Erasmo Rosas y su esposa Dulce Blas salieron de Tecámac, Estado de México, desde muy temprano rumbo a la Ciudad de México.
Al filo de las nueve de la mañana ya habían logrado su objetivo: vacunar a sus hijos Ingrid y Diego Rosas, de 11 y diez años de edad, respectivamente, y a Josué García, el adolescente de 18 años que los acompañaba, contra el sarampión.
En el puesto de vacunación instalado dentro de la Unidad Médica de Alta Especialidad del Hospital General “Dr. Gaudencio González Garza”, que forma parte del complejo del Centro Médico Nacional La Raza, del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), se registró ayer baja afluencia de personas interesadas en ser inoculadas contra el virus.
El horario de atención a la población en general en el sitio es de las ocho de la mañana a las ocho de la noche, todos los días de la semana.
Entre las ocho y las once de la mañana fueron vacunadas una decena de personas, entre niños y adultos.
El señor Rosas narró que prefirió viajar a la capital para vacunar a sus hijos porque en Tecámac hay mucha demanda y las vacunas contra el sarampión no alcanzan.
La semana pasada uno de sus vecinos pasó el día esperando turno y no pudo vacunarse porque se acabaron las dosis en el módulo al que acudió, aseguró.
Michelle Hernández Uribe, de 36 años, comerciante, también se vacunó ayer contra la infección que es muy contagiosa y causa erupción cutánea en todo el cuerpo y síntomas similares a los de la gripe. Ya vacunada comió un tamal que compró en el puesto afuera del hospital mejor conocido por sus derechohabientes como “Puerta de Cristal”.
Sin necesidad de hacer fila ante la baja demanda, Nelly Paredes, de 42 años, tardó “menos de diez minutos” en ser vacunada, y aseguró que recibió “buen trato”.
Selene Velázquez llegó acompañada de su hijo Leonardo, de cinco años, ella de 39. La inyectó una enfermera, el enfermero tomó sus datos, contó.
“¿Se pueden retirar…?”
Personal médico y de enfermería, que no quiso proporcionar su nombre, se negó a informar sobre el número de vacunas disponibles para aplicación durante la jornada dominical.
“Hay vacunas suficientes”, expresó, cortante, el enfermero del lugar.
Y llamó por su teléfono celular a su jefa, “la doctora”, que supuestamente ofrecería la información solicitada sobre el desarrollo de la jornada de vacunación contra el sarampión en el lugar.
En el primer piso apareció “la doctora” de bata blanca, cabello escaso y rizado, que se limitó a confirmar la negativa y, ante la petición de proporcionar su nombre, simplemente se fue.
Para ese momento la oficial de la Policía Federal que se encontraba de guardia, “Báez Díaz”, como respondió al preguntarle su nombre, que negó proporcionar, cuyas siglas son SM, como se pudo leer en su placa colocada al pecho, ya había llamado a más autoridades de la institución de salud pública, que según su argumento “no es pública, sino federal”.
“¿Se pueden retirar..?”, ordenó, así como borrar la fotografía ya tomada, porque “está prohibido tomar fotos y videos en un espacio federal”.
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