Emmanuel Macron anunció este lunes una revisión de gran calado de la doctrina nuclear francesa. El presidente ordenó aumentar el número de ojivas atómicas del arsenal galo, autorizó por primera vez el despliegue temporal de aviones armados con misiles nucleares en países aliados y presentó un sistema de “disuasión avanzada” con ocho socios europeos. Lo hizo desde la base de submarinos nucleares de Île Longue, en Bretaña, con el submarino Le Téméraire a sus espaldas y rodeado de mandos militares, en una puesta en escena que subrayó la gravedad del mensaje.
El incremento del arsenal será el primero que acomete Francia al menos desde 1992. Macron no precisó cuántas ojivas se sumarán a las aproximadamente 290 que el país posee según las estimaciones del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), y añadió que París dejará de comunicar las cifras como elemento adicional de disuasión. La decisión rompe con décadas de relativa transparencia que convirtieron a Francia en la potencia nuclear más abierta sobre el tamaño de su arsenal.
Los ocho países que aceptaron participar en el esquema son Alemania, Reino Unido, Polonia, Países Bajos, Bélgica, Grecia, Suecia y Dinamarca. Bajo el nuevo marco, estos Estados podrán alojar temporalmente las fuerzas aéreas estratégicas francesas —cazas Rafale equipados con misiles de crucero ASMPA con cabeza nuclear— para dispersarlas por el continente. Macron argumentó que esa dispersión “complicará los cálculos de nuestros adversarios” y otorgará a Francia “una nueva profundidad estratégica”.
El tono del discurso no dejó margen a la ambigüedad. “En este mundo peligroso e inestable, para ser libre hay que ser temido”, afirmó Macron, que detectó “un riesgo de que los conflictos superen la barrera de lo nuclear”. Recordó que cada uno de los submarinos franceses porta una potencia equivalente a todas las bombas que cayeron sobre Europa durante la Segunda Guerra Mundial y advirtió de que, si Francia empleara su arsenal, ningún Estado “se salvaría”.
El anuncio llega en un momento de máxima tensión geopolítica. La guerra rusa en Ucrania entra en su quinto año, los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán han escalado el conflicto en Medio Oriente y la relación transatlántica atraviesa su peor momento en décadas bajo la presidencia de Donald Trump. Las garantías de Washington sobre la vigencia del paraguas nuclear de la OTAN no han logrado disipar los temores europeos. Macron insistió en que el nuevo esquema no sustituye a la Alianza Atlántica, sino que la complementa como una capa adicional de seguridad soberanamente europea.
París y Berlín emitieron un comunicado conjunto en el que anunciaron la creación de un “grupo de dirección nuclear” francoalemán con pasos concretos previstos para este año, incluida la participación convencional alemana en ejercicios nucleares franceses. La iniciativa prolonga la Declaración de Northwood, firmada en julio de 2025 por Macron y el primer ministro británico Keir Starmer, que estableció por primera vez el principio de que las fuerzas atómicas de ambos países, aunque independientes, pueden coordinarse.
Macron subrayó que la decisión última sobre el uso de armas nucleares permanecerá exclusivamente en manos del presidente francés, sin planificación conjunta de operaciones ni botón compartido. También anunció la construcción de un nuevo submarino nuclear de misiles balísticos, bautizado L’Invincible, que entrará en servicio en 2036.
El contexto electoral francés ensombrece el alcance del plan. Las presidenciales de 2027 se perfilan con la ultraderecha de Marine Le Pen en posición favorable. Philippe Olivier, asesor de la líder del Reagrupamiento Nacional, amenazó con un proceso de destitución “por traición” si Macron pretende ceder soberanía nuclear. Rafael Loss, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, advirtió de que una victoria de la extrema derecha podría revertir la mayoría de estos compromisos, un riesgo que afecta directamente a la credibilidad de la disuasión ante aliados y adversarios. Francia apuesta por construir un paraguas atómico europeo; queda por ver si las urnas le dan tiempo suficiente para desplegarlo.

