Olvidemos los touchdowns. Lo que Bad Bunny sirvió anoche en el medio tiempo del Super Bowl LX no fue solo un espectáculo musical; fue un menú degustación de la identidad caribeña y latina, servido ante 100 millones de comensales. Benito Antonio Martínez Ocasio emplató la cultura del barrio, transformando el césped en un mapa de sabores que narran resistencia, fiesta y memoria.
Más allá de los éxitos globales, el diseño de la producción también ejecutó una narrativa culinaria. El escenario dejó de ser tarima para convertirse en una extensión de la plaza pública, donde cada elemento gastronómico funcionó como un ingrediente de reivindicación social.
La apertura del show estableció el contexto histórico con una referencia visual muy específica: la caña de azúcar. El escenario, transformado inicialmente en campos de cultivo, no fue una elección estética al azar, sino un tributo a la historia económica de Puerto Rico y el Caribe. Entre los bailarines se observó la recreación del corte de caña, el cultivo que definió la industria del azúcar y el ron durante siglos.
En un contraste directo con las bebidas deportivas comerciales, el espectáculo validó dos instituciones de la venta ambulante puertorriqueña:
El carrito de Piraguas: Se documentó la presencia de un clásico carrito de madera, icono de los vendedores en el Viejo San Juan y las plazas de los pueblos. La piragua —hielo raspado a mano y bañado en jarabes de frutas tropicales— apareció como símbolo de la infancia y la frescura artesanal frente al calor del trópico.
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Piraguas
El Coco Frío: Durante la interpretación de "Tití Me Preguntó", la escenografía integró un puesto de venta de agua de coco. La imagen del coco abierto a machetazos evocó estos kioscos, subrayando la cultura de la costa.
La estructura central del escenario replicó la arquitectura de "La Marqueta" (el mercado), el epicentro del abastecimiento local. Racimos de plátanos, ingredientes de la dieta diaria, tostones, se llegan a ver. Al situar la acción entre puestos de mercado, mesas de dominó, barberías, el que vende aguas y hasta la que pone las uñas, bad bunny enfatizó que la comida es el pegamento social. No se trata solo de nutrirse, sino de compartir en comunidad.
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Marqueta
Quizás la referencia gastronómica más específica y celebrada fue la inclusión de Villa's Tacos. El show presentó una réplica del puesto de estilo angelino, famoso en Highland Park, en Los Ángeles, por sus largas filas y su reconocimiento con el Bib Gourmand de la Guía Michelin.
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Villa´s Tacos
Al subir al escenario este negocio, que creció desde el patio de una casa con recetas familiares hasta convertirse en un referente de Los Ángeles, Bad Bunny conectó la narrativa puertorriqueña con la experiencia mexicoamericana. Fue un reconocimiento al "sabor" y movilidad social para los latinos en Estados Unidos.



Hace unos meses fui al mercado y compré dos kilos de papas que estaban en promoción. Hice sopa, papas en la freidora y hasta puré, pero mis por