En hogares de México y el mundo, la fuga de gas representa un riesgo latente cuando se utilizan estufas, calentadores o cilindros domésticos. Expertos en protección civil advierten que una mala reacción puede detonar incendios o explosiones en segundos.
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La pregunta surge con frecuencia, ¿por qué no encender las luces ante olor a gas? La respuesta se basa en principios físicos y eléctricos que explican cómo una chispa mínima puede activar una mezcla explosiva en espacios cerrados.
El gas natural y el gas LP son inflamables. Aunque son inodoros, las compañías agregan un aroma similar al huevo podrido para alertar a la población.
Cuando ocurre una fuga de gas, el combustible se concentra en el aire. Si no se dispersa, desplaza el oxígeno y eleva el riesgo de asfixia o explosión.
La fuga surge por mangueras dañadas, válvulas defectuosas o instalaciones mal selladas. El gas se acumula en zonas bajas o cerradas.
Al mezclarse con oxígeno en ciertas proporciones, crea una atmósfera explosiva. Basta una fuente de ignición para provocar un estallido.
Un interruptor genera una chispa eléctrica interna al activarse. Esa descarga es casi imperceptible.
Organismos como la NFPA documentan que muchas explosiones domésticas inician por contactos eléctricos. La chispa actúa como detonante inmediato.
Presta atención a:
Detectarlos a tiempo reduce daños materiales y protege vidas.
Actúa con calma y sigue medidas básicas:
La prevención incluye revisiones periódicas y detectores domésticos. La educación familiar puede marcar la diferencia ante una emergencia.
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