Empiezan las clases y vuelve un tema que hace años circula sin resolverse: la educación financiera en las escuelas. Hay ley, hay consenso técnico y hay diagnósticos claros. Lo que no hay es una implementación capaz de llegar a todo el sistema educativo argentino.
El problema no es la falta de intentos. Desde hace años el Banco Central de la República Argentina impulsa programas, contenidos y capacitaciones. El esfuerzo existe y es valioso. Pero también es insuficiente frente a la magnitud del desafío. Llegar escuela por escuela, provincia por provincia, con esquemas tradicionales, choca siempre contra el mismo límite: escala, tiempos y recursos.
Pretender formar directamente a cada estudiante es una estrategia que se agota rápido. No por falta de voluntad, sino por diseño. El sistema educativo es enorme, diverso y tensionado por múltiples urgencias.
Ahí es donde el giro debe ser estratégico. El foco tiene que correrse hacia los docentes. Cada docente impacta año tras año en decenas de alumnos. Si se los forma con herramientas claras, simples y aplicables, el efecto es acumulativo. Si ese contenido se trabaja una vez por semana, todos los jueves, por ejemplo, el alcance deja de ser marginal y se vuelve estructural.
Pero incluso eso no alcanza si se piensa de manera aislada. La educación financiera necesita sumar a todos los actores posibles. Estado, sistema financiero, empresas, universidades, medios de comunicación y familias. También necesita dinero. Inversión en contenidos, en formación docente, en evaluación y en continuidad. No como gasto educativo, sino como inversión en salud, productividad y estabilidad social.
Mientras el sistema discute cómo llegar, otros mensajes ya llegaron. Las apuestas online se infiltraron por lo formal y por lo informal: publicidades, redes, conversaciones cotidianas. El dinero ya está en la vida de los menores. Lo que falta es el conocimiento para gestionarlo.
Hablar de deuda, inflación e inversión no es un tema abstracto es hablar de salud. El dinero es el principal factor de estrés en la Argentina y condiciona decisiones, vínculos y bienestar. La juventud es la fuerza que va a producir y administrar las riquezas del país. De cómo aprenda hoy dependerán las familias, la economía y la salud de las próximas generaciones.
La educación financiera en las escuelas es indispensable. En las familias es fundante. En los medios es una obligación moral. Todo el que tenga un micrófono y llegue al oído de la juventud tiene una responsabilidad enorme. Porque lo que se siembre hoy va a definir el país que viene.


