció una buena oportunidad para aportar experiencia y ayudar a los más jóvenes.

–¿Conocías el torneo?

–Hablé con Agustín Fraga [ex Pumas 7s, hoy en Pampas], con quien coincidí en el Seven. Me contó que iba a enfocarse en el rugby de quince en esta competencia. Empecé a seguir el torneo y vi que era exigente. Me pareció un buen punto de partida.

–En términos estructurales, ¿qué te parece el Super Rugby Americas?

–Es un gran torneo. Lo único que mejoraría sería incorporar TMO, porque hay jugadas muy ajustadas. Más allá de eso, los árbitros y jueces hacen un buen trabajo. El torneo va en la dirección correcta. Incluso, sería interesante sumar equipos de otros países, tal vez de Sudáfrica. Si Pampas pudo jugar la Vodacom Cup en Sudáfrica, también podría darse algo similar aquí para potenciar el crecimiento.

–¿Conocías Brasil?

–Estuve en 2016, en los Juegos Olímpicos de Río. Es diferente a San Pablo, que es muy intensa y llueve todos los días por la tarde.

Rosko en acción

–Son cinco sudafricanos en el plantel. ¿Tuviste que ver con eso?

–Sí. Me pidieron recomendaciones y sugerí algunos jugadores jóvenes con talento que necesitaban oportunidades. En países con mucha competencia interna, a veces hay jugadores con nivel que no encuentran espacio. Poder abrirles esa puerta fue importante para mí.

–¿Cómo fue la transición del 15 al Seven?

–Natural. Alterné Seven y quince durante años. Después de Río decidí enfocarme en el quince. El Seven te da visión, ética de trabajo y habilidades individuales que facilitan la adaptación.

Rosko Specman se convirtió en una estrella mundial jugando para el seleccionado sudafricano de Seven

–¿Cuánto ha crecido el Seven en Sudáfrica?

–Mucho desde que es deporte olímpico. Es una disciplina muy exigente, física y mentalmente. Puede ser una vía de desarrollo para quienes no encuentran espacio en el quince.

–¿El ápice de tu carrera fue como jugador de Seven?

–Sí. Ahí mucha gente empezó a reconocer mi nivel. Es talento contra talento. Si quieres superar a tu rival, necesitas posicionamiento, timing y velocidad. Pero también depende del trabajo de los forwards: cuando el equipo avanza, el Seven se vuelve ideal para explotar tus cualidades.

–Si tuvieras que elegir un recuerdo de tu carrera, ¿con cuál te quedarías?

–El primero es la medalla de bronce en Río 2016. El segundo, la de París 2024. Volver de unos Juegos con una medalla es algo muy especial.

–También jugaste en los Springboks…

–Sí, fue la cereza del postre. Tenía 33 años cuando me convocaron. Pensé que ya no tendría esa oportunidad. Trabajé cada día esperando que alguien lo notara. Representar a Sudáfrica fue un sueño cumplido. Puedo decir que tildé todos los casilleros: Sevens, tic; quince, tic; URC, tic; Super Rugby, tic; y también haber sido parte del equipo que enfrentó a los British & Irish Lions. Tic. No muchos jugadores pueden decir eso.

–¿Cómo fue la convocatoria?

–Charles Wessels, el manager de los Springboks, me llamó para invitarme a una concentración previa a la serie contra los Lions. Pensé que era una broma. Cuando confirmé que era real, fue un sueño hecho realidad. Disfruté cada momento y entendí lo que significa ser un Springbok: trabajo duro, precisión y compromiso total.

–¿Qué te gustaría devolverle al rugby en esta etapa de tu carrera?

–Quiero enseñar a los jugadores jóvenes que, en los buenos y en los malos momentos, hay que mantener la fe y la gratitud. El talento es un regalo que puede desaparecer en cualquier momento. Hay que dar gracias tanto cuando las cosas van bien como cuando se complican. Esa es la lección más importante que puedo transmitir.

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