La Great Divide Mountain Bike Route se ha consolidado como el sendero de ciclismo de montaña más extenso del mundo, uniendo Canadá y Estados Unidos a través de una travesía de 2.700 kilómetros que representa un desafío extraordinario incluso para los ciclistas más experimentados.
Desde su creación en 1997, esta ruta se ha convertido en un emblema para los amantes del deporte de aventura, atrayendo cada año a cientos de entusiastas dispuestos a recorrer paisajes inexplorados y a poner a prueba sus límites físicos y mentales.
La Great Divide comienza en la localidad de Banff, en la provincia de Alberta, Canadá, y se extiende hasta Antelope Wells, un remoto punto fronterizo en Nuevo México, Estados Unidos, ubicado en pleno desierto de Chihuahua. Este trayecto cruza la columna vertebral del continente norteamericano, siguiendo de cerca la divisoria continental de aguas, lo que permite a los ciclistas atravesar praderas, bosques, pasos montañosos y desiertos.
Lo que distingue a este sendero de otros es su longitud: 2.700 kilómetros de caminos continuos, lo que lo convierte en la ruta de mountain bike más larga y demandante del planeta. Solo un 10% del recorrido está asfaltado, mientras que el resto se compone de senderos irregulares, pistas de grava y caminos forestales, lo que exige habilidades técnicas y una preparación física considerable.
De acuerdo con el portal especializado Bikepacking, la dificultad de la travesía alcanza un 5,5 sobre 10, una calificación que refleja tanto los desafíos propios del terreno como la accesibilidad para quienes, sin ser profesionales, desean embarcarse en esta aventura.
Desde su inauguración en 1997, la Great Divide ha servido como un laboratorio natural para quienes buscan explorar la diversidad geográfica y climática de América del Norte. El diseño original del sendero tuvo como objetivo conectar puntos emblemáticos de ambos países, permitiendo a los ciclistas conocer a fondo regiones poco transitadas y comunidades rurales, muchas de las cuales dependen del turismo deportivo para su desarrollo.
Las cifras que rodean a la ruta son impactantes: a lo largo de sus 2.700 kilómetros, el ciclista acumula una ganancia de altitud cercana a los 61.000 metros, una cifra que equivale a escalar el Monte Everest más de seis veces. El recorrido atraviesa parques nacionales de renombre, valles glaciares, pasos de alta montaña y reservas indígenas, ofreciendo panorámicas únicas y una biodiversidad notable.
Uno de los grandes atractivos de la Great Divide es la posibilidad de experimentar cambios ambientales y de altitud en cortos tramos. Los participantes pueden pasar de pedalear entre bosques de coníferas a enfrentarse a temperaturas extremas y vientos áridos en cuestión de horas.
Este contraste obliga a quienes se animan al desafío a prepararse con rigurosidad, no solo en términos de resistencia física, sino también en cuanto a equipamiento y logística.
A pesar de su fama internacional, la Great Divide no está reservada exclusivamente para atletas de elite. Según la organización Adventure Cycling Association, responsable del mantenimiento y promoción de la ruta, “no es necesario ser un campeón mundial para intentarla: basta con estar motivado, planificar adecuadamente y respetar los propios límites”.
El tiempo promedio para completar el recorrido supera el mes de duración, dependiendo de las condiciones climáticas, la experiencia del ciclista y el ritmo diario.
El sentido de comunidad entre los participantes es otro de los rasgos distintivos de la experiencia. A lo largo del camino, es común encontrar pequeños grupos de ciclistas que se apoyan mutuamente, comparten provisiones e historias, y construyen lazos basados en la solidaridad y el respeto al entorno.
La seguridad y el respeto por la naturaleza son pilares fundamentales de la Great Divide. Las autoridades locales y asociaciones ciclistas advierten sobre la necesidad de informarse previamente acerca de las condiciones del terreno, la presencia de animales salvajes y la escasez de suministros en algunos tramos.
Adventure Cycling Association recomienda portar mapas actualizados, dispositivos de comunicación vía satélite y suficiente agua, especialmente en los sectores más áridos.


