Pekín, China.– Como pasando revista a las tropas, la mujer recorre una instalación de obras de arte con formato de seres humanos que se exhiben en la entrada de un centro comercial en Pekín. Todas calcadas, las esculturas, si bien estáticas, parece que avanzaran a paso redoblado, con los puños firmemente cerrados. Sin embargo, es imposible que se desplacen: están fijas en el suelo y, además, no tienen pies. Transmiten una imagen futurista, muy robótica en diseño y forma de movimiento, que probablemente no falte mucho tiempo para que se convierta en realidad. Por su parte, la mujer tiene la cara cubierta con un barbijo, que remite a la pandemia de Covid-19, una etapa pasada, que no condice con la actualidad. Pero perfectamente podría ser también futurista, porque nada indica que lo vivido no pueda repetirse. Una pirueta mágica del tiempo podría increíblemente lograr que pasado y futuro coincidan, converjan y se fusionen.


