La confirmación de la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), desató un sismo violento en los estados de Jalisco y Nayarit. El caos de la represalia de los grupos narcos luego se trasladó a otros distritos del país, que en junio será anfitrión del Mundial de Fútbol junto con Estados Unidos y Canadá.
Lo que comenzó como un operativo de las Fuerzas Armadas para descabezar a la organización criminal más poderosa del mundo, derivó en una respuesta terrorista inmediata: bloqueos con vehículos incendiados, ataques a comercios y una población civil sumergida en el miedo.
Cuatro argentinos residentes en la zona relatan a LA NACION cómo vivieron las horas de terror, bloqueos y disparos.
Para Javier Maldonado, un cordobés de 42 años que vive en Guadalajara desde hace seis años, lo que debía ser un festejo de cumpleaños terminó en una huida de terror a campo traviesa. Junto a su novia Mariela, emprendieron un viaje hacia una zona turística que resultó ser el epicentro del conflicto.
A mitad de camino, se encontraron con el peor escenario: “Estaban prendiendo fuego los supermercados y las estaciones de servicio; estaban como locos”, relata.
Desviaron su trayecto y se resguardaron por horas en un restaurante sobre la ruta en la zona montañosa cercana a Acatlán de Juárez, donde la violencia pronto los alcanzó: “De golpe vemos humo negro a unos 500 metros, y al rato disparos, muchos disparos. La gente entró en pánico. Saltamos un alambre y empezamos a correr... habremos corrido unos 1000 metros escuchando disparos”.
“Cuando ya no se escuchaban disparos y no se veía el fuego, decidimos volver”, agrega. Maldonado describe el regreso a Guadalajara como algo irreal: “Todos los accesos estaban bloqueados. Fue de película: volvimos esquivando coches quemados, todo desolado, cosas incineradas; estábamos en un videojuego apocalíptico”.
Cuenta que fue “una odisea llegar a casa”. En la ciudad “casi no había gente en las calles, no funcionaba el tren ligero (subte) ni el bus. Esto fue en todos lados, en los pueblos, en las ciudades”. “Sentimos miedo todo el día”, agrega.
Este sentimiento de irrealidad es el hilo conductor entre los testimonios. Ya sea en la ruta turística hacia la montaña, en el centro de Zapopan o en las playas de Puerto Vallarta y Nayarit, el domingo se convirtió en una realidad que supera cualquier ficción cinematográfica.
La sensación en Guadalajara es que todo se va a ir normalizando de a poco, comenta Maldonado. “Yo creo que se arregló algo con esta gente para que por un tiempo no pase nada y los ciudadanos puedan estar tranquilos, pero hay que estar atentos”, advierte.
Flavia Daiana Valdez, una joven tucumana residente en Zapopan, estado de Jalisco, describe una parálisis total tras la declaración del “código rojo”.
“Lo que se vivió el domingo es algo que nunca había vivido en 13 años que llevo en este país; nunca había sentido tanto miedo”, dice. Ante la falta de comunicados oficiales iniciales, la desesperación se apoderó de los vecinos. “Se veían por las calles los autos avanzando de contramano, la gente corriendo a resguardarse”.
Valdez, dueña de un local de gastronomía, relata que el lunes la situación derivó en locales cerrados por temor a más incendios y “compras de pánico” en las tiendas que se animaron a abrir.
La falta de una voz oficial clara durante las primeras horas fue otra constante que agravó la angustia. Más allá del lugar donde los encontraron los hechos de violencia, los argentinos coinciden en que el silencio del Estado fue llenado por el caos de las redes sociales y el boca a boca.
En San Pancho, un pueblo paradisíaco y “capital cultural” de la Riviera Nayarit, Santiago Astrobbi Echavarri, un platense de 37 años que vive en México hace 5 años, explica que este vacío alimentó el miedo: “Aquí hubo mucho miedo y precaución. Mucha gente no salió en todo el día de su alojamiento porque corrían rumores de que si no liberaban a tal o cual, se iban a ir contra la gente”.
Astrobbi Echavarri critica la gestión de la crisis por parte de las autoridades locales: “No hubo información oficial del estado de Jalisco en todo el pinche día, es realmente un bochorno. Hubo un toque de queda, pero fue autoimpuesto”. Además, “dijeron que en Vallarta se estaban metiendo en casas con equipo técnico del Ejército; eso también asustó mucho a la gente”.
Mirando al futuro cercano, el impacto económico será, en su opinión, devastador para la región: “Muchos dicen que con esto ya se terminó la temporada de invierno playera. Están cancelando todas las reservaciones; esto va a quedar un pueblo fantasma porque la gente no querrá venir”.
El fin de semana, la Plaza del Sol fue sede del Festival de Música San Pancho 2026. La clausura estaba prevista para el domingo y debió ser suspendida por la ola de violencia. “El pueblo estaba lleno de gente, todos los alojamientos reventados, pero sin embargo la calle estaba totalmente vacía y no se escuchaba un alma”; lamenta.
Astrobbi Echavarri afirma que es la primera vez que vive algo de esta magnitud en ese país y muestra preocupación por la inacción del Estado ante la escalada de violencia: “Es muy sabido aquí en México que el Ejército está coludido con el CJNG y básicamente desaparecieron; no se vio un pinche policía... rateros se fueron corriendo; lo mismo el Ejército, cuando se puso la cosa fea, desaparecieron”, comenta.
En Puerto Vallarta, otro compatriota que reside en México hace 20 años y pidió resguardar su identidad por seguridad, maneja un restaurante en el malecón de la bahía que hoy sufre el impacto directo de la violencia.
“El domingo cuando llego a las 8.30, empiezo a escuchar explosiones por todos lados, era apocalíptico. Iban en moto con fierros, lo encañonaban al conductor, lo bajaban y prendían fuego el vehículo… así fueron como 30 focos en toda la ciudad", dice. “Hubo balaceras cerca del aeropuerto, focos de confrontación armada selectiva; esto era Bagdad. Ahora estamos en el silencio de la espera”, agrega.
“Lo que veías acá era una cosa increíble: explosiones, humo por todos lados… el supermercado Costco donde hago las compras para el restaurante estaba prendido fuego”; así describe la ciudad que hasta el domingo era la tercera ciudad más segura de todo México.
Explica que el CJNG mantiene el orden por la fuerza. “Acá el nivel de delitos corrientes es muy bajo; por eso para el gringo y el canadiense es un destino seguro. Además tienen la libertad que no tienen en sus países en cuanto a las drogas. Entonces, vienen acá y se detonan con el mejor nivel de droga”, agrega.
El temor ahora es el vacío de poder, explica: “Quedó acéfala una organización criminal despiadada y sanguinaria, con cuatro o cinco cabezas que que les va la vida por esos puestos de poder. Si llega a haber una guerra interna, no sé dónde va a quedar Puerto Vallarta”. “Estos tipos, quietos no se quedan; tienen una organización muy poderosa; son más fuertes que el Chapo Guzmán. Ese es mi temor”, agrega.
Mientras México procesa el impacto de haber descabezado al CJNG, los cuatro argentinos que eligieron esas tierras para vivir, coinciden en una lectura de cautela: la eliminación de la cúpula no desarticula la base operativa del cartel; la estructura criminal permanece intacta y al acecho.
“Sigue siendo una incertidumbre lo que va a pasar. Espero que podamos vivir sin miedo”, resume Valdez.

