Faltaban pocos minutos para las 7.30 cuando un paseador de perros que caminaba por el Parque General Paz, en Saavedra, encontró a un hombre apuñalado. Sin perder tiempo, llamó al número de emergencias 911 para denunciar el hallazgo.
Personal de la Comisaría Vecinal 12A de la Policía de la Ciudad llegó a la escena del hallazgo y constató que el cuerpo tenía un arma blanca clavada en el pecho. Al arribar una ambulancia del Sistema de Atención Médica de Emergencia (SAME) se constató que el hombre, identificado como C. A. T. y de 63 años, estaba muerto.
La investigación del caso quedó a cargo del fiscal José María Campagnoli, titular de la Fiscalía Descentralizada de Núñez-Saavedra, con la colaboración de la División Homicidios de la Policía de la Ciudad.
Detectives policiales y judiciales intentan ubicar a familiares y amigos del hombre fallecido, que ya fue identificado, para reconstruir sus últimas horas, dijeron a LA NACION fuentes judiciales.
“En principio, el cuerpo no presentaba lesiones o signos de defensa. Todavía no se puede afirmar si se trató de un homicidio o un suicidio”, dijeron las fuentes consultadas.
La principal hipótesis de los investigadores del caso es que no se habría trató de un homicidio, sino de un suicidio.
“Todo indica que C. A. T. estaba deprimido. Hace tres años sufrió la muerte de un hijo y después la de su esposa, situaciones que no había podido superar”, dijo a LA NACION un investigador.
Durante una recorrida realizada por LA NACION este mediodía por el Parque General Paz, se observó que el lugar es un espacio abierto, con amplias áreas verdes, senderos, un lago y sectores de juegos para niños. Dentro del parque funcionan un café y una biblioteca, y el museo Saavedra se encuentra en uno de sus bordes, próximo a la autopista.
Según relataron vecinos y empleados de comercios de la zona, el hombre fue encontrado detrás de la biblioteca, a pocos metros del café y cerca del cruce de Crisólogo Larralde y Achaga, donde hay paradas de colectivo. A esa hora, alrededor de las 7, el movimiento en el parque es escaso: la mayoría de los kioscos abre a las 7 y recién cerca de las 8 aumenta la circulación.
Las personas consultadas coincidieron en que se trata de un sector tranquilo, habituado a corredores, ciclistas y paseadores de perros. Explicaron que quienes hacen actividad física suelen rodear el perímetro del parque y que no es frecuente ver incidentes. Solo mencionaron discusiones ocasionales entre ciclistas y automovilistas y, de manera aislada, algún robo menor.
Hacia la tarde, el parque recibe más visitantes y se llena de familias, jóvenes y personas que se acercan a pasar el día o a practicar deporte. La dinámica habitual, según describieron los vecinos, se mantiene estable durante la semana y se intensifica los fines de semana, especialmente en verano.
“Es un barrio muy seguro, con mucha presencia policial. No suelen ocurrir este tipo de episodios”, expresó Martín Federici, de 50 años en diálogo con LA NACION. A su vez, contó que salió a las 7 de hoy a pasear con su perro, pero que no vio nada. “El año pasado instalaron postes de luz en la mitad del parque, pero todavía no los colocaron en el sector donde la Policía había vallado”.
Otros dos paseadores que se encontraban por la zona coincidieron con la rareza de lo sucedido: “Jamás vimos algo así”.
“La zona es en general tranquila, pero sí hay robos. Suele haber un policía en el parque durante el día, aunque no por la noche y suele estar custodiado mucho más el parque lindante [el Carlos Mugica, situado a dos cuadras]. Durante el día viene gente a correr y a andar en bici y hasta grupos de entrenamiento. Por la tarde en verano y los fines de semana el parque se llena”, expresó por su parte Iara de las Cuevas, de 26.
Asimismo, señaló que le robaron el celular dentro del parque 10 años atrás y que hace cuatro hubo entraderas en las casas situadas frente al mismo, sobre Crisólogo Larralde.
Noticia en desarrollo.
Informe de Fernando Klaus

