COSQUÍN.- Ayer cerró otra edición del ya clásico festival con sede en Córdoba con una convocatoria de público y artistas que sigue sorprendendieno después de 26 años de la primera edición. El Cosquín Rock, a pesar de lo que sugiere su nombre, ya lleva numerosas citas proponiendo una grilla de artistas que atraviesan múltiples géneros y etiquetas sonoras. Así pasaron más de cien nombres tanto nacionales como internacionales -algunos de aparición reciente en la escena, otros de amplia trayectoria- que subieron a los seis escenarios dispuestos a lo largo del predio. Anoche, cerraron Fito Páez, Trueno, Six Sex y Devendra Banhart, entre varias otras presencias de peso y en ascenso. Esa heterogeneidad musical, en medio del paisaje serrano, convierte a este festival en un acontecimiento rico y variado, algo así como un Woodtock argentino, tal como algunos empezaron a llamarlo.
Por ejemplo, Leonardo y Chiara, hermanos pampeanos, vinieron desde Santa Rosa para no perderse “a Divididos, que es la banda de nuestra adolescencia, lo que nos dejó nuestro viejo”. También presentes en el primer día del festival, esta dupla que ronda la treintena aprovechó para ver a más de un artista por primera vez: “Eso es lo lindo de festivales como este, que además de viajar te permiten tachar varios pendientes”.
El arranque
En la medianoche del sábado, mientras convivían los sonidos del set del grupo electrónico inglés The Chemical Brothers y el del grupo Los Caligaris, que jugaron de local, el público rondaba por el predio después de haber visto brillar a Lali Espósito en el escenario Norte. Durante la jornada también pasaron Babasónicos, Dillom, Turf, El Zar, Eruca Sativa y la banda emergente Kill Flora. Del otro lado del predio, en el escenario Sur estuvieron Ciro y los Persas -quienes invitaron a Mollo, que ayer tocó con Divididos-, los uruguayos La Vela Puerca y Las Pelotas, una banda que participó de todas las 26 ediciones que el Cosquín lleva desde el 2001. Por los escenarios alternativos también hubo nombres de peso como Marilina Bertoldi -“Miss Cosquín” por un día-, los escoceses Franz Ferdinand, Abel Pintos y Los Espíritus, por nombrar solo algunos.
Hugo (45), su esposa Beatriz (40) y su hijo Ramiro, de quince años, llegaron al Aeródromo viajando desde La Rioja para darle el gusto al más pequeño de ver por primera vez en vivo a Dillom, su músico preferido. Ya por la zona desde la noche del viernes, hoy al levantarse emprendían el regreso en auto a su hogar “porque el miércoles es la mesa de examen y tengo que estudiar un poco más”, contaba el joven con algo de picardía. Distinto era el caso de Carla, Verónica y Luisa, amigas treintañeras y cordobesas, que vinieron desde la capital de la provincia para ver “sobre todo, a Abel Pintos, a Ciro y a Lali”, remarcaban. Ya con varios Cosquines encima, aprovecharán los feriados de carnaval de lunes y martes para seguir paseando unos días antes de regresar a casa.
A diferencia de la jornada del sábado, que transcurrió con una temperatura agradable de principio a fin y bajo una constante disputa entre el cielo despejado y las nubes, ayer el sol se adueñó completamente del Cosquín. No faltaron las gorras, las cabezas mojadas, abanicos y protector solar para, junto al agua, hacerle frente al asediante calor serrano.
A medida que ingresaba el público y se engrosaba la concurrencia en cada propuesta, empezó a verse la variedad de edades que integran el público de este festival. Desde chicos muy jóvenes -acompañados siempre por algún familiar mayor- a adultos que superan los cincuenta, pasando obviamente por el rango etario que más puebla el festival: los que están entre lo veinti y los treinti. En su mayoría recorren las instalaciones en pareja o en grupos de al menos tres y ese rango el que llama más la atención con su indumentaria, banderas y accesorios de los artistas y bandas que vinieron a ver y “a bancar”.
Un grupo de casi una docena de chicos y chicas, cuyos nombres ocuparían todo el párrafo, gritan “¡Airbag!”. El merch de la banda que exhiben no deja lugar a muchas interpretaciones: vienen a ver al grupo de Patricio Sardelli. Oriundos todos de la Provincia de Buenos Aires y en su momento compañeros de secundario, esta es la primera vez que ven a la banda fuera del AMBA. “Estamos acampando por la zona desde el viernes, y con los feriados de carnaval que siguen se nos armó un viajazo”, dijo una de las jóvenes. El grupo se despidió y siguió camino hacia el escenario Norte, donde desde las 15.20 estuvo Blair, el alias de la joven Julieta Ordorica, quien lanzó su segundo álbum Bar Scorpios el año pasado.
Los grandes, homenajeados
La jornada musical ya había dado inicio pasadas las dos de la tarde con varias propuestas en simultáneo, donde destacaba la presencia en el escenario Montaña de Beats Modernos, el grupo creado por Rosario Ortega, Zorrito Von Quintiero y Fernando Samalea para homenajear a su amigo Charly García, celebradísimo por la inesperada multitud que se reunió tan temprano a los pies del escenario. También acompañó en voz y teclados el joven Joaquín Burgos. “Gracias por estar acá a esta hora, bajo este sauna natural”, agradeció Fabián, antes de dar rienda suelta al show con una catártica versión de “Canción para mi muerte”. Uno de los puntos más altos de la actuación se dio pocos temas después, cuando nada más y nada menos que León Gieco fue invitado al escenario para cantar -con la voz intacta- “Los Salieris de Charly”, “Pensar en nada”, “El fantasma de Canterville” y “Yo no quiero volverme tan loco” mientras, de golpe, empezaba a soplar el viento y encapotarse el cielo. No hubo vendaval ni amenaza de inminente lluvia que aplacase la repetida ovación al invitado estrella.
En tren de homenajes hubo novedades. Juanse subió al recinto Sur a las 16:25 para rendirle pleitesía a Pappo, uno de los mayores referentes del blues y el rock pesado de nuestro país. El ex líder de los Ratones Paranoicos al frente del asunto no solo hizo un homenaje sino que engrandeció la figura de Pappo. Cinco minutos después, los mucho más contemporáneos Gauchito Club ocuparon el segundo turno en el Norte desplegando su ecléctica gama de sonidos y géneros.
A las cinco de la tarde, en el cielo ya no se veían más que nubes, las cuales descendían sobre las sierras que atraviesan al Aeródromo de Santa María de Punilla. El viento y la llovizna también acompañaron al paso de Los Pericos por el escenario Montaña, donde sonaron los clásicos del experimentado grupo de reggae-rock. Unos minutos antes de las seis y aún bajo una fina garúa, Bandalos Chinos hacía lo propio en el Norte, donde sonaron canciones como “Mi fiesta” y “Revelación”. El peculiar estadounidense de ascendencia venezolana Devendra Banhart llevó su muy genuina propuesta indie/alternativa, en formato solo set, al escenario Paraguay diez minutos antes de que Silvestre y la Naranja aterrizara en el Montaña, con su disco Alter ego lanzado hace menos de un año.
La jornada final del Cosquín Rock empezó a cerrar bien arriba con los shows de Fito Páez, Divididos, Marky Ramone y Trueno a punto de empezar.


