Escocia empezó la aventura del Seis Naciones mirando el piso del estadio Olímpico de Roma. Bajo la lluvia y con la vista clavada en el césped, el Cardo buscaba explicaciones a la caída contra la Azzurra, dirigida por el argentino Gonzalo Quesada. Una semana más tarde, se recuperó, venciendo a su archienemigo deportivo, Inglaterra, y levantó los ojos. Y este sábado en Cardiff se impuso, y con bonus ofensivo, al vulnerable Gales por 26-23, luego de ir a remolque durante todo el encuentro.
Ahora el panorama es otro. Escocia otea el horizonte y despunta claridad. Se difuminó la tormenta italiana y se corrieron las nubes de casi toda la noche en el Principality Stadium. Gracias a la arremetida final, percibe una tenue luz, pero luz al fin. Suficiente para encender el sueño de sus aficionados: ganar el torneo que los mantiene alejados del podio después de 1999, año del último éxito de los trece que acumula el Cardo a lo largo de la historia. Tiempo aquel de Cinco Naciones.
La enunciación del anhelo es más sencilla que hacerlo realidad. Porque en medio está Francia, su próximo adversario, que goleó a Irlanda y a Gales y este domingo recibirá a Italia en Lille. Les Bleus, superados ahora en la tabla por los escoceses, que tienen 11 puntos y un partido más, necesitan imponerse para recuperar la ventaja y establecer 3 o 4 unidades sobre los norteños, dependiendo del bonus. Y de ser así, ambos seleccionados disputarían entre sí el título de campeón el sábado 7 de marzo en Edimburgo. Con un haz de esperanza para Irlanda (9), que sorprendió a Inglaterra (6) en Twickenham también este sábado.
Esa posibilidad de levantar la copa, algo remota, en este Seis Naciones de sorpresas fue el motivo principal del sonoro festejo de los escoceses ante Gales cuando Finn Russell consumió los últimos segundos desviando un penal a los postes por la línea de pelota muerta. Seis minutos antes, el hooker George Turner, que había ingresado por Dave Cherry en el segundo período, había lanzado con precisión un line-out a cinco yardas del in-goal galés. Bajaron el balón, se formó el maul y, al cabo de un fuerte empujón, Turner apoyó detrás de la raya y Escocia pasó por primera vez al frente en el marcador. Y de manera definitiva.
La ilusión de volver a pelear por el primer puesto revivió en el sprint arrollador del visitante, en el que se destacó el ala Rory Darge y desniveló la excelsa pegada del apertura Russell, sobre todo buscando el touch para posicionar el juego en el campo del adversario. Escocia cambió a tiempo. Y la noche que pintaba como para terminar con el cuerpo en el suelo, abatido por un Dragón de actitud diferente al resto de sus presentaciones en el torneo, positiva, con mayor compromiso y enjundia, acabó en fiesta. Lo que parecía un tropiezo se convirtió en envión para encarar con optimismo el duelo de dentro de dos sábados como local contra el mejor y más regular equipo de Europa: la Francia de Antoine Dupont.
Con base en entrega y solucionando algunos problemas de definición y sobre todo de manejo, Escocia cambió y ganó. Se llevó 5 puntos y la Copa Doddie Weir, disputada desde 2018 entre el Cardo y Gales. Un trofeo que lleva el nombre del ex seleccionador escocés que falleció en 2022, a los 52 años, a causa de una enfermedad de la neurona motora. Actualmente funciona la entidad, creada por Weir, My Name’s Doddie (Mi Nombre Es Doddie), y su objetivo esencial es apoyar la investigación de esa enfermedad.
Ya es un recuerdo ingrato la imagen desvaída del partido en Roma. Descolorida como el lila de la camiseta utilizada aquella tarde de inicios de febrero. Hoy, a punto de llegar a marzo, resplandece el azul marino tradicional. Es cierto que Escocia no la tiene sencilla. Los errores cometidos frente a Italia (line out) y Gales (manejo e indisciplina) son condicionantes ante Francia. Pero tiene 14 días para prepararse y hacer que Murrayfield será una caldera. Allí seguramente estará en juego el cetro de 2026, más allá de la suerte que corra Francia este domingo contra los soldados de Quesada.


