Hollywood, la meca del cine, el sueño dorado. El lugar al que aspiran todos los actores, ese que por momentos parece inalcanzable, pero es el que mantiene viva la llama de la ilusión. Solo unos pocos afortunados lo logran, pero muchas veces lo más difícil no es llegar, sino quedarse. Y sí, el éxito viene de la mano del reconocimiento, el dinero y el prestigio, pero, al mismo tiempo, la fama puede ser “un animal” que te puede “arrollar”. O al menos, así lo considera Antonio Banderas. En una reciente entrevista, el actor apuntó de lleno contra el ícono de la industria cinematográfica y reflexionó sobre el alto precio que pagó por revelarse frente al sistema.
“Hollywood es muy difícil y entonces terminás arruinándote moralmente”, sostuvo el español en el ciclo Ac2ality. Recordó un momento en el que no recibía buenas propuestas laborales y le surgió una idea que no pudo silenciar: “Me acuerdo de pensar: ‘Me voy a vengar haciendo mucho dinero’. Si de esto vas, a por ello”. Y lo hizo. Se metió de lleno, fue osado e hizo oídos sordos a todo. Pero tuvo que pagar un precio y todo estalló en medio de su divorcio de la actriz Melanie Griffith.
“Se juntaron muchas cosas. Me refugié prácticamente en esa idea, en el trabajo, y me hice siete películas seguidas, sin descanso, sin irme a casa. Iba de hotel en hotel, de avión en avión sin parar. Y al final, cuando te metes en esa cueva, te llevas un bofetón. Y a mí me lo dio, bien dado, la vida, porque me pudo haber matado”, se sinceró. En 2017 sufrió un infarto mientras estaba en Londres que lo hizo replantearse varios aspectos de su vida.
Durante la entrevista, el actor de 65 años, que actualmente dirige una nueva adaptación del musical Godspell en el teatro Pavón de Madrid, reflexionó sobre la popularidad. Contó que a mediados de los noventa, tras los estrenos de Entrevista con el vampiro (Interview with the Vampire: The Vampire Chronicles), La máscara del Zorro (The Mask of Zorro) y 13 guerreros (The 13th Warrior), no podía salir. Le parecía reconfortante ese reconocimiento y ahí se dio cuenta de la magia y el poder que tiene el cine. “Al principio la vanidad está ahí y te gusta que te reconozcan”, admitió.
Pero después llegaron los problemas y ese reconocimiento que buscó se convirtió en una “esclavitud”: “Empiezas a darte cuenta de que pierdes tu intimidad, de que se te juzga de otra manera, de que cualquier cosa que dices tiene un peso extraordinario. Entonces empiezas a comportarte de otra manera y se pierde un poco la naturalidad. Y después, con el tiempo, lo que tratas de hacer es recuperarla”.
“El peligro y el problema de la fama puede estar en que en un momento determinado pienses que te ha pasado porque eres especial, eres distinto y estás por encima del resto de los seres humanos, y eso no es verdad”, aseguró el protagonista de Dolor y gloria. “El poder se te otorga por el medio en el que trabajas. El medio en el que trabajas tiene el poderío de que, si a las cosas las haces relativamente bien, te va a devolver ese calor de la fama. Pero la fama es un animal muy complejo que hay que saber negociarlo. Te puede arrollar y hemos visto mucha gente que ha sido arruinada y destruida por la propia fama que han generado en un principio", aseveró.


