El periodista Daniel Míguez acaba de editar el libro San Martín en persona, el hombre detrás del prócer, en el que relata historias que revelan el costado más íntimo del Libertador.
Míguez, que trabajó en los diarios Popular, La Voz, Crónica, La Razón, Clarín y Pägina/12, muestra cómo era la relación de San Marín con sus hermanos, con su mujer, con sus hijas y nietas, además de anécdotas del lado más humano del prócer, lejos del bronce.
También desbarata algunos mitos maliciosos sobre la vida íntima de San Martín, que, asegura, fueron propagados por sus numerosos enemigos.
¿Por qué decidiste escribir un libro sobre San Martín?
Siempre fui un lector compulsivo de historia desde muy joven, desde adolescente, y acumulaba mucha información. A través de los años me fui interesando más por algunas etapas históricas o algunas personalidades de la historia, y una de esas personalidades fue San Martín. Cada vez leía más de San Martín y ocurría que le comentaba a algún amigo algo de San Martín, algo que me había llamado la atención, y no tenían ni idea. Y me pasaba con otro y con otro, y se repetía esa situación.
Entonces dije, “bueno, acá hay algo”. A los argentinos nos falta conocer mucho de San Martín. Conocemos lo que se enseña en la escuela, o algunos más interesados pueden tener más detalles de su vida militar, o incluso hasta de su vida como político, pero de su vida personal, salvo su esposa Remedios, o su hija Mercedes, mucho más no se sabe. Entonces, me aboqué a eso, a tratar de mostrar al ser humano, a la persona San Martín, en su vida cotidiana, en sus vínculos afectivos, cómo era con sus hermanos, con sus padres, con sus amigos, con sus enemigos, con sus subordinados, y muchas situaciones en su vida cotidiana. Son 33 historias y cada una está atravesada por su vida militar, su vida política, porque es inevitable. Pero el eje de cada historia es una situación que trata de reflejarlo humanamente.
¿Qué diferencia encontrás entre el trabajo de un historiador y el de un periodista?
Yo envidio a los historiadores, me apabulla pensar en su trabajo. El historiador por ahí está sumergido en bibliotecas, en archivos, buscando un datito que le falta, algo que le complete el rompecabezas que están tratando de armar y es un laburo muy grande y a veces ingrato. Mi trabajo fue de recopilación histórica. Y lo periodístico entra quizás en la narrativa, en la forma de contarlo. Los periodistas tenemos ese ejercicio de contar de la manera más directa posible, de la manera más atractiva posible una historia.
En mi caso la documentación ya estaba. Lo difícil de esto, porque me llevó mucho tiempo, más de dos años, armar este libro, fue que no había una historia que ya estaba contada en algún lado, íntegramente. Eran todos retacitos, datos sueltos, que yo encontraba en un documento, en una carta, en una biografía de San Martín, y me llamaba la atención y entonces le ponía la lupa, empezaba a tirar del hilo para construir una historia. Cada una de esas 33 historias está construida a partir de retazos.
¿Qué fue lo que encontraste que más te sorprendió?
Varias cosas, y eso que había leído mucho sobre él. En los últimos años de su vida administró la fortuna de Alejandro Aguado, que era un gran amigo de él, al que llamaba “mi bienhechor” porque lo salvó de la muerte y de la indigencia. Aguado muere en un viaje al que San Martín no fue porque no lo dejaban entrar a España como argentino. Cuando abren su testamento, Aguado lo había nombrado albacea de su enorme fortuna y tutor de sus hijos menores. Con lo cual San Martín estuvo abocado casi cuatro años a una tarea que le era totalmente ajena y desconocida, como administrar una fortuna que hoy sería de miles de millones de euros.
¿Era una de las personas más ricas de Europa, no?
Sí, totalmente. Aguado era español, sevillano, había nacido en Sevilla y había sido compañero de San Martín en el ejército español cuando eran jóvenes. Después San Martín se vino a la Argentina en 1812. Los dos confluían en sus ideas liberales y eran hijos ideológicos de la Revolución Francesa, y ya ninguno de los dos quería seguir combatiendo contra Napoleón para que volviese una monarquía absolutista a España. San Martín se vino a la Argentina para combatir a la monarquía absolutista desde América. Y Aguado se pasa al ejército francés. Cuando Napoleón, es derrotado, se va a Francia, empieza a ser comerciante, después hace tanto dinero que dice, “¿qué hago con esta plata?”. Y pone un banco. Y después se transforma en prestamista. Los bonos se prestaban al estado español y a otros estados y se llamaban “bonos aguados”, los bonos de la deuda, así que imaginate.
Aguado muere de un ACV luego de una larga caminata en la nieve, en Gijón. Y San Martín tuvo que administrar esa fortuna y durante años tuvo que reunirse con abogados, con contadores, con expertos en arte, un mundo desconocido para él. Y se lo tomó con tanta seriedad y con tanto compromiso con su amigo muerto, que dedicó todos los días de casi cuatro años a administrar esa fortuna de la mejor manera para los hijos de Aguado.
El otro día, alguien con muchos seguidores se preguntó en X por qué no quedaban figuras políticas que murieran en la pobreza, como San Martín. Y yo que leí tu libro me dije pero San Martín no murió en la pobreza...
Claro, claro. Si, no murió en la pobreza. Tuvo distintas etapas de su vida, momentos de bienestar y malestar económico. Muchas veces los estados le donaban bienes por su lucha por la independencia. El gobierno de Chile le dio tierras, el gobierno de Mendoza le dio tierras, el gobierno nacional le dio una casa frente a Plaza de Mayo. Cuando se fue al exilio dejó un administrador. Y además, tanto los gobiernos de Perú como de Chile como de Argentina tenían que pagarle su pensión como militar retirado.
Pero esas pensiones no llegaban o llegaban a cuentagotas. Su cuñado (hermano de Remedios), que era el que administraba en una etapa los bienes de San Martín acá, quebró y San Martín perdió mucha plata. En otra ocasión había invertido en un banco de Londres y Álvarez Condarco sin consultarlo cambió de banco pensando en beneficiarlo porque daba más intereses y quebró ese banco y perdió todo.
En un momento, justamente cuando se reencuentra con Aguado en Francia, San Martín estaba enfermo de cólera y en la miseria porque no le llegaba plata de ningún lado. Estaba tratando de sobrevivir con lo que le había quedado de dinero de las remesas anteriores que le habían enviado. Así que Aguado lo salva no solo de morir -porque le pone médicos y una atención- sino que económicamente le facilita el dinero para comprar la casa de Grand Bourg y paralelamente al poco tiempo empieza a recibir sus pensiones.
Cuando muere Aguado, en su testamento, además de nombrarlo albacea para que administre su fortuna, le deja una parte a San Martín. Con lo cual él dice, no voy a tener problemas económicos el resto de mi vida. “Me ha salvado de la indigencia para siempre”, es la frase. Así que en toda esa etapa vivió bien, viajaba, hacia turismo, iba a la playa. Iba mucho a las aguas termales también por su problema de reuma.
San Martín tenía muchísimos problemas de salud, úlceras, era un asceta para comer por sus úlceras, tenía asma. Esa es una de las cosas que también me asombró: la cantidad de enfermedades que sufría. Tenía úlceras, vomitaba sangre, dormía casi sentado para poder respirar. Además tuvo enfermedades ocasionales como el cólera, cuando hubo epidemia en Europa. Tuvo muchísimos problemas de salud y muchos problemas personales también. Y a mí me hizo valorarlo mucho más, porque a pesar de todo eso hizo lo que hizo.
Hay varios mitos sobre el origen de San Martín. Hay uno que dice que es hijo de una criada guaraní y hay otro que dice que es hijo de Diego de Alvear.
No me convence esa teoría.
¿Cuál de las dos?
Bueno, hay una que confluye, que dice que era hijo de Diego de Alvear con una aborigen guaraní, Rosa Guarú. No encontré ningún documento donde confluyeran temporalmente Diego de Alvear y Juan de San Martín, el padre de San Martín. Los autores de esta teoría dicen que Diego de Alvear tuvo un hijo ilegítimo, por fuera de su matrimonio y le pidió a Juan de San Martín y a Gregoria Matorras que lo adoptaran. Bueno, no encontré ningún documento que demostrara que Diego de Alvear y los padres de San Martín vivieran en Corrientes al mismo tiempo.
Después, eso está tomado básicamente de una declaración de una hija de Carlos María de Alvear, la nieta de Diego de Alvear, donde ella dice expresamente eso, que ella era sobrina de San Martín, porque San Martín era medio hermano de su papá, Carlos de Alvear. Resulta ser que esta chica, Joaquina de Alvear, tenía problemas psiquiátricos muy severos. Los peritos psiquiátricos determinan en un juicio, donde el marido había recurrido a la justicia para que ella no pueda tomar decisiones sobre lo económico por su estado de salud, que era mitómana. Y sobre todo mitómana con grandes personalidades. Hablaba de un romance con Sarmiento, que se escribía con el Papa, con el presidente de Francia. Así que eso también le quita credibilidad. Pero sí, es muy probable la existencia de Rosa Guarú. Esta aborigen que también es muy probable que haya sido la nodriza de San Martín. Tiene su encanto creer que era la madre, pero yo la verdad que no encuentro nada que lo demuestre.
Era grande la madre de San Martín cuando lo tuvo...
Sí, cuando lo tuvo a él, 40 años. Algo inusual, pero también es inusual que se casó casi a los 29 años en una época en que las chicas se casaban a los 14, 15 años.
¿Cómo era la relación con sus hermanos?
San Martín tenía cuatro hermano mayores. La más grande era una mujer, María Elena. Luego venían Manuel Tadeo, Juan Fermín y Justo Rufino. Ellos vivieron juntos hasta los cinco años de San Martín, cuando se van a España. En España los tres hermanos varones entran a la carrera militar y ahí se separan por los destinos militares de cada uno. Es más, a su hermano Fermín San Martín no lo ve más porque se va a vivir a Filipinas. Lo envían a Filipinas y fue el último que dejó descendientes de la familia San Martín.
San Martín tuvo dos nietas que murieron sin dejar descendencia. ¿Hasta dónde llega la descendencia de los otros hermanos?
Hasta 1949, cuando muere el último San Martín en Manila. Fermín se casó en Manila con una española con la que tuvo varios hijos. Pero Manuel y Justo no tuvieron hijos. La hermana tuvo una hija, Petronila, que no tuvo hijos.
¿Cómo se llamaban las nietas de San Martín?
La mayor, Mercedes, igual que la madre. Y la menor Josefa. Ninguna tuvo hijos. Mercedes muere muy joven por una mala praxis médica. Le dan un remedio equivocado y muere a los veintipico de años. San Martín ya había muerto. San Martín muere cuando las nietas tenían 17 y 14 años.
Josefa tuvo una vida muy longeva y muy humanista, como San Martín. Heredó muchas cosas de él, que quizás no las desplegué tanto en el libro, pero era muy desconfiada. San Martín decía “esta no se va a morir por una cornada de toro”. Al igual que San Martín, era extremadamente generosa. Ella montó en su casa en Brunoy, Francia, un hospital para la gente pobre. Recién se había inventado la radiografía y sacaban radiografías gratis a la gente pobre. Y en el campo circundante a la casa se sembraban alimentos, frutas, papas, hortalizas, para darle a la gente pobre. Después llega la Primera Guerra Mundial y transforma esa casa en hospital para atender a soldados de los dos bandos, de Alemania y de Francia. Por eso es la única descendiente de San Martín que Francia no deja repatriar sus restos, porque es considerada heroína de guerra.
¿Por qué la Justicia no permitió hacer una examen de ADN de los restos de San Martín?
Porque eran mínimas las posibilidades de encontrar alguna compatibilidad con los actuales descendientes de Alvear, que son los que piden para demostrar que San Martín era hijo de Alvear. Y otro punto adicional es que Alvear y San Martín fueron muy amigos al principio pero después fueron muy enemigos, se odiaban. Y yo creo que Alvear si sabía ese dato no lo hubiera desaprovechado para desacreditar a San Martín, porque la pureza de sangre era fundamental en aquel momento.
También se dice que era hijo de una guaraní porque en los retratos que le hicieron parece de tez oscura.
Sí. Según lo que decía el propio San Martín, el retrato que más se le parece es el que está envuelto en la bandera argentina. Lo tenía colgado en su cuarto. Tanto Mercedes como Josefa consideran que era el cuadro que más se le parecía. Tenía tez aceitunada, pelo negro, ojos negros. Pero, a su vez, leí por ahí que el padre y la madre tenían ojos celestes. Pero solamente en un documento, una ficha militar del padre dice que ojos celestes. En todo el resto del documento dice ojos negros. Y en los retratos de los padres, tanto en el retrato de la madre, se los ve con ojos negros.
En un de los retratos aparece muy narigón.
El primero, el primero. Tampoco estaba tan desarrollada la pintura en la época colonial en Sudamérica. Era un pintor peruano. Creo que hacía lo que podía.
San Martín se casa con Remedios cuando ella tenía 15 años y él 34. Eso era algo común en la época, ¿no?
Sí, totalmente habitual. Los padres, apenas salían de la infancia, presentaban a las chicas en sociedad y quedaban en situación de casamentera. Remedios ya tenía un novio cuando lo conoce San Martín, o sea, ella estaba de novia a los 14 años, con un militar, Dorna de apellido. Ella se enamora de San Martín y rompe el vínculo con Dorna, que al año siguiente muere en Vilcapugio, pobre.
En tu libro explicás que el rumor de que San Martín era “cornudo” surge de un malentendido. ¿Podrías explicarlo?
Sí. Los opositores y los enemigos de San Martín aprovecharon la palabra “cornudo” en una carta de San Martín a Guido. Él le dice, “me siento un cornudo”. Pero se refería a la política claramente, lo sacaron de contexto arteramente porque él se estaba refiriendo a que Pueyrredón había hecho un acuerdo con el gobierno de Chile sin notificarlo a él, puenteándolo. Es muy claro el documento, la carta. Y como en ese momento tanto Alvear como los hermanos Carrera, el chileno José Miguel sobre todo, estaban en una campaña permanente de fake news contra San Martín, contaron o lanzaban libelos donde decían que Remedios lo había engañado con dos oficiales de San Martín, que a su vez habían desertado para irse con Carreras, en fin. Entonces se crea ese rumor. Pero simultáneamente a eso, hay cartas de San Martín a sus amigos donde habla muy amorosamente de Remedios. Nos parece enojado.
Sí es cierto que la manda a Buenos Aires.
En dos ocasiones la envía a Buenos Aires. Una, en el primer cruce, en el gran cruce de los Andes, que para San Martín era tremendo. Él decía, “no le tengo miedo a los españoles, le tengo miedo a la Cordillera”. Porque ese cruce es apoteótico, dificilísimo, peligroso. De hecho, llegan la mitad de las mulas, la mitad de los caballos, porque se van desbarrancando por el camino. Vos pensá que había desfiladeros que había que pasar por 40 centímetros de ancho el camino, en fila de a uno, y las cargas de las mulas tenían que sobrepasar el lomo para que no roce con la pared de la montaña y se caigan. Y aún así se cayeron muchas. Se cayeron muchísimas. Bueno, San Martín en ese primer viaje no la deja ir porque lo consideraba muy peligroso.
En la segunda ocasión que ella quiere ir con él a Chile, estaba enferma de tuberculosis. Y los médicos le aconsejaban que la mandara a Buenos Aires a tratarla, porque ni en Chile ni en Mendoza había suficientes conocimientos y avance de la medicina como para tratarla. Es por eso que vuelve a Buenos Aires y no se ven nunca más, porque ella muere.
Remedios pierde un bebé.
Sí, tiene un aborto cuando Mercedes tendría un año. Se lo escribe San Martín a O’Higgins, “ayer Remedios tuvo un aborto”. También hay que ver cómo se tramitaba eso. Hoy creo que es mucho más doloroso y afecta mucho más psicológicamente a las personas que antes. Me da esa sensación porque San Martín se va rápidamente a Chile después de eso. Pero vos pensá que un montón de chicos que nacían morían bebés en esa época, muchas madres morían en el parto, un aborto era como algo menor comparado con otras situaciones habituales más grandes.
San Martín cuando cruza los Andes estaba mal de salud.
Sí, claro. Había estado vomitando sangre muchos días en cama, había tenido un ataque de asma. Finalmente se recupera. No iba a postergar por nada del mundo el cruce porque ya estaba planificado.
¿Cómo cruza? ¿Arriba de un caballo o en mula?
En mula. La mayoría de las mulas eran para carga, solamente se reservaban mulas para transporte de los más altos oficiales y para soldados enfermos, que se enfermaran en el trayecto. Porque los caballos eran muy grandes para cruzar por esos pasos.
Pero también cruzan caballos.
Cruzan algunos caballos, sí, pero no llevando personas, porque las mulas son mucho más confiables. El que va arriba no la conduce, va la mula sola.
¿Por qué pensás que San Martín es un “héroe unánime”?
Primero porque objetivamente hizo algo grandioso. E incluso si no hubiera tenido tantos obstáculos hubiera hecho más aún. Pero aún así estuvo mucho tiempo en el ostracismo político y de valoración. Vos pensá que San Martín muere en 1850 y el primer reconocimiento, la primera estatua se hace es en 1863, 13 años después.
¿Es la que está en Plaza San Martín?
Exactamente. Estaba en otra posición pero en la misma plaza. Y el primero que lo rescata, además de Sarmiento, que en un momento escribe una nota sobre la epopeya de la batalla de Maipú, es Bartolomé Mitre, al cual el yerno de San Martín, Mariano Balcarce, manda muchísima documentación que tenía acumulada San Martín, que nunca quiso escribir su autobiografía.
Como Mitre era un factótum del nuevo Estado argentino, de la Nación... yo creo que necesitaba, como toda nación que se quiere consolidar, construir próceres. Y claro que San Martín era la persona adecuada. Me parece que Mitre simpatizaba mucho con Rivadavia, pero le faltaban méritos como para ser el padre de la patria. Entonces me parece que encontró esa figura en San Martín. Y le da el sesgo de su ideología, que era liberal, pro unitaria en aquel momento. Y después viene el revisionismo, que construye un San Martín rosista.
No es que Mitre inventa un prócer, elige el prócer correcto y escribe la biografía de este prócer y de la emancipación americana. Después otras corrientes políticas e historiográficas van rescatando otros aspectos de San Martín. Y el peronismo en 1950, cuando se produce el centenario de la muerte, crea el año del Libertador y le da un despliegue a la figura de San Martín, también muy grande, hace la avenida del Libertador, todo era del Libertador. Le pone San Martín a la línea de tren que va para Mendoza.
San Martín era antiabsolutista, de cierta forma liberal...
Sí, sí, ideológicamente era hijo de la Revolución Francesa, de los lemas de la Revolución Francesa, era un humanista, un demócrata. Primero más adscrito al republicanismo y después a la monarquía constitucional.
Eso hoy nos suena tan raro a nosotros. Cuando uno piensa en un rey inca... en esa época no sonaba tan absurdo.
No, claro. Aparte en Europa, en ese momento, en el momento de la declaración de nuestra independencia, se había retrotraído toda la ideología republicana, se habían restaurado todas las monarquías absolutistas. Entonces, acá creían, Belgrano y San Martín sobre todo, que la forma de obtener un reconocimiento era también a través de una monarquía y no de una república. Por eso en el Congreso de Tucumán ralean a todos los que proponían una república, como Moldes. Así que San Martín era liberal. En aquel momento, ser liberal era ser progresista, ¿no? Un tipo humanista, progresista, demócrata. Fue muy consecuente ideológicamente en toda su vida. Fue un gran político San Martín.
También lo engrandece nunca haberse metido en la interna política.
Claro. Él nunca quiere tomar parte. Él no toma parte de la pelea en la guerra civil entre federales y unitarios. De hecho, él desobedece la orden primero de Pueyrredón y después de Rondeau de venir con el ejército de los Andes a combatir a los federales. Rivadavia era su máximo enemigo y San Martín decía que lo llenaba de espías, le violaba la correspondencia, le creaba fake news en los diarios. Por información que le había llegado, temía que Rivadavia planeara hacerle un juicio sumarísimo y fusilarlo por aquella desobediencia. Creo que es uno de los principales motivos que tuvo para irse al exilio.
Y después cuando regresa, con su intención de volver definitivamente a vivir a la Argentina en 1829, se encuentra con que habían fusilado a Dorrego. Era el peor momento para desembarcar. Él espera que ya no esté Rivadavia en el gobierno para planear el regreso. Efectivamente, renuncia Rovadavia después de la guerra con Brasil. Hay un breve interinato de Vicente López, a quien San Martín le tenía afecto, y ahí empieza a preparar el viaje. Cuando le dijeron que gobernaba Dorrego, ya no tiene dudas, había sido soldado de él y San Martín lo valoraba, y se viene a vivir a la Argentina. Llega a Río de Janeiro, se entera de que Lavalle lo había derrocado, y cuando llega a Montevideo, se entera que lo había fusilado y que había comenzado una guerra civil. Con lo cual decide no bajar del barco. Después estuvo desde febrero a abril en Montevideo.
¿Ahí estaba viendo cómo se desarrollaba la situación política?
No, porque él venía con una sola idea, venir a vivir a Argentina, entre otras cosas que tenía que hacer en la Argentina era ordenar toda su situación económica que era caótica acá, tenía campos, casas y estaban dándole pérdida o no les llegaban los alquileres o no sabía en qué estado estaban, entonces venía básicamente a ordenar eso, venía sin un peso además. Tanto es así que le pide prestado a alguien para pagar el hotel en Montevideo. Venía a ordenar su situación económica. Entonces lo hace desde Montevideo en esos meses. Y después se vuelve a dónde vivía en ese momento, en Bruselas.
Y después varias veces pensó en venir a la Argentina. Durante la guerra de Brasil piensa en ofrecerse pero desiste porque estaba Rivadavia. Después, cuando es el bloqueo anglo-francés, le ofrece a Rosas venir a combatir. Ya tenía 62 años. Y Rosas le dice que no, que mejor que fuese embajador en Europa ante Francia e Inglaterra. Y San Martín le dice que no, que es soldado, no diplomático. Igual sigue manteniendo correspondencia permanente con Rosas.
Luego, el presidente de Chile le ofrece volver a Chile. Su sueño siempre era vivir en Mendoza. Alguna carta dice, bueno, a orillas del río Paraná algún tiempo, como ir y venir del río Paraná a Mendoza. Cuando le ofrecen volver a Chile, él se entusiasma, pero es cuando muere Aguado y tiene este compromiso de honor con él. Y cuando termina de hacer todo ya estaba grande. Ya sus hijas y sus nietas estaban afincadas en Francia.
¿Qué opinás del traslado que hizo Milei del sable corvo, de sacarlo del Museo Histórico Nacional y llevarlo al cuartel de Granaderos?
Yo no le veo sentido, porque históricamente estuvo en el Museo Histórico Nacional. No le veo sentido, ni por la historia, ni por la seguridad, ni por la practicidad. Ese sable, San Martín lo compra en 1811, lo tiene toda su vida, salvo algunos años que se lo deja a una amiga en Mendoza. Cuando se va al exilio se lo deja a una amiga, pero después su yerno lo recupera y se lo lleva de vuelta a Francia. Y lo tiene con él hasta su muerte. En el testamento, que hizo seis años antes de morir, se lo lega a Rosas.
Eso quizás lo pone de un lado, porque cuando llega Sarmiento y lo entrevista dice que está viejo, que no sabe lo que dice, que está lejos del país.
Sí. Sarmiento es como que lo subestima, porque toda su vida estuvo muy informado de lo que pasaba en Sudamérica. Vivía en contacto permanente a través de cartas con políticos de Perú, de Chile, de Colombia y de la Argentina, por supuesto. Su amigo Guido, uno de sus dos mejores amigos, era diplomático de Rosas, fue canciller, fue enviado plenipotenciario a Brasil.
O sea que sabía lo que hacía.
Sabía lo que hacía. Estaba totalmente consciente. Él consideraba a la batalla de la Vuelta de Obligado casi de tanta importancia como nuestra declaración de independencia, así que por la defensa de la soberanía nacional es que argumenta su legado del sable a Rosas. Y cuando Rosas es derrocado en la batalla de Caseros y se exilia en Inglaterra, sale de apuro al exilio corriendo en un barco inglés, y se lleva muy poquitas cosas, entre ellas el sable. Cuando muere Rosas, su hija, Manuelita, se queda con el sable. Carranza, el director del Museo Histórico Nacional, le pide que lo done al museo, y Manuelita lo hace en 1897. Y el presidente de entonces, José Evaristo Uriburu, firma un decreto donde ratifica que el sable tiene que estar en el Museo Histórico Nacional.
Ahora vos decías, no corresponde ni histórica, ni práctica, ni de seguridad.
Históricamente la mayor parte del tiempo, salvo un periodo que estuvo en el regimiento de Graneros a Caballo, después de un par de sucesivos robos del sable, de acción propagandística del peronismo en 1963-1965, que fue recuperado, entregado, devuelto rápidamente. Siempre estuvo en el Museo Histórico. En aquel momento Onganía dijo, “saquémoslo del Museo Histórico y llevémoslo al regimiento”, después de los robos, por una cuestión de seguridad.
Cuando es restituido al Museo, es con una guardia permanente las 24 horas de granaderos. O sea que tampoco en el Museo Histórico Nacional hay riesgo de que peligre la seguridad del sable. Y en la parte práctica, los argentinos, las familias, los niños de las escuelas, que van a ver todo nuestro acervo histórico, que están en el museo, incluido un montón de cosas de San Martín, van a llegar y van a ver todo eso, y no el sable. Hay muchas cosas de San Martín en el Museo Histórico. Está su habitación como estaba en Boulogne Sur Mer cuando murió. Porque su hija, cuando donan a Carranza todo, los muebles, todo lo de la habitación le dibuja un croquis y le pide expresamente que los pongan en la misma disposición que estaban en la habitación y le hace un dibujo de donde estaba cada mueble, cada cuadro. Y esto no va en desmedro de los granaderos a quienes los argentinos le debemos muchísimo. Me parece totalmente impráctico. No encuentro la razón. No le veo el sentido.
Hay algo polémico en San Martín y es su relación con los ingleses. Vos decís que fue algo instrumental.
Inglaterra era enemiga de España, pero se alía circunstancialmente con España contra Napoleón, porque Napoleón era más enemigo de Inglaterra que España. Pero Inglaterra siempre tuvo apetencia económica sobre Sudamérica. Intentó hacerlo militarmente con las invasiones inglesas. Y España repelió el ataque. Porque éramos España en ese momento, no es que Argentina repelió las invasiones inglesas. Así que en el momento en que San Martín se vincula con Inglaterra, Inglaterra estaba aliada a España y no podía participar, favorecer a los independentistas desembozadamente, pero sí, de todas maneras, le convenía que España perdiera las colonias. Para ellos era comerciar, porque España tenía el monopolio del comercio.
¿Inglaterra financia a San Martín?
Personas... San Martín hizo vínculo con muchos ingleses como compañeros de guerra. Inglaterra, España y Portugal estaban aliados contra Francia. Ahí conoció a muchos ingleses. Entre ellos, al conde de Fife, que era un tipo muy poderoso y además era amigo del que después iba a ser el rey de Inglaterra. Entonces, San Martín acude a él para que lo ayude a salir de España. San Martín se escapa de España con otros militares en la Fragata Canning. Zapiola, Chilavert y otros americanos de otros países que resuelven ir a luchar contra la monarquía absolutista a sus lugares de nacimiento en América. El le miente al gobierno español para poder salir, que se va a Perú a solucionar algunos problemas comerciales. Y el Conde de Fife hace que se vaya en un buque de guerra inglés a Portugal, y en Portugal, que estaba dominado por los ingleses en ese momento, porque la corona portuguesa estaba en Brasil, la administración de Portugal estaba en manos de los ingleses, hacen transbordo y ahí lo llevan a Inglaterra. Y en Inglaterra, a través del conde de Fife, le facilitan la fragata. O sea, le da un apoyo logístico.
También cuando San Martín va de Chile a Perú, en barco, había muchos oficiales ingleses.
Todos. Todos los capitanes de todos los barcos de la flota eran ingleses. Sí, había cientos de ingleses. Que fueron reclutados en Inglaterra por enviados de San Martín o algunos pocos que San Martín conocía de la guerra en España. Inglaterra quería que los americanos dañaran a España. Por eso digo que es una relación de mutualismo. Inglaterra necesitaba que los independentistas dañaran a España y los independentistas necesitaban el apoyo de Inglaterra para enfrentar a España.
De hecho, esas críticas de pro-inglés o agente inglés que le dijeron quedan totalmente desautorizadas en muchas situaciones. Una, cuando se exilia San Martín pensaba irse a Bélgica o a Francia, pero se va primero a Inglaterra, en 1824. Y va con el objetivo de lograr que Inglaterra reconozca la independencia de nuestros países, porque pensaba, que si nos reconocía Inglaterra, ya España no tenía retorno, no puede ir a reconquistar países que ya están reconocidos por la gran potencia de Inglaterra. Y el conde de Fife es el que le abre las puertas a todas esas negociaciones, a la corona, era amigo del rey. Finalmente, por un error de Fernando VII, que prohibió la masonería y condena a muerte a masones en España, el rey de Inglaterra, el jefe de la masonería en Gran Bretaña, y Fife, el jefe de la masonería en Escocia, fue la gota que rebasó el vaso y terminó de decidir al rey de Inglaterra a reconocer la independencia. Y San Martín le escribe a su amigo Chilavert, “Inglaterra va a reconocer nuestra soberanía, la tarea está terminada”.
Después cuando Inglaterra y Francia (país donde él vivía) bloquean nuestros ríos, en la época de Rosas, él se pone enfrente de Inglaterra, escribe en diarios ingleses artículos defendiendo la posición de Argentina.
Yendo a cosas más prosaicas. En la tapa de tu libro está San Martín de poncho y tomando mate. ¿Esto está chequeado históricamente, que usaba poncho y que tomaba mate?
Sí, sí, sí, sí. Usaba poncho, casi todos los cruces de la cordillera eran con poncho para abrigarse del frío. Y en su vida cotidiana, cuando no estaba vestido de militar y en momentos de frío, usaba poncho. Y tomaba mate. Y en Francia y Bruselas, donde no había yerba mate, tomaba café en mate. En vez de tomar en un pocillo, lo tomaba con bombilla.
¿El mate tiene que ver con que había nacido en Corrientes?
Yo creo que no, porque de Yapeyú se fue con un año y cuatro meses. No creo que hubiera tomado mate. Pero sí en la Argentina, cuando volvió, todo el mundo tomaba mate. En Buenos Aires, claro. Ese dibujo es de un artista buenísimo que se llama Reinaldo Cortés, que logró darle esa consonancia con el título. Un San Martín de vida cotidiana, un San Martín con poncho, con mate, relativamente joven.
¿San Martín tenía acento andaluz?
Se le fue cambiando. Alberdi, cuando lo entrevista en París, dice que a él le habían dicho también que hablaba en castellano, decía él. Pero se encontró que hablaba con un perfecto americano, como cualquier americano, dice Alberdi. Eso sí, intercalando palabras en francés muchas veces. Una mezcla, un cocoliche entre español y francés, pero con acento americano. Así que se ve que lo fue perdiendo con el tiempo.
¿Le gustaba comer asado?
Sí, comía asado, puchero, guisos, aves asadas, patos, pollos.
Y tomaba vino, ¿no?
Vino, sí, claro. El tomaba un vino mendocino y promovió la industria vitivinícola. Creó una ley cuando era gobernador de Mendoza para proteger la industria del vino contra la importación, frenando la importación de vino. Tenía políticas económicas proteccionistas siempre, tanto las dos veces que le tocó gobernar un estado o una provincia, en el caso de Cuyo, cuando fue gobernador, y cuando fue jefe de estado en Perú, tomó medidas económicas proteccionistas.
¿Cómo era su relación con su hija?
Él vivió mucho tiempo con Mercedes. Él la deja de ver cuando tenía dos años y pico y la reencuentra cuando la nena tenía casi cinco años. Y viene para llevársela a vivir con él a Europa y ella no quería saber nada. La suegra de San Martín, y una tía, hermana de Remedios, la criaron en Buenos Aires. San Martín tardó cinco días en que la suegra le dejara ver a la hija cuando llegó. Fue un conflicto muy grande. La nena que no se quería ir, la suegra que no se la quería dar, él que tenía la patria potestad y bueno, “mi hija y me la llevo”. Así que todo eso fue un comienzo muy conflictivo de relación con la hija. Aparte él decía que estaba muy malcriada, que era desobediente, maleducada, traviesa y culpaba la suegra de esa mala crianza. El propio San Martín cuenta que de los 72 días de navegación a Europa, la mayor parte estuvo de penitencia.
Pero después San Martín revela que siempre se nota un amor inacabable por su hija, un amor enorme. Es más, yo no lo destaco en el libro, pero hay un hecho incontrastable. Yo no conozco otro prócer que se haya hecho cargo personalmente de una hija.
Cuando un hombre en aquellas épocas enviudaba se lo criaba una familiar mujer o una congregación religiosa, no se quedaba un prócer de algún momento solo criando su hija en una vida cotidiana y San Martín lo hizo, es el único caso.
San Martín enviuda relativamente joven.
Muy joven muere ella, a los 26.
Y él no vuelve después a formar pareja.
Evidentemente tuvo que haber tenido romances. Hay pocos acreditados, porque era tremendamente discreto, así como con otros próceres conocemos, todos los amantes, de Sarmiento, por ejemplo, que conocemos todas, novias, amantes, esposas. A San Martín se le conoce en muy pocos casos. También tenía amigos muy discretos porque son pocos los que cuentan. Hay algunas cosas que yo las cuento ahí en una de las historias, su vínculo con otras mujeres, pero era muy discreto con eso.


