Es una gran noticia que aparezca una traducción de Picnic en Hanging Rock, novela australiana clásica de 1967, que en su momento el director Peter Weir llevó con éxito al cine. Escrita por Joan Lindsay (1896-1984), la narración descansa sobre géneros literarios europeos, pero pone en el centro a la naturaleza salvaje de Australia.
El subtítulo la define como un “gótico”, esos cuentos de terror que, en Europa, transcurrían en castillos antiguos de los que era difícil escapar. Aquí, en cambio, hay dos espacios terribles. El primero es el Internado Appleyard para Señoritas, con su “Salón de Horrores”, donde las chicas sufren castigos y humillaciones. El segundo es la Roca Colgante (la “Hanging Rock” del título). Esos dos espacios están en guerra, literal y simbólicamente. Por otra parte, la novela es un “misterio”: presenta un enigma básico (¿qué pasó con las chicas y la profesora desaparecidas?) y otros menores. Pero aquí, falta la “solución” del enigma y eso cambia el género por completo.
Como en gran parte de las historias europeas, la naturaleza es atracción y también amenaza. Las impresionantes descripciones de la Roca la presentan como seductora y, al mismo tiempo, letal. Y la tensión central de los personajes tiene sus raíces en el despertar sexual, y se hamaca entre las reglas crueles del Internado y la libertad que sienten en la Roca. El tiempo es distinto en ambos espacios: el Colegio vive bajo la extrema puntualidad de la directora; arriba, en la Roca, en cambio, los relojes se paran por completo.
La narración en tercera persona cambia constantemente de punto de vista y, a veces, se transforma en un “nosotros” y charla con los lectores. Pero la novela presenta también textos que introducen otras voces: cartas, artículos periodísticos, declaraciones frente a la policía. Por eso, es una historia coral, un retrato de una comunidad.
El tema principal es la situación de las mujeres a comienzos del siglo que iba a cambiarlas por completo: el XX. Viven sometidas, pero todas ellas, incluso las más jóvenes, saben más que los hombres de muchas cosas. Algunas tratan de liberarse de lo que las aprisiona (el corsé y los guantes obligatorios son buenos ejemplos). De vez en cuando, Lindsay abre un espacio de acercamiento entre ellas, que parece indicar un camino distinto para salir de la angustia, un sendero escondido que la mayoría pasa por alto.
Picnic en Hanging Rock puede leerse de muchas formas: como libro de aventuras, como metáfora social, como historia iniciática, como un policial sin conclusiones. Tal vez lo que lo hace inolvidable es que se abre en todas direcciones y deja a los lectores inmersos en el laberinto, sin indicarles jamás el camino de salida.
Picnic en Hanging Rock
Por Joan Lindsay
Impedimenta. Traducción: Pilar Adón
320 páginas, $ 36.900


