Agatha Christie no escribía “quién lo hizo”: empezaba por cómo se resolvía y construía la trampa perfecta para el lector. Enfermera en la Primera Guerra Mundial, aprendió de venenos y dosis; viajera incansable, convirtió trenes, barcos y hoteles en escenarios cerrados donde nadie es inocente del todo. De sus métodos nacieron enigmas clásicos y detectives inolvidables como Hércules Poirot y Miss Marple. Intriga, psicología y pistas justas: así se juega el duelo intelectual con la “Reina del Misterio”.


