Desde hace 20 años, Adriana Ziliotto está a cargo del Taller de Reeducación de la Escritura del Programa de Parkinson y Movimientos Anormales y de la División NDesde hace 20 años, Adriana Ziliotto está a cargo del Taller de Reeducación de la Escritura del Programa de Parkinson y Movimientos Anormales y de la División N

Adriana Ziliotto: “Escribir a mano obliga a pensar a largo plazo, como en el ajedrez”

2026/02/14 17:00
Lectura de 17 min

Durante más de 20 años fue periodista. Pasó por deportes, espectáculos, información general, revista dominical. Una drástica decisión empresaria dejó a ella y a muchos otros sin trabajo. Pero no quiso volver a las redacciones. Mientras criaba a Félix, su hijo, que todavía era pequeño, buscaba incansablemente una nueva tarea. Quería algo breve y que tuviera salida laboral. Una mañana de domingo, mientras conversaba con su por entonces marido, apasionado lector de diarios impresos, lo escuchó decir algo que le llamó la atención.

–Mirá Adriana, mirá este curso. Parece interesante.

Ahí empezó –podría decirse– su remake. Era una tecnicatura oficial de Perito Grafólogo. Tres años. Y allí fue.

“Borges también iba al cine, pero no me comparo". Juan Pablo Paz: “Está lleno de físicos en lugares impensados como Wall Street”

Después hizo la licenciatura en Psicología y empezó a colaborar en investigaciones sobre escritura en entidades como el Instituto Universitario de la Policía Federal y tareas docentes en diplomaturas y cursos de la Universidad de Salamanca, España, entre otras.

Hoy Adriana Ziliotto lleva casi 20 años al frente del Taller de Reeducación de la Escritura del Programa de Parkinson y Movimientos Anormales y en la División Neurología del hospital de Clínicas, un taller que en los últimos años también se abrió para pacientes que han tenido un ACV, que viven con esclerosis múltiple o que cursan alguna demencia y a quienes los favorece la estimulación cognitiva. Todos son espacios gratuitos, donde las personas pueden reencontrarse o sostener una habilidad que a menudo su enfermedad compromete, que es escribir.

Ella ya se dedicaba a la reeducación de niños con problemas de escritura o disgrafía cuando se enteró de que en el noveno piso del hospital de Clínicas había un servicio que abordaba cuestiones de calidad de vida en pacientes con Parkinson. Después de algunos años de entrenamiento y formación comenzaron a funcionar los talleres, basados en un método y un software que la misma Adriana Ziliotto diseñó.

El software que utiliza Adriana Ziliotto para analizar la escritura

–A menudo se piensa que la grafología sirve para relacionar aspectos de la letra con la personalidad… si la persona escribe para arriba, para abajo, si le pone puntito a la i… ¿Esas interpretaciones tienen algún fundamento científico?

–La grafología se basa en los mismos principios del simbolismo espacial que aplica la psicología para la valoración de las técnicas proyectivas gráficas. Esto lo hace a partir de baremos, es decir, de tablas de puntuaciones estandarizadas obtenidas de aplicar la prueba a una muestra grande y representativa de la población. La grafología lo traslada a la escritura a mano. Esto es serio, tiene una base científica. El primer estudio sobre escritura en tabletas realizado por la Medicina que pude encontrar buscando bibliografía es de 1982. La Medicina estudia mucho la escritura, porque existen numerosos marcadores gráficos que se correlacionan con síntomas patológicos del movimiento. Cualquier alteración, principalmente de los circuitos cerebrales, aparece en la escritura. Fuera de eso, aparecen afirmaciones temerarias como que cambiando la escritura se cura desde el cáncer hasta la alopecía o que si se escribe con una lapicera dorada se atrae el dinero. Quizá sea un fenómeno que responde a que muchos saben aprovecharse de la necesidad de “creer” de muchos otros. Pero todo eso es chantada.

–¿Cómo se analiza la escritura?

–Hoy en día los estudios más completos son sobre escritura en tableta: la computación aportó herramientas de análisis cruciales. Porque en papel lo único que podemos ver son los trazos “físicos”, nada más, es una visión estática. Al ver un escrito no tenemos certeza sobre en cuánto tiempo se escribió, qué tramos son los más veloces y los menos veloces, cuáles son los que tienen fluidez o no. Uno puede ver que la escritura parece fluida porque hace inferencias a partir de que las letras que se inclinan hacia la derecha, que son indicadoras de velocidad, pero todo es subjetivo. No hay una medición. En cambio, escribir sobre una tableta y analizarlo a través de un soft muestra muchas otras cosas en gráficos: velocidad, presión, aceleración, si la persona levanta o no la mano para escribir y cuánto, si respeta una línea determinada, y todo según tramos. Esto no se puede analizar en papel. El soft se puede aplicar tanto en pericias caligráficas como grafológicas.

–¿Y cuál es la diferencia entre esos dos tipos de pericias?

–El perito calígrafo compara dos escritos: uno que se sabe con certeza que es auténtico o indubitado con otro escrito sobre el que se tienen dudas. En cambio, el perito grafólogo compara dos grafismos o escrituras, pero en ambos casos son indubitados. Por ejemplo: se coteja cómo escribe una persona ahora, y cómo lo hace dentro de una semana luego de haber recibido cierto medicamento o tratamiento. Justamente estoy colaborando en una investigación que analiza la escritura antes y después de una cirugía para Parkinson y temblor esencial que se está realizando acá en el país. Se compara antes de la operación, al día siguiente, los dos días, al mes, los tres meses, seis meses y al año para ver el resultado de ese procedimiento quirúrgico. Hoy existen sistemas computacionales que permiten un análisis muy riguroso y preciso de los parámetros con que se escribe. Yo diseñé mi propio soft y contraté un programador para desarrollarlo, E–Graphing, que es una marca registrada y que utilizan tanto peritos calígrafos como peritos grafólogos. Se usa en la Argentina, en Francia, en México. Lo tiene el laboratorio del Instituto Universitario de la Policía Federal donde se dicta la carrera de calígrafo, la policía de Santiago del Estero, y peritos particulares.

–¿Este soft permite diferenciar una escritura auténtica de una imitada?

–En realidad, lo diferencia el calígrafo analizando la información que arroja el soft. Porque el imitador imita la forma. Pero no puede imitar el impulso, la presión, la fluidez, la aceleración. Si ponemos en juego todos estos parámetros cinemáticos, no estáticos, que implican un volumen de datos enormes, entonces facilita diferenciar un escrito auténtico de uno dubitado.

–¿Y un grafólogo puede cumplir una función pericial?

–También. Por ejemplo, determinar si una persona sufre alguna alteración cognitiva que haya producido una serie de omisiones o una firma alterada si tiene Parkinson o Alzheimer. Supongamos el caso de algún testamento: el perito calígrafo ya determinó que la firma es de la persona, que es auténtica. Entonces le preguntan al grafólogo qué grado de deterioro cognitivo se puede inferir a partir de las alteraciones gráficas. Y a partir de eso, y de peritajes de otras especialidades, se valora si lo que dice el testamento se toma en cuenta en virtud de que la persona estaba deteriorada cognitivamente. El grafólogo no puede decir en qué grado en términos de diagnóstico, pero sí que existen marcadores compatibles con una alteración cognitiva. Si es moderada o severa corresponde decirlo al médico.

Adriana Ziliotto, psicóloga y perito grafóloga, en el Hospital de Clínicas donde dicta un taller a pacientes con Parkinson.

Enseñar a escribir

–¿Es importante escribir como sale o educar la escritura como se hacía antes, en caligrafía?

–La enseñanza de la caligrafía es importante al empezar a escribir. Es la norma que hace que la escritura cumpla con una de sus funciones específicas como herramienta: la comunicación. Si no existiera esa convención de signos no nos entenderíamos. La anomia gráfica equivale a la no comunicación, por consiguiente, a la no escritura. La convención instala la legibilidad, la principal exigencia social de la escritura. La segunda es la velocidad. La herramienta tiene que ser eficiente. Necesitamos escribir rápido cuando estudiamos y trabajamos. Y la velocidad impulsa las simplificaciones y la personalización. Pero lo podemos hacer sin perder la legibilidad porque ya introyectamos y podemos discriminar los rasgos identificatorios de los secundarios. Los primeros perduran, modificados. Los otros, hasta pueden desaparecer sin afectar la legibilidad. Pero creo que el éxito de este proceso depende de la preexistencia de la norma.

–¿Cursiva o imprenta?

–Las dos. En la primera etapa de aprendizaje, precaligráfica, generalmente en el preescolar, el modelo de imprenta es funcional a la etapa cognitiva del niño, todavía apegado lo concreto: cada letra empieza y termina en sí misma. En la etapa siguiente, la caligráfica, la cursiva le va a exigir que cuando esté terminando una letra, tenga que pensar en otra, en la que sigue, a la que tiene que unir. Esta necesidad estimula la capacidad de abstracción. La palabra “cursiva”, además, deriva del latín, “correr”: facilita el desarrollo de la velocidad en relación con la imprenta y, por lo tanto, es más funcional a lo que vendrá después, que exigirá una escritura más rápida, sin separaciones entre las letras. La cursiva es más rápida que la imprenta, aunque en ciertos casos hay personas que las combinan. El objetivo es automatizar la escritura.

–Muchos chicos no aprenden a escribir bien en la escuela primaria…

–Efectivamente. Puede que no le estén enseñando. En la escuela no escriben ni en computadora ni en el teléfono ni en pantalla. Escriben en un cuaderno. No les enseñan a escribir el modelo caligráfico. A nosotros nos enseñaron contándonos que primero se hace esta patita, este puntito, ahora va para abajo... Y eso no se enseña. Le dicen al chico, “escribí” y una cosa que creo que lo que atenta muchísimo es que se usan muchas fotocopias. Es comprensible que intenten simplificar su tarea: el maestro tiene que estar dando clase en tres escuelas, no tiene tiempo para ocuparse de cada nene a ver cómo hizo la A o la M. No tienen tiempo para corregir, no tienen tiempo para dar la clase de una manera más artesanal. Entonces, lo explico y te doy una fotocopia. El pasaje a cursiva es una tarea artesanal de enseñarle el “paso de baile” para cada letra y lo hace el maestro. Y hay una parte que también se cumple en la casa: la mamá o el papá o quien cuide a ese niño o niña mirando qué hacen, cómo escriben las letras. Hay una parte artesanal que se está perdiendo.

–Cuando empezaron las pantallas dijeron que no habría más libros y hay más libros que nunca. ¿Va a desaparecer la escritura a mano?

–No sé, yo no lo veo algo próximo. Si uno va a la facultad no ve a todos los estudiantes con computadoras, puede ser uno o dos, pero la mayoría escribe en un cuaderno. ¿Qué venden en la puerta de las universidades? Cuadernos. Y en los cuadernos se sigue escribiendo a mano.

Un fenómeno inverso

–En el tratamiento de enfermedades neurológicas existen todo tipo de talleres para mejorar la calidad de vida de los pacientes: de memoria, de música, de movimiento, de dibujo, de manualidades. Los talleres que usted dirige, ¿también se dan en otros lugares?

–Solo conozco los del Hospital de Clínicas y del Hospital Churruca, de la Policía Federal. Se dieron en el Ramos Mejía. Pero no sé ahora.

–¿Y cómo surgió la idea de sumarlo a la oferta del hospital?

–Esto sucedió hace 20 años; yo ya me dedicaba a la reeducación de la escritura en niños, pero siempre estaba interesada en otras prácticas de la grafología que pudieran aplicarse con una visión técnica–científica. Llegué al hospital a raíz de una muestra que organizaban con trabajos artísticos de pacientes de Parkinson. Pero no sabía nada sobre esta enfermedad, así que durante varios años trabajé junto al entonces jefe del programa, y aprendí muchísimo. Escuchaba durante las consultas, participaba de los ateneos de los jueves con los médicos. No sabía prácticamente nada sobre Parkinson y creía ingenuamente que los libros que tenía sobre el tema eran útiles. Ahí bajé a la realidad: la bibliografía había que buscarla en la biblioteca médica de los EE.UU. Me incorporé al hospital en 2005 y empecé a trabajar en la reeducación de la escritura en 2008.

–¿Con qué metodología se aborda a los pacientes?

–Es una metodología inversa a la que se aplica en la reeducación de la escritura del niño. A mediados del siglo pasado, un psiquiatra español que se radicó en Francia, Julián de Ajuriaguerra, desarrolló un método a partir de estudios previos de una grafóloga que falleció, Hélène de Gobineau, y generó una investigación sobre la enseñanza y reeducación de la escritura en niños cuyos resultados estadísticos todavía hoy no han sido superados. El proceso evolutivo que permite que un niño pueda escribir es ir de la escritura voluntaria a la automática. En Parkinson, es el proceso inverso.

–¿Ir de lo automático a lo voluntario?

–Sí. Como en el Parkinson están alterados los centros neurológicos que rigen los automatismos, lo que hay que hacer es volver a la escritura voluntaria para que lo que no puede producir bien automáticamente lo pueda producir bien en forma voluntaria. Es decir, lo va fraccionando. La técnica consiste en eso, fraccionar, agrandar, achicar, cambiar, todo lo que obligue al paciente a salir del automatismo, empezando por cambiar la relación con el color del lápiz y que no sea negro o azul que es lo que tenemos incorporados como colores habituales. Trabajamos en cursiva y en imprenta. Pero lo que hemos demostrado es que la imprenta, justamente porque es fraccionada, produce menor micrografía.

–¿Qué quiere decir esto?

–La cursiva, por el impulso ligado, se hace más difícil de secuenciar y estimula el movimiento automático. En cambio, la escritura de imprenta permite secuenciar bien letra por letra y eso hace que pueda producir una escritura más controlada.

–¿Hay personas con Parkinson que pierden la posibilidad de escribir?

–Sí, hay personas con Parkinson que tienen un deterioro severo, ya sea por los temblores o la rigidez, que son los síntomas fundamentales. Y con esta metodología una gran proporción de esas personas mejoran su capacidad de escribir: lo hemos demostrado en un trabajo cuyos resultados son estadísticamente significativos.

–¿Trabajan en otras enfermedades neurológicas?

–Sí, tenemos pacientes con esclerosis múltiple, con demencias como, por ejemplo, Alzheimer y también con alteraciones cognitivas. El método se va modificando de acuerdo a qué centros y circuitos nerviosos afectan cada condición. Siempre sobre la base de las mismas técnicas, con modificaciones para adaptar a cada patología.

–¿Se puede frenar un proceso de demencia?

–Revertirlo es imposible, pero se puede enlentecer. Hay que diferenciar la estimulación cognitiva que se hace a través del grafismo. de la estimulación cognitiva que hace un psicólogo. El psicólogo se apoya más en el contenido semántico de la escritura: a veces ni escriben, pegan papelitos con nombres de frutas, verduras, otros símbolos. Yo me baso en otra metodología, y lo que busco es que tenga que pensar el procedimiento a seguir; es decir, desestructurar la escritura y volver a producirla de otra manera, no automática. En China, por ejemplo, estudiaron a personas mayores que residían en instituciones. Para ellos, la escritura es un arte, lo toman y cultivan como tal. Y vieron que aquellos que dedicaban un tiempo a escribir, que seguían escribiendo, tenían un menor deterioro cognitivo que quienes habían dejado de hacerlo.

El software que utiliza Adriana Ziliotto para analizar la escritura

–¿Y cómo es una sesión de reeducación de la escritura en los talleres que usted coordina?

–La técnica no es libre, no es “arte–terapia”, es una técnica hiperestructurada. Escriben con determinados colores, ni amarillo, porque no se nota; ni azul, que se asocia con la escritura habitual. Pueden escribir con fibra, que tiene distintos grosores en la punta, entonces eso obliga al cerebro a cambiar los cálculos sobre el espacio que la escritura va a ocupar. Tienen que escribir cada letra apoyada en el renglón, no pueden estar bailando… Eso obliga a pensar cada letra por separado. Y también trabajan con la mano no dominante, la izquierda si son diestros y viceversa. Esto permite rehabilitar el hemicuerpo no dominante cuando ese es el afectado.

–¿Por ejemplo?

–En Parkinson la enfermedad es generalmente más severa de un lado que del otro, entonces la idea es compensar trabajando también el lado más afectado, aunque sea el no dominante. Además, existe un fenómeno investigado científicamente, que es la transferencia de habilidades. El cerebro tiene una caja de herramientas, y todo lo que aprende lo mete ahí. Cuando tiene algo que hacer, el cerebro no piensa “esta herramienta es solo para escritura y la uso únicamente ahí”, sino que también la usa automáticamente para agarrar un cuchillo, abotonar una camisa, para lavarse la cabeza. El cerebro siempre va a usar atajos, intentará ahorrar caminos, digo que es “vago” por antonomasia. Esto hace que los pacientes mejoren en distintas actividades de su vida.

–¿De qué se trata el método?

–Naturalmente nuestro cerebro tiene un mecanismo similar al del zoom de las cámaras fotográficas. Es automático. Pero en los pacientes con Parkinson no funciona bien. Lo que hacemos es repetir y perfeccionar un mecanismo que permite anticiparse al próximo paso, pensarlo antes, hacerlo voluntario. Así, reaparece la habilidad de escribir con otro recurso motor, que no es automático, que va fraccionando. Muchos iban muy nerviosos a la farmacia. Y al tiempo se sienten más seguros. “Porque yo ya sé lo que tengo que hacer”, dicen. Por la anticipación motora es que pueden lograrlo.

Adriana Ziliotto, psicóloga y perito grafóloga, con el software que utiliza para analizar la escritura.

Sostener la escritura

–¿La grafología está suficientemente tenida en cuenta como una disciplina que puede auxiliar en la recuperación de algunas enfermedades?

–Poco y nada. Ni acá ni en el mundo. Creo que la recuperación de la escritura es una tarea que está relegada, aunque los problemas de escritura se presentan en muchas patologías motoras. Una gran cantidad de pacientes, además, lo refieren como problema en la primera consulta. Por eso sería muy oportuno trabajar con métodos de la grafología en estos casos. La escritura no es solamente una habilitad motriz; es también una habilidad cognitiva y social porque permite la comunicación.

–¿No es acaso una de las herramientas que más desarrollo permitió a la especie?

–Posiblemente así sea, pero me parece importante también desmitificarla. Más allá de lo que representa en la historia de la humanidad, hoy lo que a mí me interesa es verla como una herramienta, que si me dedico a mantener activa me será siempre útil. ¿Qué dicen las leyes? Que la escritura es la única certificación que transmite la voluntad de quien firma. Es decir: para firmar, yo no puedo estar ni dormida, ni muerta. Supera el valor de mi huella digital, porque –aunque suene a argumento de película de acción– no vale que me corten el dedo y usen mi huella digital. La firma es irreemplazable.

–¿Aunque sea muy difícil firmar siempre igual?

–Nunca podemos firmar igual. Un axioma de nuestra profesión es que no existen dos firmas iguales. Si las hay, una es falsa. Nuestro objeto de estudio, la escritura, es variable por naturaleza. Sin embargo, es la única que expresa voluntad.

–¿Por qué generalmente no se entiende lo que escriben los médicos?

–El médico es heredero del mago, que curaba y nadie sabía cómo. Eran fórmulas secretas que no se comunicaban. Había que entregarse. Era un dios. Hoy, ante una circunstancia difícil de salud, se dice “me pongo en manos de Dios y de los médicos”. Entramos a una cirugía inconscientes, ponemos nuestra vida en manos de una persona con un bisturí que quizá tenga que tomar decisiones drásticas en solitario (y sin comunicarnos nada), para salvarnos. Toda la responsabilidad sobre sus hombros. No hay tiempo. Por eso escribe para él mismo: ensimismado, como trabaja. Pero creo que hoy los equipos están socavando esta disgrafía de aparente origen ancestral. Al menos, el médico ya no es un dios único. Además, los pacientes preguntan todo y descubren los procedimientos googleando.

–¿Por qué es importante que sigamos escribiendo a mano?

–Hay muchos argumentos serios desarrollados por expertos. Por ejemplo, si escribimos a mano tenemos que reflexionar más porque no se puede cortar y pegar para replantear un concepto; en ese caso hay que tachar o borrar y volver a escribir. Escribir a mano obliga a pensar a largo plazo, como en el ajedrez. Esto favorecer el pensamiento crítico, contra la inmediatez de las pantallas, algo nada despreciable hoy en día. A su vez, este proceso más largo, trabajoso y sobre todo reflexivo que implica escribir a mano arraiga más lo que se elabora. Otro aspecto interesante a tener en cuenta es que escribir favorece las elaboraciones emocionales; desde la psicología se lo explica como poner distancia o poner afuera los problemas. En realidad, favorece el poner a la vista aristas ocultas de esos problemas y eso ayudaría a moviliza o resolver algunas cosas. Tampoco tendría que ver necesariamente con una pretendida “magia” del papel, que en realidad no existe, porque las ventajas de escribir a mano son perfectamente explicables. Escribir es y seguirá siendo una herramienta indispensable.

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