Monterrey.- Históricamente, el éxito de un científico se ha medido por el grosor de su expediente de publicaciones y el prestigio de las revistas indexadas donde aparece su nombre. Sin embargo, para Javier Guzmán, vicepresidente de Investigación del Grupo Educativo Tecnológico de Monterrey, "publicar por publicar" ha dejado de ser suficiente.
En entrevista para El Economista, y en el marco de la 56ª edición del Tec Science Summit, Guzmán delineó la hoja de ruta de la institución: una transición hacia la investigación orientada al impacto, donde el valor no se queda en el papel, sino que se transforma en soluciones tangibles para la sociedad.
El foro, celebrado en el campus central los días 24 y 25 de febrero con el lema “Accelerating Research to Benefit Society” (Acelerar la investigación en beneficio de la sociedad), reunió investigadores, líderes empresariales y representantes del sector público para acelerar investigación interdisciplinaria orientada a resolver retos en salud, cambio climático y desarrollo industrial.
En un contexto global marcado por el debate sobre acceso a vacunas, resiliencia sanitaria, transición climática y transformación industrial, el encuentro se enfocó en fortalecer un ecosistema que conecte generación de conocimiento, infraestructura científica y colaboración multisectorial.
Uno de los puntos más disruptivos de la visión que construye el Tecnológico de Monterrey es la eliminación de la frontera entre la ciencia básica y la aplicada. "No lo veo como una línea con extremos opuestos, sino como un círculo", afirma Guzmán. "Queremos empezar con un problema real, pensando en la solución, y en ese proceso descubrir conocimiento fundamental".
El líder de la transición hacia la investigación de impacto en el Tec dijo que el éxito ya no se mide solo por aparecer en revistas indexadas. "No queremos publicar por publicar". Agrega que el éxito hoy se define mediante tres indicadores clave: primero, la relevancia internacional, con publicaciones en el primer quintil (Q1) de las mejores revistas del mundo y un alto índice de citas por parte de colegas globales. Después, la transferencia tecnológica, es decir, la capacidad de convertir un hallazgo en una patente, una innovación o una nueva empresa (startup). Finalmente, el valor social y la resolución de retos críticos en salud, educación, sostenibilidad, entre otros.
Este enfoque ha permitido que la institución posicione 10 disciplinas en el Top 100 mundial, de acuerdo con el QS World University Rankings by Subject 2025, demostrando que la relevancia social y el prestigio académico pueden ir de la mano.
Tras décadas de experiencia en el sector energético y la colaboración con universidades de élite, Javier Guzmán identifica vicios comunes en la academia mundial: la burocracia excesiva y la desconexión con las necesidades del mercado. Su propuesta es integrar tres virtudes del mundo empresarial al ecosistema educativo, con la entrega de valor, adoptando la mentalidad de resultados de las empresas públicas; así los recursos deben usarse con máxima eficiencia para generar un beneficio visible.
Por otro lado, el sentido de urgencia, y con ello acelerar los tiempos de maduración de los proyectos. "Hay cosas que deben hacerse bien y rápido", señala. El último punto está en los procesos ágiles para combatir la burocracia que asfixia la innovación. "En el mundo corporativo, el exceso de procesos lleva a la bancarrota; en la academia, detiene el progreso".
Agrega que en el sector privado, los procesos existen para dar valor. "Queremos traer esa agilidad a la universidad: hacer las cosas bien, pero también rápido, porque la sociedad no puede esperar".
Guzmán destacó que esta visión ya rinde frutos en sectores vulnerables. Mencionó por ejemplo, el Centro para la Primera Infancia, que genera políticas públicas basadas en evidencia científica para mejorar la vida de niños mexicanos, y el mapeo genómico de 100 mil mexicanos para combatir la obesidad y la diabetes de manera personalizada.
"Los latinos tenemos genes únicos; entender por qué nos afecta el entorno de forma distinta a un anglosajón es una pregunta fundamental que transforma la salud pública", explicó.
Con la mira puesta en el 2030, el Tec de Monterrey apuesta por aprovechar el nearshoring no sólo como una oportunidad de manufactura básica, sino como un trampolín hacia la Manufactura 5.0 (robótica e IA).
Hoy, el 55% de las publicaciones del Tec de Monterrey cuenta con coautoría internacional. Esta red global es la que permite a México aspirar a una "Manufactura 5.0", pasando de ser un ensamblador a un exportador de propiedad intelectual en áreas como inteligencia artificial y robótica avanzada.
La meta es clara, dijo: que la investigación mexicana sea el motor que transforme una simple materia prima en un producto de alta tecnología. Como ejemplo sencillo, Guzmán concluyó: "Puedes vender una banana o puedes desarrollar una proteína sofisticada basada en ella y llevarla al espacio. Eso es transformación, y eso es lo que queremos hacer en México".
El Tecnológico de Monterrey no sólo produce conocimiento; lo financia y lo dirige estratégicamente. Actualmente, la institución canaliza cerca de 100 millones de dólares anuales a investigación, enfocándose en llevar el talento científico más allá de la academia para impulsar la competitividad nacional.
Los resultados de esta inversión son medibles. Entre 2020 y 2025, México acumuló 1.94 millones de citas científicas; de este total, las publicaciones vinculadas a la institución generaron 182,740 citas, lo que representa el 9.4% del impacto científico de todo el país.
Además, su ecosistema de investigación se compone por tres institutos de investigación interdisciplinaria: Obesidad, Futuro de la Educación y materiales avanzados para la manufactura sostenible.
Cuenta también con seis escuelas nacionales que albergan a 27 grupos de investigación especializados y su capital humano integra a 705 investigadores pertenecientes al Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII). Este aparato científico produjo, entre 2020 y 2025, más de 11 mil 500 publicaciones en Scopus y más de 50 registros de propiedad intelectual, entre patentes y modelos de utilidad.

