Para Jordi Visser, el futuro de Bitcoin no depende de si la inflación cae, las tasas suben o la economía de EE.UU. evita la recesión.
Él cree que la criptomoneda está destinada a prosperar sin importar hacia dónde se dirija la economía global — porque el problema más profundo es la confianza, no los datos macroeconómicos.
El veterano inversor le dijo a Anthony Pompliano que la fe en los pilares del antiguo sistema se ha desmoronado. No son solo los bancos los que han perdido credibilidad, argumentó, sino también los gobiernos, empleadores, monedas y mercados de deuda. Ese colapso en la confianza, dice, posiciona a Bitcoin de manera única para intervenir como un activo neutral y sin permisos más allá del alcance político.
Un trasfondo de "Cuarto Giro"
Visser enmarca este cambio a través del lente del Cuarto Giro, una teoría de William Strauss y Neil Howe que describe ciclos recurrentes de crisis y renovación. En su opinión, el mundo ya está entrando en uno de estos reajustes generacionales, donde las instituciones construidas en el ciclo anterior se están desmoronando y están surgiendo nuevas estructuras. Bitcoin, sugiere, podría ser la base monetaria de este reajuste.
El factor de desigualdad
Las divisiones económicas están acelerando la transición. Visser señaló lo que los economistas llaman una recuperación en forma de K: los hogares más ricos con activos ven expandirse sus fortunas, mientras que aquellos sin ellos están siendo presionados por la inflación y los costos crecientes. Millones en la "parte inferior de la K" ahora se sienten excluidos del crecimiento por completo, alimentando la demanda de alternativas.
Esa frustración se manifiesta en encuestas de consumidores. Una encuesta de la Universidad de Michigan reveló que la mayoría de los estadounidenses esperan un mayor desempleo para 2026, mientras que apenas un cuarto cree que su poder adquisitivo se mantendrá estable. Para muchos, el sistema tradicional parece estar amañado en su contra.
Bitcoin como válvula de escape
En este contexto de desconfianza y desigualdad, Visser cree que Bitcoin se está convirtiendo en la "opción de salida". A diferencia de las monedas nacionales o los activos respaldados por corporaciones, Bitcoin no depende de la confianza en las instituciones. Opera de manera transparente, con un suministro fijo y sin autoridad central. Ese diseño, argumenta, es precisamente lo que lo hace adecuado para un período de agitación sistémica.
"Una vez que la confianza se pierde, no regresa fácilmente", advirtió Visser. Y eso, en su opinión, es exactamente por qué el papel de Bitcoin solo se fortalecerá en las próximas décadas.
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