La columna de Pascal Beltrán del Río toma como punto de partida la alerta por el gusano barrenador para lanzar una crítica más amplia a las decisiones tomadas durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador en materia de vigilancia sanitaria. Para el autor, el episodio refleja las consecuencias de haber subordinado criterios técnicos a consideraciones políticas y presupuestales.
Para Beltrán del Río, el problema no es solo la aparición de la plaga, sino lo que revela sobre la forma en que se debilitó la vigilancia sanitaria en el país.
Durante años, explica el columnista, México había mantenido sistemas de monitoreo y control sanitario diseñados para prevenir la propagación de enfermedades y plagas que pueden afectar la producción pecuaria. Sin embargo, en la lógica de austeridad impulsada por el gobierno federal, estos mecanismos comenzaron a verse como gastos prescindibles.
Pero la discusión va más allá del presupuesto. El autor sostiene que detrás de estas decisiones hubo una combinación de soberbia ideológica y cálculo político, donde la prioridad dejó de ser el rigor técnico para convertirse en una narrativa de austeridad que confundió el ahorro con la eliminación de funciones esenciales del Estado.
La aparición del gusano barrenador se convierte así en una advertencia sobre los riesgos de debilitar estructuras sanitarias que, aunque poco visibles para la opinión pública, cumplen un papel clave en la protección de la producción alimentaria y la salud animal del país.
Las políticas públicas suelen medirse por sus resultados más visibles, pero a veces los daños aparecen en los márgenes del sistema. Como sugiere Beltrán del Río, cuando la austeridad se impone sin considerar la complejidad técnica de ciertas áreas, el costo puede terminar pagándose no en el presupuesto, sino en la seguridad sanitaria y productiva del país.
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