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Hungría recalienta el pulso con Ucrania, despliega tropas y convierte la campaña en un plebiscito sobre la guerra

2026/02/26 21:58
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BUDAPEST.– En la antesala de unas elecciones decisivas, el primer ministro húngaro, Viktor Orban, elevó al máximo la confrontación con Ucrania y llevó la disputa por el suministro energético al centro de la campaña. A través de una carta abierta dirigida al presidente Volodimir Zelensky y de una serie de decisiones de seguridad interna, el líder nacionalista acusó a Kiev de actuar contra los intereses de Hungría y de intentar arrastrar al país a la guerra con Rusia.

El detonante inmediato fue la interrupción del flujo de crudo por el oleoducto Druzhba, una infraestructura clave que transporta petróleo ruso a Hungría y Eslovaquia atravesando territorio ucraniano. Budapest sostiene que el corte responde a una decisión política deliberada; Kiev lo atribuye a daños provocados por un ataque con drones rusos contra instalaciones del oleoducto en el oeste de Ucrania y niega cualquier intención de presión.

En la carta, fechada el 26 de febrero en Budapest, Orban acusó a Zelensky de mantener desde hace cuatro años una política “antihúngara” y de haber trabajado sistemáticamente para forzar a su país a involucrarse en el conflicto. “Durante cuatro años ha intentado arrastrar a Hungría a la guerra entre Ucrania y Rusia”, escribió, al tiempo que señaló que sus posiciones habrían contado con el respaldo de Bruselas y de la oposición húngara.

El primer ministro fue más allá y denunció una supuesta coordinación entre Ucrania, la Comisión Europea y los adversarios políticos de su gobierno para instalar en Hungría un Ejecutivo “pro-Ucrania”. Según Orban, ese alineamiento implicaría aceptar mayores compromisos financieros con Kiev y cortar el acceso a energía rusa barata, un punto especialmente sensible en un país con alta dependencia externa.

“Sus acciones van en contra de los intereses de Hungría y ponen en peligro el suministro seguro y asequible de energía para las familias húngaras”, afirmó el jefe de gobierno, que exigió un cambio inmediato de rumbo. “No queremos participar en la guerra, no queremos financiar el esfuerzo bélico y no queremos pagar más por la energía”, remarcó, antes de cerrar con una frase que sintetiza su mensaje político: “Más respeto para Hungría”.

El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, pronuncia un discurso durante la primera sesión plenaria del período de primavera del Parlamento en Budapest

La escalada verbal fue acompañada por medidas concretas. El miércoles, Orbán ordenó reforzar la seguridad en infraestructuras críticas y anunció el despliegue de soldados y fuerzas policiales alrededor de centrales eléctricas, estaciones de distribución y centros de control. En un mensaje difundido en redes sociales, aseguró que los servicios de inteligencia húngaros detectaron preparativos ucranianos para nuevas acciones destinadas a interrumpir el sistema energético del país, aunque no aportó pruebas ni detalles específicos.

Veo que Ucrania está preparando nuevas medidas para perturbar el funcionamiento del sistema energético húngaro”, dijo Orbán en un video. “Por eso he ordenado reforzar la protección de las infraestructuras energéticas críticas. Desplegaremos los soldados y el equipo necesarios para repeler ataques cerca de instalaciones clave”, añadió. También prohibió temporalmente las operaciones de drones en un condado fronterizo con Ucrania.

Kiev rechazó las acusaciones. Funcionarios ucranianos insistieron en que la interrupción del Druzhba se debió exclusivamente a daños causados por ataques rusos y advirtieron que las reparaciones solo pueden realizarse con seguridad si cesan los bombardeos contra la infraestructura energética.

Choque con Bruselas

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en una conferencia de prensa en Kiev el 24 de febrero de 2026

El conflicto energético se inscribe en una pulseada más amplia entre Hungría y la Unión Europea (UE) por la guerra en Ucrania. Desde el inicio de la invasión rusa, la mayoría de los países del bloque redujeron de forma drástica o cesaron por completo sus importaciones de energía rusa. Hungría y Eslovaquia, ambos miembros de la UE y de la OTAN, mantuvieron e incluso incrementaron esos suministros, amparados en una exención temporal.

Orbán, considerado el aliado más cercano del Kremlin dentro del bloque, ha convertido esa excepción en una herramienta de presión política. En los últimos días, Budapest vetó una nueva ronda de sanciones europeas contra Rusia y amenazó con bloquear un préstamo de 90.000 millones de euros destinado a Kiev hasta que se reanuden los envíos de petróleo.

El primer ministro también apuntó directamente contra los líderes europeos. En un mensaje difundido tras una cumbre en Bruselas, acusó a la Comisión Europea, con Ursula von der Leyen “a la cabeza”, de haber acordado con Zelensky la continuidad de una guerra que, según él, “no tiene solución en el campo de batalla”. “Cada mes, 35.000 personas mueren o quedan discapacitadas de forma permanente, mientras el frente casi no se mueve”, sostuvo.

Orbán afirmó que el costo del conflicto recae sobre los ciudadanos europeos y advirtió sobre el riesgo de una escalada nuclear al confrontar con una potencia atómica. “En esta guerra no son los rusos los que están siendo aplastados, sino los europeos”, escribió.

Elecciones y campaña del miedo

Un afiche de campaña que muestra una imagen generada por inteligencia artificial de Volodimir Zelensky junto a funcionarios europeos, se exhibe en una parada en Budapest

La ofensiva contra Ucrania se superpone con una campaña interna cada vez más polarizada. Orbán, que volvió al poder en 2010 y es el líder que más tiempo lleva en el gobierno dentro de la UE, enfrenta el desafío más serio a su autoridad en las elecciones previstas para el 12 de abril. Su partido, Fidesz, aparece rezagado en varias encuestas frente al movimiento Tisza, liderado por Péter Magyar, un abogado de 44 años y exdirigente oficialista que rompió con el gobierno en 2024.

Magyar ha centrado su campaña en el aumento del costo de vida, el deterioro de los servicios públicos y la corrupción, y promete restaurar la orientación occidental de Hungría y fortalecer instituciones democráticas que, según sus críticos, se erosionaron durante los 16 años de Orbán en el poder.

Ante ese escenario, el oficialismo lanzó una agresiva campaña mediática de tono antiucraniano. Carteles financiados con fondos públicos muestran imágenes generadas con inteligencia artificial del presidente Zelensky junto a líderes europeos, con consignas como “Nuestro mensaje a Bruselas: ¡No pagaremos!”. Otros anuncios, promovidos por organizaciones afines al gobierno, presentan a Magyar como una marioneta de Kiev y de la UE, dispuesta a “vender el país” y a llevar a Hungría a la guerra.

Orbán ha presentado la elección como una disyuntiva entre “guerra o paz” y sostiene que una victoria de la oposición implicaría el envío de recursos financieros y eventualmente humanos al conflicto en Ucrania. “Si lo permitimos, Hungría también será arrastrada”, advirtió.

Reacciones y resistencias

Personas llevan una enorme bandera ucraniana hasta la embajada de Rusia durante una marcha de solidaridad en apoyo a Ucrania en Budapest

La estrategia ha generado respaldo entre los votantes más fieles a Fidesz, pero también resistencia. El domingo, cientos de húngaros y ucranianos, incluidos refugiados, se manifestaron en el centro de Budapest para conmemorar el cuarto aniversario de la invasión rusa y reclamar el fin de la guerra. Portaron banderas de ambos países y corearon consignas contra el presidente ruso Vladimir Putin.

El alcalde liberal de Budapest, Gergely Karácsony, calificó la política de Orbán como “una traición no solo a Ucrania, sino también al interés nacional de Hungría”. “Espero que la historia recuerde esta estrategia como un fracaso”, dijo.

Cuando faltan seis semanas de los comicios, el pulso con Ucrania y el choque con Bruselas se consolidan como el eje de una campaña que trasciende las fronteras del país. El resultado no solo definirá el futuro político de Orbán, sino también el lugar de Hungría en una Europa atravesada por la guerra, la crisis energética y una creciente fragmentación interna.

Agencias AP, Reuters y ANSA

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