"Ver el mundo desde mi vereda es distinto. Ver el mundo como lo vemos las travestis es aberrante, pero es sincero", dice la autora en este texto en el que, una "Ver el mundo desde mi vereda es distinto. Ver el mundo como lo vemos las travestis es aberrante, pero es sincero", dice la autora en este texto en el que, una

Pedófilos todos

2026/02/22 11:01
Lectura de 8 min

“Son pedófilos”, dijo el intento de presidente. “Alejen a las drag queens de los niños”, gritaron en Estados Unidos. “La bandera de seis colores representa perversión”, repiten en Rusia. “La transexualidad es un trastorno mental”, aseguran en Perú.

¿Y la realidad cuál es?

La primera vez que puse un pie en los Bosques de Palermo comencé a conocer historias. No eran las mías. Eran historias desgarradoras, de esas que la gente ama escuchar. De esas que hacen que nos miren con lástima. El trabajo en la calle era -y sigue siendo- una forma de hacernos saber que valemos menos. Que ese lugar no molesta. Que ahí no estorbamos. Que ahí no le importamos a nadie.

Empecé a conocer historias. Entre ellas, las de mis amigas. Amigas de veinte años que ya estaban paradas en esos bosques oscuros desde hacía más de seis. Conocí a Corazón, una chica trans de trece años. Conocí a Diane, que mostraba orgullosa las fotos de su fiesta de quince, que se pudo pagar ella sola trabajando ahí. Un mundo miserable que conocí de golpe. El verdadero lado del mundo. Y ahí, en ese lugar, en esa realidad… ¿Quién reclamaba por lo que tanto se nombra?

Nos fascinamos cuando aparecen nombres famosos en las listas de Epstein. Nos indignamos. Compartimos titulares. Jugamos a detectives morales por redes. Pero… ¿qué pasa con los nombres que no están en ninguna lista? ¿Qué pasa con el abuso cotidiano? Con el abuso normalizado. Con el abuso que no escandaliza porque las víctimas somos nosotras. Porque cuando sos trava, parece que no importa. Parece que el abuso viene incluido. Que la violencia es parte del paquete. Que nos la merecemos.

Ayer leí en redes que en Estados Unidos, Eva Cordero, una travesti que trabajaba como modelo, ya había denunciado a Epstein en 2007. Tenía dieciséis años. Relató abusos. Relató violaciones. Pero nadie le creyó. Los titulares se burlaban. La ridiculizaban. El New York Post la nombraba como “un hombre”, quitándole toda humanidad, toda credibilidad, toda seriedad.

Otra vez: el sistema defendiendo al poderoso y aplastando a la víctima.

Y entonces miro para atrás, a mi propio país. Y pienso: ¿y el caso Candelmo? ¿O acaso no estuvo preso el pedófilo que la abusó? Pero los medios -como siempre- hicieron de ella una caricatura. De él, un “acá no pasó nada”. Un pobre tipo. Un error. Un malentendido. Siempre lo mismo.

Así como con los políticos que viven del Estado hace cuarenta años y la gente los vuelve a votar, hay abusadores que, pase lo que pase, vuelven a ser elegidos. Vuelven a la tele. Vuelven al poder. Vuelven al escenario. Vuelven a la fama. No hay prueba que alcance.

Un pedófilo puede volver a tener su programa de televisión como si nada. Puede volver a ser respetado. Puede volver a ser invitado. Puede volver a ser aplaudido. Porque el mundo ya es así. Miramos para otro lado. Siempre.

Miramos para otro lado cuando una nena desaparece. Cuando una trava denuncia. Cuando una víctima habla. Cuando alguien rompe el silencio. Miramos para otro lado porque duele mirar de frente. Porque incomoda. Porque obliga a revisar nuestras propias miserias.

Ahora, los que no miran para otro lado son los que intentan desviar la atención. Proyectar en el resto. Acusar para no mirarse.

Hace unos días se casó por iglesia un matrimonio trans. No pasaron ni dos horas. Dos. Y la gente -gente de mierda- empezó a poner el grito en el cielo. Ese cielo lleno de pervertidos absueltos de sus peores pecados. “Anulen ese matrimonio”, dijeron.

Jamás levantaron la voz tan rápido. No lo hicieron con el padre Grassi. No lo hicieron con los miles y miles de curas abusadores que van moviendo de pueblo en pueblo, regalándoles nuevas víctimas. No lo hicieron con las denuncias. No lo hicieron con las pruebas. No lo hicieron con los testimonios. No lo hicieron nunca.

Tampoco lo hicieron cuando Mónica Cremona, la monja que ayudó a tantas trans a vivir mejor, a tener un techo, un plato de comida, un refugio, fue expulsada injustamente de la Iglesia.

Ahí, silencio.

Pero ahora sí. Ahora se escandalizan. Por dos personas que se aman. Porque la gente es rancia. Inculta. Ignorante. Cruel.

Fue en 1960 cuando Coccinelle fue rebautizada por la Iglesia Católica de Francia con su nombre de mujer y pudo casarse frente a miles de personas. Sesenta años después, seguimos discutiendo lo mismo.

¿Qué les molesta tanto? ¿La unión de dos personas que se quieren? ¿O defender el “sagrado matrimonio” ¿Matrimonio? ¿Cuántas manos con anillos de oro en los dedos sacaron billetes de sus bolsillos para comprar cuerpos? ¿Cuántos “señores respetables” pagaron por abusos clasistas disfrazados de “servicio”? ¿Cuántos maridos ejemplares fueron clientes de prostíbulos? ¿Cuántos se persignan frente a un cura y después terminan de rodillas en un piso sucio?

Hipócritas. Juran fidelidad. Juran valores. Juran familia. Juran moral. Y viven mintiendo.

¿Cuántos de esos “grandes señores” tendrán perfiles en foros clandestinos como escorts-xp donde se avisan entre ellos dónde hay menores, dónde hay mujeres que cobren poco y “hagan mucho”, dónde hay cuerpos vulnerables disponibles, hasta donde hay animales para practicar su zoofilia?

Porque eso existe. No es teoría. No es exageración. Es público. Es obsceno. Lo puede leer cualquiera. Y nadie parece escandalizarse lo suficiente.

Ver el mundo desde mi vereda es distinto. Ver el mundo como lo vemos las travestis es aberrante, pero es sincero. Nosotras sabemos lo que es el odio sin haberlo provocado. La ilegalidad sin haberla elegido. La marginalidad sin haberla pedido. Sabemos lo que es el abuso. Sabemos lo que es la impunidad.

Escucho que el país se paraliza por una reforma laboral y me pregunto, honestamente, qué se sentirá tener un trabajo registrado. Qué se sentirá tener aportes. Vacaciones. Aguinaldo. Derechos.

A muchas de nosotras jamás nos contrataron en ningún lado. Jamás mi currículum fue suficiente. Jamás mi talento artístico llenó una heladera o pagó las cuentas.

¿De qué reforma hablan? Si mi único patrón fue el billete. Ese que había que conseguir como fuera. Ese que no preguntaba edad, ni dignidad, ni miedo. En este mundo tan injusto me sorprende la indignación selectiva. Lo que sí escandaliza. Lo que no.

Pienso en los relatos de mi amiga Ana Lupez. En el libro que hicimos juntas. En cada abuso que sufrió de chica. En las violaciones en la cárcel de Devoto cuando era menor de edad. Menor.

Y después estoy yo -la pesada de siempre- tocando puertas de diputados, de legisladores, buscando al menos un reconocimiento. Una reparación histórica para Ana y sus amigas. Un gesto. Pero cuando no hay campaña electoral, se nota. Y mucho. No conseguí nada. Ni una mención. Ni una audiencia seria. Ni una intención real de reparar.

Porque acá, si no sos funcional, no existís. Si no servís para la foto, no importás. Si no das votos, no valés.

A veces me pregunto para qué sirve seguir quejándose. Si la batalla ya está perdida. Si la única respuesta posible es la rebeldía, la barbarie, las guillotinas simbólicas, las horcas imaginarias en Plaza de Mayo.

Pero no. La sociedad está demasiado ocupada haciendo memes. Peleando con trolls. Comentando pavadas. Discutiendo sobre pendejos con máscaras de perro. Arruinando “Guantanamera”, el himno sentimental del pueblo cubano, transformándolo en un canto de cancha sin respeto, sin memoria, sin historia. “Alta coimera”. Esa es la guerra de hoy: un meme, un canto, una burla, una payasada detrás de otra. Mientras desde arriba se nos cagan de risa.

Vivimos en un país sin seriedad, donde el poder nos viola todos los días y después nos pide paciencia.

Entonces, ¿qué nos queda? Resguardarnos como podamos. Cuidarnos entre nosotras. Resguardar a los pibes. Alejarlos del hambre. Alejarlos del abuso. Alejarlos de los poderosos y de los no tanto. Porque los pedófilos están en todos lados. Con denuncias. Con causas. Con expedientes. Tomando sol en Punta del Este o escondidos en una casilla del barrio más precario. Impunidad para todos. Justicia para nadie.

Pienso en la ESI. Esa gran herramienta que intentan destruir. Claro. ¿Qué abusador va a querer que los chicos sepan nombrar lo que les pasa? ¿Qué pedófilo va a querer que lo descubran?

Pienso en lo que dije al principio. En esas palabras que repiten como un mantra: pedófilos, perversos, enfermos, desviados. Y me pregunto: ¿Quiénes son realmente los pedófilos? ¿Quiénes son los que deberían alejarse de los niños? ¿Quiénes son los pervertidos? ¿Quiénes son los del “trastorno mental”?

Mientras escribo esto y me despido de esta columna, pienso en el futuro. En uno incierto. En valijas. En huidas. En maniobras que vuelven. En empezar de nuevo. En lo que a muchas personas les toca ahora y a nosotras, las travestis, nos tocó siempre.

Migrar. Sobrevivir. Rearmarnos. Inventarnos otra vez.

No escribí para gustar.

No escribí para agradar.

No escribí para ser correcta.

Escribí para no callarme.

Para dejar constancia.

Para que después nadie diga “no sabíamos”.

Sabían.

Siempre supieron.

Entregas anteriores

Y eligieron mirar para otro lado.

Etiquetas
  •   /  
  • Opinión
  •   /  
  • Abusos
  •   /  
  • Pedofilia
  •   /  
  • Transexualidad
  •   /  
  • Bárbara Di Rocco
Oportunidad de mercado
Logo de Lagrange
Precio de Lagrange(LA)
$0.21085
$0.21085$0.21085
-1.34%
USD
Gráfico de precios en vivo de Lagrange (LA)
Aviso legal: Los artículos republicados en este sitio provienen de plataformas públicas y se ofrecen únicamente con fines informativos. No reflejan necesariamente la opinión de MEXC. Todos los derechos pertenecen a los autores originales. Si consideras que algún contenido infringe derechos de terceros, comunícate a la dirección service@support.mexc.com para solicitar su eliminación. MEXC no garantiza la exactitud, la integridad ni la actualidad del contenido y no se responsabiliza por acciones tomadas en función de la información proporcionada. El contenido no constituye asesoría financiera, legal ni profesional, ni debe interpretarse como recomendación o respaldo por parte de MEXC.