Durante años, la conversación pública sobre salud en México se ha concentrado en diabetes, hipertensión u obesidad. Sin embargo, detrás de esa agenda visible avanza otro problema que afecta movilidad, productividad y calidad de vida: las enfermedades musculoesqueléticas.
Dolor de rodilla al subir escaleras, molestias persistentes en la espalda o dificultad para caminar largas distancias se han vuelto experiencias comunes para millones de mexicanos. Lo que parece una molestia menor puede terminar en cirugías, incapacidad laboral o pérdida de movilidad.
Especialistas en ortopedia observan un patrón cada vez más frecuente: largas jornadas frente a la computadora, poca actividad física y aumento del peso corporal generan desgaste progresivo en rodillas, caderas y columna. A esto se suman caídas domésticas y lesiones que muchas veces no reciben atención oportuna.
El problema trasciende el ámbito clínico. Las lesiones musculoesqueléticas figuran entre las principales causas de incapacidad laboral en el mundo. Cuando una persona pierde movilidad o vive con dolor crónico, no solo se deteriora su calidad de vida: también disminuye su productividad.
En México, donde gran parte de la población carece de seguros médicos privados, el acceso a atención especializada suele retrasarse. Muchos pacientes llegan al médico cuando el daño ya está avanzado, lo que encarece tratamientos y reduce las posibilidades de recuperación.
En ese contexto comienzan a explorarse modelos de atención más accesibles. El traumatólogo y ortopedista Víctor Axotla Bahena, especialista en cirugía articular y reemplazos articulares, ha impulsado desde el Instituto de Rodilla, Cadera y Columna (Inroca) un esquema de membresía médica orientado a facilitar el acceso a diagnósticos oportunos, estudios de imagen y rehabilitación.
Más allá del modelo específico, la propuesta refleja una tendencia en el sistema de salud: reducir barreras económicas y de tiempo para que los pacientes reciban atención temprana.
El desafío de fondo sigue siendo estructural. Conforme envejece la población mexicana y se consolidan estilos de vida sedentarios, los problemas musculoesqueléticos se perfilan como uno de los grandes temas de salud pública de las próximas décadas.
Cuando el Senado se pone en los zapatos de los pacientes
Mientras algunos padecimientos dominan la agenda pública, otros continúan prácticamente invisibles. Ese es el caso del mieloma múltiple, un cáncer de la sangre que suele diagnosticarse en etapas avanzadas.
Con el objetivo de sensibilizar a tomadores de decisiones, recientemente se realizó en el Senado de la República una experiencia inmersiva denominada Sensorama: Desde la médula, que permitió a legisladores conocer de forma directa los desafíos que enfrentan los pacientes: diagnósticos tardíos, dificultades para acceder a tratamientos y el impacto familiar de la enfermedad.
En México se registraron más de dos mil nuevos casos en 2022. A pesar de ello, el mieloma múltiple sigue siendo poco conocido fuera del ámbito médico, lo que retrasa su detección y reduce las posibilidades de tratamiento temprano.
Iniciativas de este tipo buscan colocar en la conversación pública la necesidad de fortalecer políticas de detección oportuna y acceso equitativo a terapias innovadoras.
La crisis silenciosa del sueño
Otro problema de salud pública crece con menor visibilidad: la mala calidad del sueño. Especialistas estiman que cerca de la mitad de los mexicanos padece algún trastorno del sueño, aunque la mayoría no lo sabe.
El problema no es menor. Los mexicanos duermen en promedio seis horas con 37 minutos por noche, por debajo de las siete horas recomendadas para una recuperación adecuada.
Dormir mal no solo afecta la salud mental y cardiovascular. También tiene implicaciones económicas claras: menor concentración, más errores en el trabajo y mayor riesgo de accidentes laborales o de tránsito. Estudios internacionales estiman que la privación de sueño puede reducir la productividad entre 10 y 15 por ciento en diversos sectores.
En una sociedad cada vez más acelerada, el descanso suele verse como tiempo perdido. La evidencia científica sugiere lo contrario: dormir bien es una de las condiciones básicas para sostener la salud, la productividad y el rendimiento económico de una sociedad.
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