Desde la noche del viernes se materializó lo que se anticipaba desde hace meses: la coalición Estados Unidos–Israel atacó Irán y descabezó a su liderazgo casi dDesde la noche del viernes se materializó lo que se anticipaba desde hace meses: la coalición Estados Unidos–Israel atacó Irán y descabezó a su liderazgo casi d

El estrecho que no cerró Teherán

2026/03/05 09:57
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Desde la noche del viernes se materializó lo que se anticipaba desde hace meses: la coalición Estados Unidos–Israel atacó Irán y descabezó a su liderazgo casi de inmediato. En los últimos días se ha discutido mucho sobre las posibles consecuencias del conflicto en los mercados energéticos y, por ende, en la economía mundial, especialmente ante el cierre del estrecho de Ormuz. Pero aquí hay mucho más de lo que parece.

Irán es, por ubicación geográfica y por mérito propio, un jugador clave en los mercados energéticos globales. Posee entre 200,000 y 210,000 millones de barriles de reservas de crudo probadas -las terceras o cuartas del mundo, dependiendo de la metodología- y produce alrededor de 3.1–3.5 millones de barriles diarios. Sin embargo, su verdadero poder no son sus barriles, sino su geografía. Irán controla la orilla norte del estrecho de Ormuz, por donde transitan cada día 20 millones de barriles -el 20% del consumo mundial de petróleo- y aproximadamente una quinta parte del comercio global de gas natural licuado, en su mayoría proveniente de Qatar. La infraestructura alternativa -oleoductos de Arabia Saudita y los Emiratos- apenas puede desviar el 13% de ese volumen. No hay plan B.

El problema, sin embargo, no es militar ni naval. En el fondo, la decisión se tomó en Londres, no en Teherán. El anuncio iraní de cerrar el estrecho bastó para que siete de los doce P&I Clubs -consorcios que aseguran el 90% del comercio marítimo mundial- cancelaran la cobertura de riesgo de guerra en el Golfo Pérsico con apenas 72 horas de anticipación. Sin esa cobertura, ningún puerto acepta al buque, ningún propietario de carga lo fleta y ningún banco financia el viaje. El barco queda comercialmente muerto. El 1 de marzo transitaron 138 embarcaciones por Ormuz; el 2 de marzo, 28. Irán no bloqueó ninguna: lo hizo un Excel en Londres. China puede presionar a Irán -tiene un acuerdo de cooperación de 400,000 millones de dólares y compra el 80% de su petróleo exportado-, pero tiene menos influencia sobre Lloyd's of London.

Mientras tanto, con Catar en force majeure, los precios del LNG en Europa y Asia se dispararon entre 45% y 85%. En el corto plazo esto afectará sobre todo a China, India, Japón y Corea del Sur, principales destinos del crudo y LNG del Golfo Pérsico. Pero el impacto será global. EU, hoy el mayor productor mundial de crudo y gas, podrá cubrir parte de la demanda. Es una gran noticia para los productores de Texas y Luisiana, aunque no necesariamente para Trump: un aumento en el precio de los energéticos generaría presiones inflacionarias y podría costarle políticamente de cara a las elecciones de noviembre.

Aquí es donde la acción de Trump resulta más interesante. Ordenó a la Corporación Financiera de Desarrollo de EU -el DFC- ofrecer de inmediato cobertura de riesgo político al comercio marítimo que transite por el Golfo Pérsico, con escolta naval incluida si fuera necesario. La incógnita es si el DFC será capaz de implementar esto. Sustituir, en plena crisis, el mercado global de reaseguro marítimo de guerra -con más de 400 años de historia- no es tarea fácil. Pero, si lo logra, podría cambiar de fondo parte de las reglas del comercio internacional y mitigar los efectos sobre la economía mundial de la guerra en Irán.

Durante décadas Irán invirtió miles de millones en construir un arsenal naval para amenazar el estrecho de Ormuz. Al final, fueron siete compañías en Londres las que lo cerraron. En los próximos días veremos si el poder financiero y naval de EU logra abrirlo.

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