Dos adolescentes se encontraron el viernes pasado para ir a rendir “objetivos” adeudados de segundo año del secundario. No se habían visto desde Navidad. Así que, mientras esperaban el colectivo, intercambiaron algunos comentarios. “Ya te conté por IG (Instagram para los adultos) lo de Pinamar”, dijo uno, vestido con una camiseta de River. “¿Vas a ir a rendir así?”, se sorprendió el otro, de uniforme inmaculado, a pesar del calor. “Sí, no pasa nada”, se rio el “millonario”. Instantes después, se enfrascaron en sus celulares y gesticulaban como si siguieran la conversación de forma digital. Dos señoras que estaban en la misma esquina, hicieron señas y se tomaron un colectivo. Inmersos en sus pantallas, los chicos no se percataron del transporte perdido hasta que los despabiló un tercer adolescente. “¿No es tarde para ir a rendir?”, les preguntó mientras se acercaba a saludarlos con el cachorro que paseaba. “Sí, el bondi no viene más”, dijo uno. “Recién pasó y ni se dieron cuenta”, fue la respuesta. “El celu me tiene de esclavo”, se sinceró el de camiseta de fútbol. “Si no rindo bien, se arma en casa”, sumó el otro joven. Guardaron los celulares y sonrieron al ver venir otro colectivo.

