Viajar en avión afecta al organismo debido a la presurización de la cabina, la baja humedad y la inmovilidad prolongada. Fatiga, hinchazón, oídos tapados, mareos o vómitos, deshidratación y sequedad en la piel son los efectos más comunes.
En este contexto, la exazafata Danielle Louise reveló en la plataforma de reservas de belleza y bienestar, Fresha, cómo los patrones de flujo de aire influyen directamente en el cutis.
Según Louise, la ubicación del asiento es clave para prevenir una piel tirante o escamosa en un espacio donde el nivel de humedad puede descender por debajo del 20 % durante el vuelo, lo que hace que el ambiente a bordo sea muy seco.
“La gente no se da cuenta de que el lugar donde te sientas en un avión realmente afecta la barrera cutánea”, aseguró.
Según la ex azafata, los asientos junto a las ventanillas son las más perjudiciales para la piel debido a la alta exposición a rayos UV y al escaso flujo de aire cerca de la pared. Asimismo, la parte delantera de la cabina y últimas cinco filas del avión sufren las fluctuaciones más drásticas de presión y humedad.
Por el contrario, los asientos de pasillo en las filas de los mamparos y la sección media de la cabina son ideales gracias al espacio adicional para las piernas.
Sin embargo, los asientos sobre las alas son los más beneficios ya que ahí los pasajeros experimentan en menor medida los cambios de temperatura, presión y humedad.
En ese sentido, Louis resaltó que un asiento en el pasillo central de la cabina es el mejor asiento para el cuidado de la piel porque esa zona ofrecen un flujo de aire estable proveniente directamente de las rejillas de ventilación superiores.
Por último, Louise recomendó, para proteger la barrera cutánea, ponerse una crema hidratante antes de abordar, evitar ingredientes activos como el retinol 24 horas antes del vuelo, aplicar protector solar y un consejo final no menor: “Bebé agua temprano, no solo cuando llegue el carrito”.


