SAN NICOLÁS.- En su paso por Expoagro, el economista Carlos Melconian, expresidente del Banco Nación, puso en tono de cautela uno de los reclamos históricos del campo: la eliminación de las retenciones. Según advirtió, el compromiso del Gobierno con el superávit fiscal deja hoy muy poco margen para avanzar con una baja significativa de ese impuesto: “No hay chances”.
En una entrevista con LA NACION, Melconian destacó el clima que caracteriza a la exposición agroindustrial. “Vengo acá hace 20 años. Acá el ánimo siempre está muy bien. Es como que no se permiten, en estos tres o cuatro días, estar mal. Llueva, truene, con buenos precios, con malos precios”, describió sobre el ambiente que se vive cada año en la muestra.
“Realmente sorprendidos”: crearon un sistema que destruye el 99% de las semillas de malezas en la cosecha y ya pusieron un pie en Brasil y Chile
Sin embargo, cuando traslada la conversación a la macroeconomía, el diagnóstico cambia. El economista recordó que, antes de las elecciones pasadas, había advertido al sector agropecuario sobre las dificultades de eliminar retenciones en el corto plazo. “Yo le había anticipado a todos, pero al campo en particular, porque es quien más embalado estaba, que iba a ser difícil cumplimentar lo que hizo algún día el presidente Mauricio Macri, que en una Expoagro dijo que se le iba a sacar la retención al trigo para que siembren todo”, recordó.
A su entender, el problema central radica en el equilibrio fiscal que busca sostener la administración de Javier Milei. “Este presidente venía a generar superávit fiscal y uno venía a los números. Olvidate el primer año”, explicó. Aunque el Gobierno realizó algunas reducciones, consideró que los cambios en retenciones avanzan lentamente.
Para Melconian, el desafío es que cualquier reducción implica resignar ingresos en un contexto en el que el Estado todavía depende de esos recursos. “Desde el punto de vista de los números, salvo que sean reemplazadas con otra cosa, lo que baje ahí no se cubre en lo inmediato”, advirtió.
El economista también analizó cómo se logró el ajuste fiscal en el primer año de gestión. En su visión, el recorte no se dio tanto por la baja directa del gasto, sino por el impacto de la inflación. “No hubo motosierra, hubo licuadora”, resumió. Y explicó que el fuerte salto inflacionario de la primera parte de 2024 permitió disminuir el peso real del gasto público. “La licuadora la licuaste con el shock inflacionario de la primera parte de 2024”, indicó.
El problema, según planteó, es que ese mecanismo hoy perdió potencia. “La inflación al 30 no está vencida, pero licuar al 30 es más difícil que licuar al 300”, afirmó.
Además, señaló que una gran parte del gasto público está fijada por leyes, lo que limita la capacidad de seguir ajustando. “Hoy casi el 60% del gasto está regido por ley”, explicó. Dentro del margen restante quedan partidas como transferencias a provincias, infraestructura, salarios estatales y gastos de funcionamiento del Estado, muchos de los cuales ya fueron reducidos en los últimos meses.
En ese contexto, Melconian consideró que las posibilidades de avanzar con nuevos recortes son acotadas. “Veo realmente complicado una posibilidad de ajuste adicional por el lado del gasto”, sostuvo.
El economista también se refirió al debate sobre la apertura económica y el impacto de las importaciones. Según señaló, los datos recientes muestran una caída fuerte de las compras externas, aunque no necesariamente por una política activa del Gobierno. “Los últimos tres meses muestran que eso no está ocurriendo, pero no porque el Gobierno se esté ocupando, sino porque la recesión es de tal magnitud que las importaciones están derrumbadas literalmente”, dijo.
De todos modos, advirtió que el proceso de apertura puede generar tensiones en algunos sectores productivos. “El sector micro afectado va a patalear”, señaló, al tiempo que remarcó que la dinámica de apertura económica no siempre coincide con el ritmo de las reformas estructurales que impulsa el Gobierno.
Con este panorama fiscal y económico, el economista remarcó que, ante la expectativa del campo por la eliminación de retenciones, mientras el equilibrio fiscal sea la prioridad, las chances de una reducción significativa seguirán siendo limitadas.
“Yo con la decisión de bajar impuestos siempre estoy de acuerdo, pero hay prioridades”, afirmó. Y concluyó con una definición tajante sobre el futuro inmediato del tributo: “Si miro los números, no hay chance de bajar las retenciones”.

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