Cada 15 de febrero es una fecha muy especial para el Hospital Universitario Austral, específicamente para el Servicio de Hematología y Oncología Pediátrica, porque se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer Infantil. Por eso, y como un adelanto, el viernes la institución organizó actividades para concientizar sobre el tema.
En una carpa blanca ubicada a pocos metros de la entrada principal del hospital, situado en Pilar, se montó el escenario, con un colorido espacio de maquillaje al costado, mesas con bebidas y comida, y souvenirs. Un poco después de las 16 empezó el encuentro. Las médicas del Servicio de Hematología y Oncología Pediátrica se transformaron en animadoras y compartieron canciones y juegos junto a los chicos.
“Es la primera fiesta que vivimos acá. Cuando llegué me puse a llorar, de ver cuántos bebés están luchando por su vida. Muchos guerreros”, expresó Yuli Cedeño, que vino con su hija Dulce, de dos años y medio, y que está en tratamiento por retinoblastoma, un tumor en la retina que afecta ambos ojos. Vinieron desde Ecuador en noviembre del año pasado. Desde entonces viven en Pilar y son acompañadas por personal del hospital.
Con las primeras canciones quedó claro que muchos niños se las sabían de memoria. Uno de los temas que más entusiasmo generó fue “Mejor que ayer”, de Diego Torres. De hecho, algunos chicos incluso se animaron a tomar el micrófono.
Ángeles Bianchi es la madre de Rufino y asistió por segunda vez al evento. Su hijo tiene blastoma pleuropulmonar, una enfermedad oncológica que afecta el tejido pulmonar o la pleura en lactantes y niños pequeños. “Es un día superespecial, porque cuando uno atraviesa esta situación, estos momentos son muy importantes. Nos reúne a todos. El año pasado cuando vinimos él estaba dado de alta; este año le toca estar en tratamiento”, sostuvo.
En la mitad del encuentro, llegó uno de los momentos más esperados: el desfile. Macarena Iudica, médica del servicio y animadora improvisada, presentó uno por uno a los chicos que participaron.
Hubo princesas, superhéroes y piruetas inesperadas. “¡Qué diosa, por favor!”, exclamaba la médica, mientras una niña giraba sobre sí misma. “¡Otra, otra!”, pedía junto al público. Había niños de todas las edades, desde bebés hasta adolescentes.
“Es la primera vez que compartimos este evento con Lucy. Vinimos a este hospital en junio del año pasado, así que para nosotros todo es nuevo. Verla feliz y entusiasmada nos llena el alma”, contaron Alexander y Cintia Ávila, padres de Luciana, que tiene neuroblastoma, una enfermedad oncológica que se origina en células inmaduras del sistema nervioso y afecta principalmente a niños menores de cinco años. Ellos llegaron de Santiago del Estero.
El cierre de la fiesta llegó con los personajes de La granja de Zenón. El protagonista, Bartolito el gallo y el lobo Beto hicieron cantar y bailar a todos.
“Hoy para nosotros es el día más feliz del año. Aunque no nos guste la palabra cáncer infantil, lo festejamos igual, porque celebramos la alegría y la garra con la que estos chicos viven la enfermedad. Es una fiesta que planeamos con mucho amor”, sostuvo Iudica.
Y agregó: “Verlos tan contentos, llenos de regalos, bailando, cuando pasaron tanto tiempo internados, es emocionante. Verlos acá, animándose, siendo niños, para nosotros es todo”.
La jefa del servicio, Mariana Alejandra Varela, explicó la filosofía del equipo: “Nosotros llamamos a estas enfermedades por su nombre: leucemia, osteosarcoma, hepatoblastoma. No usamos la palabra cáncer porque tiene una connotación muy negativa. Preferimos transformar algo tan duro en una experiencia que se pueda transitar lo mejor posible, con corazón desde el día uno”.
Para ella, este encuentro “es el evento más importante de nuestro servicio. Acá mostramos nuestro ADN: que estas enfermedades se pueden curar y se pueden transitar con amor y con juegos, sin olvidarnos de que son niños. Apoyamos tanto a los chicos como a sus familias”.
Muchas familias, incluso después de la curación, regresan año tras año. Se genera una red de contención que trasciende el tratamiento. “Eso nos llena el corazón de alegría. Hay muchísimos chicos que ya están curados, algunos ya dados de alta, y vienen a darle fuerza a otra familia que recién empieza. Para un papá, ver que un niño pasó por esto y nos sigue eligiendo, que quiera volver y participar de esta fiesta que es tan importante para nosotros, es una caricia al alma”, sostuvo Varela.
En el servicio se reciben entre 50 y 55 nuevos casos por año. A esos pacientes se suman los niños que continúan en seguimiento aun después de haber terminado el tratamiento, ya que el control se extiende durante cinco años. En la Argentina se registran alrededor de 1400 nuevos casos anuales de enfermedades oncológicas pediátricas.
“La más común es la leucemia; después vienen los tumores del sistema nervioso central y los tumores óseos en la adolescencia. Los tumores óseos se ven más en esa etapa, mientras que las leucemias aparecen en todas las edades. Los tumores del sistema nervioso central, en cambio, suelen presentarse más en la primera infancia”, explicó Varela.
Este año van a empezar los trabajos para ampliar el área del Servicio de Hematología y Oncología Pediátrica. “Cada día recibimos más niños, no porque haya más enfermedades oncológicas, sino porque estamos creciendo como servicio. El hospital de día nos quedó sumamente pequeño y por eso está en marcha el proyecto de ampliación del hospital de día pediátrico. Está previsto comenzar la construcción este año, inaugurarlo hacia fines de 2026 o principios de 2027. La Fundación Circular nos está ayudando con donaciones para llevar adelante el proyecto”, afirmó la jefa del servicio.
Rodrigo Rueda es jugador de polo y creó la Fundación Circular. Llegó hace un año por primera vez al hospital, desde entonces, junto a su mujer, se sumó a la causa.
“Después de venir por primera vez, empecé a acercarme como voluntario. Y ahí comencé a crear la fundación especializada en oncología infantil. Estoy todavía en proceso. Yo soy polista, entonces desde esa fundación empezamos a crear distintas campañas para juntar dinero, y mucha gente del mundo del polo se empezó a sumar y a colaborar cada vez más”, contó.
Fátima Prado, directora de Servicios Generales, recordó ese primer acercamiento: “Vino el año pasado y dijo que quería hacer algo por los chicos. Le pregunté si le había pasado algo personal con alguno de sus hijos y me dijo que no, que con su mujer simplemente querían colaborar. Desde entonces no paran y cada vez ayudan más a las familias”.
Rueda no solo colabora económicamente, sino también en el acompañamiento cotidiano. “Agradecemos el acompañamiento de Circular porque Rodrigo nos llama todos los días, cuando estamos en el hospital y cuando no. Nos escribe para preguntarnos si necesitamos algo, en qué puede ayudar. Para nosotros es muy importante, porque estamos lejos de todo, de nuestra familia. Es un acompañamiento enorme”, sostuvo Cintia, madre de Lucy.
Y recordó un gesto especial de hace algunos días, cuando Lucy tuvo una salida especial: “Ella se subió por primera vez a un caballo con Rodrigo. Eso no nos lo olvidamos más”.
Al final del evento hubo agradecimientos y el nombre de Rodrigo fue aclamado tanto por las médicas como por los niños. “¡Rodri, Rodri!”, cantaban.
Después de más de dos horas de fiesta, las familias empezaron a despedirse lentamente, todavía con sonrisas en el rostro. Los chicos se acercaban a abrazar a las médicas con confianza y cariño. “Chau, amigA”, gritó uno. “Chau, amigo”, respondió una de las médicas. Por unas horas, debajo de esa carpa blanca, el hospital dejó de ser hospital y los niños volvieron a ser niños.


