En 1988, José Luis Cabouli tomó una decisión que cambiaría su carrera para siempre: abandonó la cirugía plástica para dedicarse exclusivamente a lo que él define como el “trabajo del alma”. Tras casi cuatro décadas de práctica y ocho libros publicados, Cabouli se ha consolidado como el referente máximo de la terapia de vidas pasadas (TVP) en el mundo hispanohablante. Lejos de las visiones místicas o recreativas, el médico presenta esta disciplina como una técnica psicoterapéutica transpersonal y, sobre todo, como un proceso evolutivo donde cada persona avanza a su propio ritmo.
“Es el alma lo que hay que sanar”, explica Cabouli con la convicción de quien ha visto a cientos de pacientes conectar con memorias profundas. Para el especialista, no existen fórmulas rígidas ni un número de sesiones estipuladas. El proceso es tan personal que ha tenido consultantes que regresan por una segunda sesión 10 o 20 años después de la primera. A diferencia de las terapias convencionales, aquí no se busca cumplir con un cronograma, sino atender una necesidad de evolución.
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Aunque hoy el término es moneda corriente en el ámbito del bienestar, la TVP tiene raíces documentadas que se remontan a más de un siglo. Los primeros registros datan de 1904, de la mano del coronel francés Albert de Rochas, quien investigando estados de hipnosis se topó con lo que llamó “regresión de memoria”. Sin embargo, el nombre definitivo de la terapia no llegaría hasta 1978, cuando Morris Netherton publicó su primer libro bajo el título Past Life Therapy.
En la Argentina, el camino fue abierto por figuras como Fabio Zerpa y la licenciada Amalia Estévez, quien introdujo formalmente la disciplina en 1975. Cabouli llegó a este mundo casi por accidente en 1986, tras un seminario de la doctora María Julia Prieto Peres. Durante un tiempo, convivió entre dos mundos: por la mañana operaba en el quirófano y por la tarde exploraba la psique. Para 1988, la balanza se inclinó definitivamente. “En la primera práctica como terapeuta me sorprendió lo fácil que me resultó. Fue como si lo hubiera hecho siempre”, confiesa.
Cabouli advierte que la TVP no requiere hipnosis. La persona mantiene la conciencia del “aquí y ahora” en todo momento, evitando la sugestión del terapeuta. La técnica busca hacer consciente lo inconsciente y, contrario al prejuicio popular, la terapia no se basa en la reencarnación: las imágenes de vidas pasadas surgen de forma espontánea cuando se trabaja el síntoma en profundidad. “Si el terapeuta sabe cómo trabajar el síntoma, en algún momento se encontrará con una experiencia que no pertenece al marco de la vida presente”, señala.
La sesión dura unas dos horas y se inicia con el síntoma actual. “El síntoma es como el grito del alma que está llamando nuestra atención, como si dijera: ‘aquí hay algo que tenemos que sanar’”, asegura el médico. Ya sea una fobia, una angustia inexplicable o un insomnio crónico, ese malestar es el hilo conductor. Según el especialista, el síntoma es, en realidad, un patrón de supervivencia que quedó “congelado” en el tiempo. Cabouli lo ilustra con crudeza: “Si una persona fue quemada en la hoguera en otro siglo por expresar sus creencias, es probable que hoy sufra de una inhibición paralizante al hablar o prefiera el anonimato extremo”. Y añade: “No se trata de contar una historia. Yo puedo inventar que me morí en la horca y eso no resuelve nada. Lo que sana es revivir la muerte en la horca como si estuviera sucediendo ahora”.
Así, al experimentar visceralmente el trauma y el momento de la agonía, el paciente logra agotar la carga emocional. Solo al “morir en sesión” se deja de morir en la vida cotidiana. Este abordaje incluye también la vida intrauterina: si el síntoma nace en el vientre materno, el paciente debe experimentar el nacimiento para desactivar el trauma de origen.
El proceso terapéutico puede ser un choque frontal con el ego. El paciente no siempre se encuentra en el rol de la víctima inocente; a veces, la regresión lo sitúa del lado del opresor. “Verse y sentirse como victimario en una vida pasada es una de las experiencias más difíciles, pero al mismo tiempo más transformadoras”, asegura Cabouli. Según el médico, este descubrimiento es la llave para terminar con la culpa existencial y comprender que “el dolor del otro es mi propio dolor”.
Esta toma de conciencia elimina la tendencia de culpar al destino por las desgracias presentes. Cabouli es tajante al respecto: “Una de las cosas más difíciles es dejar de ser víctima, porque hacerlo implica aceptar la responsabilidad y las consecuencias de nuestros actos”.
Los beneficios de la TVP van más allá de eliminar un dolor de cabeza o un miedo al compromiso. El objetivo es la comprensión de la propia existencia. “Las cosas no nos suceden, sino que suceden para nosotros”, afirma el especialista. Para quienes están dispuestos a cruzar ese puente, la terapia promete el alivio del síntoma y el descubrimiento de un propósito para la vida actual.
¿Qué se puede tratar con TVP? Fobias, ataques de pánico, angustia, culpa, ira y ansiedad. También sobrepeso, insomnio, cefaleas crónicas y problemas psicosomáticos, miedo al compromiso, relaciones conflictivas y traumas de abuso.
