En el estadio Mario Alberto Kempes, Talleres y San Lorenzo ofrecieron búsquedas muy diferentes que terminaron apareciendo por momentos pero no rompieron el 0-0 por la octava fecha del torneo Apertura. El local se fue chiflado por sus hinchas, aunque hizo mayores méritos en el desarrollo; el visitante está acostumbrándose a celebrar sumar apenas un punto, y sigue sin encontrar su forma: su gente, al igual que la cordobesa, no está conforme.
Raro el equipo de Damián Ayude. Tiene goles, y sus siete en el campeonato fueron hechos por los delanteros, Alexis Cuello (tres), Luciano Vietto (dos), Diego Herazo (uno) y Gregorio Rodríguez (uno). Tiene una última línea que funciona con un candado menos seguro que en los últimos tiempos, pero que sostiene estadísticas que no preocupan demasiado.
Ahora bien, el dilema de San Lorenzo es el mismo que plantea el propio entrenador en sus modificaciones, correcciones, intentos y retoques: el mediocampo. Necesitado de refuerzos el DT, la llegada de Gonzalo Abrego para la tercera fecha le hizo modificar los planes por sus ganas de utilizarlo junto a los indiscutidos titulares: Ignacio Perruzzi y Nicolás Tripichio. Pero la idea fue perdiendo sustento.
“Nacho” perdió el puesto por bajos rendimientos y, entonces, el director técnico quedó preso de buscar el estilo más adecuado para esa vacante del 5, toda una responsabilidad. En Córdoba y varias jornadas después de la incorporación de Abrego, Ayude mostró seguir en la disyuntiva entre pocas opciones. El refuerzo no siente la comodidad con la que se destacó en Godoy Cruz y, por tanto, no es por ahora el complemento de Tripichio, que por su pasado como defensor lateral se ganó el trabajo de ser el recuperador.
Ni siquiera el triunfo sobre Estudiantes, de Río Cuarto (2-0), consolidó a la dupla: Ayude probó este sábado con el mendocino como contención, pero la intensidad del conjunto dirigido por Carlos Tevez lo expuso. Y lo expuso sin hacer nada del otro mundo en un desarrollo en el que fueron y vinieron pero en el que hubo escaso peligro. Las mejores intenciones fueron de Talleres, que se encontró con espacios detrás de los volantes azulgranas; éstos casi siempre retrocedieron mirando a su arco, señal clara de desorden y desorientación.
La conclusión es nítida: así será difícil que el Ciclón logre claridad, juegue mejor y encuentre una manera cómoda de moverse. La identidad luchadora que construyó certámenes atrás se hace ver cada vez menos. Porque si bien corre tanto como antes, pero con una desconfianza que no existía. El incansable esfuerzo de Cuello, que se fajá con todos y trastabilla antes de una definición por tanto desgaste, explica las cosas.
Un día San Lorenzo puede sufrir tres goles, como los que le hizo en el debut Lanús (el único equipo que logró hacerle más de uno); en otro agradecerá porque no se convirtió en realidad ninguno de los cinco que bien pudo hacerle Unión, y en otra fecha ganará pero no dejará conforme a los hinchas, como ante el León del Imperio. Bien pudo ocurrir eso este sábadoen el debut .
En el primer tiempo fue la T quien tuvo la ocasión más clara, la qu a los 13 minutos exigió una espectacular salvada de cabeza y sobre la línea de Gastón Hernández, después de un yerro de Jhohan Romaña -salió lejos y dejó petrificada a la última línea a la altura de la mitad de la cancha- y de una definición de Valentín Dávila tras eludir al arquero Orlando Gill. Al local, por cierto, le sobraron tiros de esquina que no aprovechó. Pese a eso, Ayude decidió salir al segundo período con los mismos once futbolistas.
Y cuando llegó el momento de hacer cambios, prefirió quitar a los dos volantes por afuera (Agustín Ladstatter y Mauricio Cardillo) antes que encontrarle la vuelta al centro. También es justo remarcar que la intensidad fue cambiando formas: mientras que la visita se mantuvo ajena a adueñarse de la pelota y siguió pendiente de errores en la defensa cordobesa, Talleres buscó mucho más por afuera, específicamente por la derecha, exprimiendo el desparpajo del ingresado Emiliano Chiavassa, de 20 años. Entonces, Abrego-Tripichio tuvieron mayores respiros.
El conjunto de Boedo tuvo la suya, muy clara. Esos trenes que aparecen de repente, cuando menos lo esperan, pero omiten subirse para un viaje más relajante tras un partido complejo. Ocurrió recién a los 33 minutos del complemento. Y a Ayude le dolerá más porque eso que buscó, apareció: Augusto Schott dejó un despeje de cabeza corto y la doble oportunidad dentro del área, primero de Facundo Gulli y luego de Matías Reali (ambos ingresados), fue contenida por las atajadas de Guido Herrera, la figura del encuentro apenas por ese accionar clave.
Talleres hizo más (no demasiado): a los 12, cuando Matías Galarza todavía llegaba hasta la puerta del área con facilidad por el desconcierto del medio campo azulgrana, el volante puso un centro exacto para que el chico Giovanni Baroni definiera en el área chica, pero el toque de primera se le fue por encima.
San Lorenzo podría dar una mejor imagen y así obtener más puntos, más allá de que suma seguido y de a poco. Pero resulta toda una paradoja: cuando padecía la época sin refuerzos, los dientes apretados, el orden y el orgullo del contexto en contra le ponían una coraza difícil de romper; hoy, mínimamente más nutrido (con una CD provisoria), sobrevive y poco más. Aprieta puños por no perder. Debe evitar acotumbrarse a esa manera de jugar y vivir.


