El origen: dos gigantes, una empresa United Launch Alliance nació en diciembre de 2006 como una empresa conjunta al 50% entre Lockheed Martin y Boeing, con el oEl origen: dos gigantes, una empresa United Launch Alliance nació en diciembre de 2006 como una empresa conjunta al 50% entre Lockheed Martin y Boeing, con el o

ULA o el veterano de la órbita que Amazon necesita

2026/03/16 13:40
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El origen: dos gigantes, una empresa

United Launch Alliance nació en diciembre de 2006 como una empresa conjunta al 50% entre Lockheed Martin y Boeing, con el objetivo de consolidar los servicios de lanzamiento al gobierno de los Estados Unidos.  La lógica era impecable en su momento: dos de los principales contratistas de defensa del país unían sus líneas de cohetes —el Atlas V de Lockheed y la familia Delta de Boeing— para eliminar redundancias y asegurar acceso confiable al espacio para misiones militares y científicas.
Con sede en Centennial, Colorado, ULA se especializó desde sus inicios en misiones de alta criticidad, especialmente para seguridad nacional. Sus cohetes lanzaron satélites militares, sondas interplanetarias de la NASA y misiones científicas clave como Mars Science Laboratory (Curiosity), New Horizons y Parker Solar Probe.  Durante más de una década, la compañía operó con una comodidad que rozaba la complacencia: Lockheed y Boeing sostenían a través de ULA un monopolio sobre los lanzamientos militares por más de una década, hasta que la Fuerza Aérea otorgó un contrato de satélites GPS a SpaceX en 2016. 

Ese fue el primer golpe de realidad.

La irrupción de SpaceX no sólo rompió el monopolio: exhibió la brecha de costos en toda su magnitud. Cuando SpaceX protestó por un contrato adjudicado a ULA en 2013, argumentó que el costo de los lanzamientos de su rival era de aproximadamente 460 millones de dólares cada uno, mientras que ofrecía precios de 90 millones. Gass respondió que el precio promedio de ULA era de 225 millones, con lanzamientos futuros por debajo de los 100 millones.  La diferencia era, de cualquier manera, demasiado grande para ignorar.
En agosto de 2014 asumió Tory Bruno como CEO, con mandato explícito de reducir costos y desarrollar un cohete de nueva generación. ULA apuntó a combinar más de 100 años de historia de lanzamientos con las familias Atlas y Delta para sostener más de 150 lanzamientos consecutivos desde 2006 con tasa de éxito del 100%.  Era su argumento más sólido: la confiabilidad. Pero en una industria donde SpaceX empezó a lanzar cada seis días, la confiabilidad sin cadencia resultó insuficiente.

El Vulcan: el cohete que llegó tarde y con problemas

La respuesta estratégica de ULA fue el Vulcan Centaur, su reemplazo para ambas familias de cohetes. Anunciado en 2015 con primer vuelo previsto para 2019, el camino fue una sucesión de contratiempos que resumieron los problemas estructurales de la empresa.
En agosto de 2019 ULA anunció que el Vulcan Centaur volaría por primera vez a principios de 2021, transportando el módulo lunar Peregrine de Astrobotic. Para diciembre de 2020, el lanzamiento se había postergado a 2022 por problemas técnicos con el motor BE-4. En junio de 2021, nuevas demoras en el Peregrine —atribuidas a la pandemia— empujaron el debut del Vulcan a 2023. En marzo de ese año, un prototipo de la etapa superior Centaur V falló durante pruebas, obligando a una rediseño estructural. 
El Vulcan finalmente despegó el 8 de enero de 2024. Pero la certificación militar —requisito indispensable para retomar contratos de seguridad nacional— exigía dos vuelos exitosos. El segundo lanzamiento, el 4 de octubre de 2024, alcanzó la órbita a pesar de que la tobera de uno de los propulsores sólidos laterales se desprendió 37 segundos después del despegue, provocando empuje asimétrico y obligando al sistema de guía a compensar con una quema extendida de motores principales. 

Tras cinco meses de revisión, la Fuerza Espacial certificó el Vulcan el 26 de marzo de 2025. Sin embargo, en febrero de 2026 se produjo una segunda anomalía con un propulsor sólido, dejando todos los lanzamientos futuros del Vulcan en suspenso pendientes de investigación. 
La situación no pasó inadvertida. En mayo de 2025, el mayor general Stephen G. Purdy declaró ante el Comité de Servicios Armados de la Cámara que el desempeño reciente del Vulcan era “insatisfactorio” y que los retrasos habían postergado cuatro misiones de seguridad nacional. Advirtió que ULA debería “reparar la confianza” y demostrar mayor responsabilidad.  En diciembre de ese año, Tory Bruno —el artífice de la transformación— renunció inesperadamente para unirse al competidor Blue Origin.

Lo que significa la misión LA-05 para Amazon Leo

En ese contexto de turbulencias institucionales y técnicas llega la misión del 30 de marzo. El Atlas V 551 —configurado con cinco propulsores sólidos laterales y un carenado de carga útil de longitud media— sumará una nueva tanda de satélites a la constelación de banda ancha de Amazon. Es la quinta misión Leo a bordo de un Atlas V, y la novena desde que el despliegue masivo comenzó en abril de 2025.
El peso estratégico de este lanzamiento no es menor. Amazon ha invertido más de 10.000 millones de dólares en la plataforma, tiene contratados más de 100 lanzamientos y emplea a más de 1.500 personas, pero enfrenta una escasez de cohetes disponibles en el corto plazo.  El Atlas V —un diseño que tiene más de veinte años— se convirtió paradójicamente en el lanzador más confiable del portfolio de ULA justo cuando está siendo retirado.

Amazon planeó originalmente más de 20 lanzamientos para 2025, pero sólo logró completar siete debido a interrupciones de manufactura y demoras en los nuevos vehículos pesados de próxima generación como el New Glenn, el Vulcan Centaur y el Ariane 6.  El resultado es una brecha dramática entre capacidad de producción y capacidad de lanzamiento: la fábrica de Amazon en Kirkland, Washington, puede producir consistentemente 30 satélites por semana —unos 1.500 por año—, pero no hay suficientes cohetes disponibles para colocarlos en órbita. 
La cuenta es implacable. Al 30 de enero de 2026, Amazon operaba 180 satélites en órbita y proyectaba alcanzar aproximadamente 700 para la fecha límite de la FCC del 30 de julio de 2026, menos de la mitad de los 1.618 requeridos.  Por eso, el 30 de enero de 2026 Amazon solicitó formalmente a la FCC una extensión de 24 meses para cumplir el hito intermedio de despliegue, pidiendo mover la fecha límite del 30 de julio de 2026 al 30 de julio de 2028. 

La cronología de los retrasos

El historial de Amazon Leo es, en buena medida, una crónica de expectativas postergadas:

2019 — Amazon anuncia el Proyecto Kuiper con autorización FCC para 3.236 satélites. Se establece el plazo regulatorio: la mitad operativa para julio de 2026.

2022–2023 — Los primeros lanzamientos de satélites prototipo, planeados con ABL Space Systems para fines de 2022, no ocurren. Los dos satélites prototipo KuiperSat-1 y KuiperSat-2 finalmente se lanzaron el 6 de octubre de 2023 en un Atlas V de ULA. 

2024 (primer semestre) — Amazon esperaba tener un gran número de satélites de producción en órbita en el primer semestre de 2024, pero no alcanzó esas metas y ajustó sus planes para lanzar el primer lote hacia fines de año.  En junio, la beta se postergó a principios de 2025. Los satélites de producción acumularon nueve meses de retraso adicional tras la misión prototipo de 2023, que requirió “re-ingeniería inesperada” para mejorar el desempeño. 
2024 (segundo semestre) — En diciembre de 2023, Amazon había contratado discretamente sus primeros tres lanzamientos Falcon 9 con SpaceX —el rival que había evitado por razones que mezclan competencia corporativa y fricciones personales entre Bezos y Musk—, una señal de que el plan original de lanzadores no alcanzaría. 

Abril de 2025 — Los primeros 27 satélites de producción se lanzaron el 28 de abril de 2025 a bordo de un Atlas V. La empresa confirmó comunicaciones exitosas con todos los satélites. 
2025 — Tras años de retrasos, Amazon Leo finalmente inició el despliegue de satélites de producción. A esto siguió un período de demoras antes de que comenzara la construcción sostenida de la constelación. 

Febrero de 2026 — El 12 de febrero, Arianespace lanzó la misión VA267 desde la Guayana Francesa, el primer vuelo comercial de la configuración Ariane 64 con cuatro aceleradores, liberando 32 satélites de Amazon Leo en una órbita inicial de 465 kilómetros.  Un hito importante, pero insuficiente frente al reloj regulatorio.

Un mercado que no espera

Como señaló Mercado en agosto de 2025, Amazon Kuiper supera los 100 satélites y desafía el dominio de Starlink, Amazon llega con años de retraso a un mercado donde SpaceX ya consolidó ventajas difíciles de revertir. Y en noviembre de ese año, en Starlink y Amazon Leo: la disputa por el cielo latinoamericano, se describió la región como terreno de competencia estratégica donde Amazon apuesta a la estabilidad contractual y los acuerdos corporativos para compensar su desventaja en escala. En la nota de enero de 2026, Amazon Leo cerró 2025 con 180 satélites y el reloj regulatorio en marcha, se señaló con precisión que en la economía de las megaconstelaciones, la competencia no se decide solo por diseño de satélites o acuerdos comerciales, sino por cadencia industrial, disponibilidad de lanzadores y cumplimiento de ventanas regulatorias. 
Y más recientemente, en Starlink gobierna la órbita baja y obliga a todos a elegir bando, se analizó cómo el contraataque privado más relevante a Starlink se expresa en Amazon Leo, cuya apuesta combina capital, demanda potencial y la capacidad de empaquetar servicios. 

La misión del 30 de marzo es, en ese marco, un eslabón más en una cadena que Amazon necesita alargar rápidamente. Cada Atlas V que despega desde el Complejo 41 lleva consigo no sólo satélites, sino también tiempo ganado frente a la FCC y credibilidad ante socios comerciales que esperan —Verizon, Vodafone, JetBlue, DirecTV Latin America— que Amazon cumpla con lo que prometió.

El Atlas V tiene los días contados. Amazon compró ocho unidades del Atlas V y 38 del nuevo Vulcan Centaur para desplegar la constelación.  Pero el Vulcan está paralizado por una investigación. Esa es, hoy, la aritmética que define el ritmo de la segunda mayor apuesta de infraestructura de la historia de Amazon. Y cada lanzamiento del viejo y confiable Atlas cuenta doble.

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