Presencialmente, todo parecía muy tranquilo: una hora antes del mediodía, unas cien personas hacía cola en Libertad y Tucumán a la espera de que la boletería del Teatro Colón abriera la venta de entradas para ver a Marianela Núñez en El lago de los cisnes, los próximos 20 y 22 de marzo. Pero virtualmente, la situación era otra: no existen los codazos y las avalanchas, pero a las 12.00 horas la puja fue feroz, y en menos de media hora ya no quedaba una sola entrada.
A esta altura de la Nelamanía, esta reacción no debería sorprender. Ya el año pasado, cuando la primera bailarina del Royal Ballet de Londres vino al país –también en dos oportunidades: primero Don Quijote y luego Onegin–, en veinte minutos no quedó ni un ticket. En un break entre un ensayo y otro de Giselle, gran rol al que volverá este sábado en el escenario de Covent Garden, Núñez responde desde Londres: “Me cuesta creérmela. En la Ópera de París pasó así también, y sé que sucede, pero ¡es un montón me parece!”
El fenómeno Marianela Núñez y una legión de fans conmovidos por el poderoso arte de su danza
A esta hora, entonces, habría cerca de seis mil personas celebrando tener entre manos un “boleto dorado” como el de Charlie y Fábrica de Chocolate, mientras muchos otros refunfuñan decepcionados porque se quedaron con las manos vacías, aunque se hayan conectado en malón con hermanos, amigos y tíos, y varios celulares y computadoras a la vez, en el afán de hacerse de algunos lugares. Dicho esto al margen del ya conocido descontento de los habitués por no ver incluida a la “figura invitada” en las funciones de abono, aspecto sobre el cual el teatro reforzó su comunicación a fin de año para no crear falsas expectativas.
Implementar un sistema de “cola virtual”, un mecanismo como el que usan productoras y bancos para los grandes shows de rock y pop stars o limitar la cantidad de tickets por persona, podría ser una vía para evitar suspicacias. “Para las otras funciones de Lago que también están agotadas, ya hay reventa”, avisan en uno de los tantos mensajes que se cruzan en los chats de fans.
La posibilidad de ver (o volver a ver) a Núñez en el rol más emblemático que afronta una bailarina clásica ya está echada. Quedará en consideración del Teatro Colón si semejante expectativa no amerita, por ejemplo, retomar las transmisiones en vivo de funciones especiales que en algún momento se hicieron en la vecina Plaza Vaticano, donde hay una pantalla gigante que mira a Cerrito.
En cualquier caso, es bueno tener en cuenta que 2026 dará revancha: en diciembre, la bailarina regresará al país para cerrar la temporada con El Cascanueces. Siempre, con el Ballet Estable del Teatro Colón, que por segundo año dirige Julio Bocca.


