Las plataformas digitales tienen un impacto importante en lo que las niñas y adolescentes pueden soñar y en cómo visualizan su futuro. En el informe La tecnología en los términos de ellas realizado por la UNESCO, se visibiliza cómo los algoritmos que deciden lo que vemos en TikTok o Instagram pueden estar reforzando construcciones sociales de género que nos alejan de la igualdad.
En la era digital, las narrativas sobre quién puede ser científica o ingeniera no se construyen sólo en las aulas o en los libros de texto. También se forman en los resultados de búsqueda, los videos recomendados y los contenidos que dominan nuestras redes sociales.
Esos algoritmos no son neutros: reflejan preferencias, desigualdades y estereotipos que pueden limitar las aspiraciones de niñas y adolescentes, incluso antes de que elijan una carrera.
Estas cifras no sólo muestran desigualdad tangible en la presencia de hombres y mujeres en la ciencia, también explican por qué los algoritmos pueden ser menos propensos a mostrar referentes femeninos en ciencia y tecnología: si menos mujeres estudian estas áreas y menos acceden a tecnología de forma plena, los datos que alimentan los algoritmos terminan reproduciendo un sesgo estructural.
Los algoritmos que seleccionan contenido en búsquedas, plataformas de video o redes sociales se alimentan de patrones de consumo mayoritarios. Si quienes consumen y generan contenido sobre tecnología y ciencia son mayoritariamente hombres, es probable que los sistemas privilegien contenidos que refuerzan roles y estereotipos desiguales en materia de género.
En otras palabras, en el mundo digital se reproduce la idea de: ciencia = hombre y, por ejemplo, cuidados o actividades domésticas = mujer. Estos patrones no son obvios, pero son persistentes y acumulativos.
La UNESCO, en su estudio, advierte que ciertos diseños tecnológicos pueden anclar normas sociales negativas y estereotipos de género en la vida cotidiana de niñas y niños, afectando no solo la educación formal, sino también la forma en que entienden sus capacidades y posibilidades. 
La tecnología es mucho más que una herramienta: es un espacio simbólico donde se configuran las identidades, los intereses y los sueños de las nuevas generaciones.
Si una adolescente de 12 o 14 años consulta contenido sobre carreras científicas y los primeros resultados reproducen estereotipos, la probabilidad de que internalice que la ciencia "no es para ella" aumenta, aunque su rendimiento académico sea igual o superior al de sus pares masculinos.
Este efecto puede comenzar mucho antes de la educación superior, cuando ya se están formando las elecciones vocacionales.
Además, las brechas de género en STEM son especialmente relevantes para el futuro del trabajo: las profesiones vinculadas a ciencia, tecnología e innovación son de las de mayor crecimiento y remuneración en el mercado global. Si las niñas y adolescentes no se sienten "representadas" o invitadas a participar en estos campos, las desigualdades se amplifican con el tiempo.
Algunas de las propuestas que se exponen en el estudio realizado por la UNESCO y en otras publicaciones de ONU Mujeres están encaminadas a impulsar la creación de contenido con referentes diversos, invertir en la educación inicial que determina en gran media la identidad y proyección de las infancias, así como apostar por políticas públicas y programas con perspectiva de género que atiendan las necesidades particulares de las niñas y adolescentes en sus contextos sociales y geográficos.
También es fundamental romper la inercia de trasladar lo físico a lo digital sin cuestionar. Los algoritmos en las plataformas están basados en decisiones, reflexiones y análisis humano, por ello es posible cambiar la dirección de lo que estos patrones "deciden".
Para que las niñas y adolescentes puedan imaginarse científicas, ingenieras y tecnólogas, se debe transformar no sólo los datos que nutren los algoritmos; también las narrativas que esos datos reproducen en línea. La ciencias exactas y la tecnología deben ser un espacio para todas las personas.

