El politólogo Agustín Laje afirmó que el kirchnerismo atraviesa “el peor momento de su historia” y sostuvo que su identidad política “está totalmente quebrada”. Lo hizo en el programa Nada Personal: el debate de la semana, que se emite por El Cronista Stream y es conducido por Julián Yosovitch, con un panel integrado por Florencia Barragán, Agustín D´attellis y Daniela Romero.
Durante el intercambio, Laje identificó cuatro factores que, a su juicio, explicaron el deterioro del espacio político que gobernó la Argentina entre 2003 y 2015 y que luego volvió al poder en 2019. “El kirchnerismo está en el peor momento de su historia, porque hay cuatro componentes que fueron fundamentales para su propia construcción como identidad política, que hoy le faltan”, afirmó.
El primero, planteó, es la ausencia de liderazgo. “En primer lugar, le falta un líder. El kirchnerismo nunca tuvo problema de liderazgo, al contrario, era un movimiento político en el que el liderazgo era fundamental e incuestionable. Primero Néstor, después Cristina, y después, cuando estuvo Alberto, sabíamos que era Cristina. Hoy no sabemos quién es”, señaló. Y agregó: “No hay liderazgo político a la vista”.
Como segundo punto mencionó la pérdida de anclaje en la juventud. “El kirchnerismo amaba, atraía a la juventud, tanto que bajaron la edad para votar a 16 años”, recordó. Sin embargo, sostuvo que ese vínculo se debilitó y que el espacio perdió capacidad de seducción entre los votantes jóvenes, a quienes —según dijo— hoy acusa de “girar hacia el mileísmo”.
El tercer elemento fue la erosión del “relato”. “Le falta un relato. El kirchnerismo tenía un relato muy bien construido. Era el relato del setentismo en clave histórica y el del socialismo del siglo XXI en clave regional. Y hoy ambos relatos están en vías de extinción”, afirmó.
En ese marco, defendió la necesidad de revisar el pasado cuando un proyecto político se propone reformas estructurales. “Si vos venís a reformar algo en términos realmente sustanciales, tenés que explicar qué querés reformar, por qué lo querés reformar y cuáles fueron las cagadas que generaron aquello que querés reformar”, dijo. A su entender, esa explicación resultó una “necesidad estructural del discurso político reformista”.
En contraste, cuestionó la experiencia de Mauricio Macri y señaló que su gobierno “se olvidó del pasado muy rápidamente” y avanzó en “reformas muy tibias que no tuvieron la necesidad de explicar nada porque era más continuidad que cambio”.
El cuarto factor que enumeró fue el contexto regional. “El kirchnerismo estuvo inserto en un contexto político regional que en aquel entonces giraba hacia la izquierda”, indicó, en referencia al ciclo político vinculado al Foro de São Paulo y al Grupo de Puebla. Mencionó además a líderes como Evo Morales, Rafael Correa, Luiz Inácio Lula da Silva y Andrés Manuel López Obrador.
“Ese proyecto en realidad estamos viendo cómo se desmorona ante nuestros ojos. La tendencia política regional hoy va por la derecha”, sostuvo. Por eso, concluyó que “la identidad misma del kirchnerismo está totalmente quebrada”.
En otro tramo del debate, Laje se refirió a la agenda de derechos impulsada durante los gobiernos kirchneristas y cuestionó lo que definió como un viraje cultural. “El kirchnerismo fue un populismo socialista durante sus primeros años y después tuvo un viraje hacia políticas culturales progres que no necesariamente estaban al inicio”, planteó.
En ese sentido, diferenció etapas y sostuvo que el espacio “se vuelve woke especialmente en la época de Alberto Fernández”, al incorporar con mayor énfasis políticas de género y diversidad. Expresó su expectativa de que el oficialismo actual pueda “desandar no solamente el esquema económico kirchnerista sino también el esquema cultural”.
Al aludir a Estados Unidos, citó el reciente discurso de Donald Trump cuando afirmó: “Bajo mi administración hemos derrotado la agenda woke y la hemos sacado del Estado”, para ejemplificar el tipo de giro cultural que, a su entender, debería replicarse.
El politólogo abordó el debate sobre el aborto y manifestó su deseo de que el Congreso vuelva a discutir la ley vigente. Ante la pregunta sobre si el Gobierno podría impulsar una nueva discusión, respondió: “A mí me encantaría que con un Congreso favorable se encuentre pronto la oportunidad política para poder hacerlo”.
Sostuvo que en 2018 “el sector celeste ganó, el sector verde perdió” y que cuando la ley se aprobó, durante la pandemia, el debate público resultó más acotado. “Cuando verdaderamente se discutió el aborto en la Argentina fue en el 18”, afirmó.
Consultado sobre si esa agenda podría dividir al electorado libertario, respondió que no creía que el Presidente actuara por conveniencia electoral. “Si hiciera las cosas porque le conviene, en realidad no tendría que haber hecho prácticamente nada de lo que ha hecho hasta ahora”, señaló. Y agregó: “Yo que lo conozco hace por lo menos una década, te puedo asegurar que no es esa la forma en que piensa”.
Desde el plano filosófico, Laje argumentó que el libertarismo, entendido como doctrina ética, no es compatible con el aborto. “El principio fundamental del libertarismo es ético: nadie tiene el derecho a iniciar el uso de la fuerza contra una persona inocente”, explicó. A su juicio, el aborto implica “ejercer una violencia arbitraria que produce la muerte de un ser humano en gestación”.
“Eso que está en el vientre materno es un ser humano”, afirmó, y sostuvo que desde el momento de la fecundación existe “un individuo genómicamente autónomo”. Por lo tanto, concluyó: “A mi juicio, el libertarismo no podría estar a favor del aborto”.
No obstante, reconoció que existen libertarios que sostienen la postura contraria, al priorizar la autonomía de la mujer. “Ellos tendrán otros argumentos”, dijo, aunque consideró que no resultan válidos desde su perspectiva ontológica.
La discusión derivó hacia el modelo económico, en particular sobre el impacto sectorial de la apertura comercial y la caída de la inflación. Frente a la preocupación planteada por los panelistas respecto de una eventual “primarización” y la situación de la industria, Laje defendió la orientación oficial.
“Nuestra óptica es exactamente la contraria: uno excluye cuando eleva la carga del Estado sobre los hombros de individuos que, si fuesen libres, no estarían dispuestos a consumir determinados bienes y servicios”, afirmó. En esa línea, cuestionó el concepto de “protección” industrial. “Cuando hablamos de protección estamos hablando de un conjunto de burócratas que toman decisiones para que esa industria no tenga que competir realmente o para que viva de ingresos de personas que ni siquiera consumen sus bienes ni sus servicios”, señaló.
Como ejemplo, mencionó el caso de Fate, que estuvo en el centro del debate público en los últimos días. “¿Cómo puede ser que quiebre una empresa argentina? Bueno, si la empresa argentina no tiene capacidad para competir frente a otras empresas internacionales y, además, nos ha vendido sus productos por la ‘protección’ que le daban sus socios, los políticos, eso no era una forma de incluir a los argentinos. Al contrario, esa era una forma de excluirlos de las decisiones económicas”, argumentó.
El intercambio incluyó una comparación con la política comercial de Donald Trump, a quien Milei suele reivindicar en el plano internacional. Ante la observación de que Trump aplicó medidas proteccionistas, Laje marcó diferencias. “Trump es proteccionista, más por razones geopolíticas que por razones políticas internas”, sostuvo, y vinculó esa estrategia al desafío que enfrenta Estados Unidos frente a China.
Sobre el cierre del programa, la conversación derivó de manera directa hacia el futuro político del propio Agustín Laje y la posibilidad de que se convierta en candidato en una eventual segunda etapa del oficialismo.
Ante la pregunta explícita —“¿Serías candidato?”— y el recordatorio de que no está afiliado a La Libertad Avanza, Laje respondió sin descartar esa opción. Confirmó su origen cordobés y explicó que hoy su principal limitación es académica. “Yo estoy terminando un doctorado en filosofía, en España. Este es el último año. Hacer un doctorado es muy largo. Dura cinco años. Este es mi quinto”, detalló.
En ese marco, sostuvo que su residencia parcial en el exterior le impide asumir responsabilidades legislativas. “Lo único que me obstaculiza verdaderamente es mi vida en España. Voy y vengo, y evidentemente no puedo ser ni diputado ni senador viviendo varios meses al año allá”, afirmó.
Sin embargo, dejó abierta la puerta a una candidatura una vez finalizada esa etapa. “Apenas termino el doctorado, quedo a disposición de lo que el presidente Milei disponga”, señaló. Y, ante la repregunta sobre si eso implicaba una eventual postulación este mismo año, respondió: “Sí”.

