Cuando mi familia vino de Italia, se instaló entre Montevideo y Buenos Aires. Así nació la posibilidad de vivir en Argentina con un pie del otro lado del río”, dice el arquitecto Claudio Ferrari, exdecano de Arquitectura de la Universidad Nacional de San Martín, titular de una cátedra en la UBA y además conferencista en varias instituciones de América y Europa.
Pasaron años de trabajo e idas y vueltas entre países hasta que Ferrari y su mujer, la arquitecta Nadia Franco, decidieran, en 2019, dejar su residencia en San Telmo y aventurarse a seguir sus obras desde un bosque del departamento uruguayo de Rocha, conectados con la naturaleza y con “tiempos más humanos”.
El proyecto tuvo su precuela: una pequeña casa cercana a esta, que nació como mero refugio de verano y se volvió imprescindible durante todo el año, aún sin ellos: “Amigos y conocidos nos la pedían prestada para venir a disfrutar del silencio de la zona. Eso nos hizo entender que necesitábamos otro lugar, íntimo, propio y cotidiano, para instalarnos de manera permanente. En otro terreno, construimos un primer bloque en madera a modo de laboratorio y, una vez instalados allí, avanzamos con los otros espacios”, cuentan, antes de repasar la pericia que les dio trabajar in situ: una experiencia de exploración tanto material y constructiva como sensible.


