Cada 4 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Obesidad, una fecha que busca algo más que generar conversación: pretende visibilizar el impacto real de esta enfermedad crónica y acelerar acciones para su prevención y tratamiento.
La obesidad se define como una acumulación anormal o excesiva de grasa corporal que puede resultar perjudicial para la salud.
En adultos, suele clasificarse mediante el índice de masa corporal (IMC), una relación sencilla entre peso y estatura que permite identificar sobrepeso y obesidad.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, desde 1975 la obesidad se ha triplicado en el mundo. Hoy afecta a más de 800 millones de personas.
En 2022, 37 millones de niños menores de cinco años vivían con sobrepeso u obesidad. Ese mismo año, 390 millones de escolares y adolescentes también presentaban esta condición.
Entre la población adulta, el 16% vive con obesidad a nivel global. La tasa prácticamente se duplicó entre 1990 y 2022.
El panorama en América Latina y el Caribe es complejo. Según el más reciente informe regional elaborado por agencias de la ONU, la subalimentación ha disminuido por cuarto año consecutivo: 6.2 millones de personas dejaron de padecer hambre desde 2020.
Sin embargo, el otro lado de la moneda preocupa. El 29.9% de los adultos en la región vive con obesidad, casi el doble del promedio mundial (15.8%).
Además, una dieta saludable en América Latina es la más cara del mundo, con un costo promedio diario de 5.16 dólares. Aunque 15.4 millones de personas adicionales pudieron acceder a este tipo de alimentación respecto a 2021, todavía 181.9 millones no pueden costearla.
En niños menores de cinco años, el sobrepeso alcanza el 8.8%, cifra muy por encima de la meta global fijada para 2030.
En México, la situación no es distinta. Entre 2020 y 2023, la prevalencia de sobrepeso u obesidad en menores de cinco años fue de 7.7%.
En escolares de 6 a 11 años, el 37.3% presenta sobrepeso u obesidad, mientras que en adolescentes de 11 a 19 años la cifra asciende a 41.1%.
En adultos, México se encuentra entre los países con mayores índices. En mujeres, la obesidad pasó de 24.9% a 35.2% entre 1999 y 2012. En hombres, aumentó de 18.5% a 26.8% entre 2000 y 2012.
La obesidad incrementa el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares e hipertensión. También se asocia con ciertos tipos de cáncer, afecta la salud ósea y reproductiva, e impacta la calidad de vida en aspectos como el sueño y la movilidad.
Por ello, especialistas insisten en que no se trata únicamente de un tema estético, sino de una condición médica que requiere prevención, diagnóstico y tratamiento oportuno.
Aunque el problema es estructural y requiere políticas públicas sólidas, las decisiones cotidianas también cuentan.
En México existen las “Guías alimentarias saludables y sostenibles para la población mexicana”, elaboradas por especialistas del Instituto Nacional de Salud Pública y otras instituciones.
Entre sus recomendaciones destacan:
El Día Mundial de la Obesidad es, en esencia, un recordatorio de que cada decisión suma. Informarse, elegir mejor, generar entornos saludables en casa, escuela y trabajo, y respaldar políticas públicas que faciliten el acceso a alimentos nutritivos son pasos fundamentales.

