El psiquiatra y psicoterapeuta Lucas Raspall planteó que la discusión sobre pantallas y redes sociales no puede limitarse a adolescentes y jóvenes, ya que el punto de partida también incluye a los adultos. En una conversación con Cristian Vanadía en el podcast Modo Beta, impulsado por Avalian, el especialista sostuvo que “el uso excesivo de redes sociales y plataformas está generando un daño muy grande al autoestima y al autoconcepto”.
El eje, en su mirada, está en el modelo cotidiano que se construye en casa. Describió un escenario recurrente: adultos disponibles de manera permanente para el teléfono y chicos que incorporan ese modo de estar. “El consumo de dispositivos de los hijos adolescentes es directamente proporcional a cómo lo usan los padres”, afirmó, al señalar que los hábitos digitales tienden a replicarse dentro de la dinámica familiar.
En ese marco, Raspall vinculó la hiperconectividad con tensiones en las relaciones interpersonales. “Estamos tan hiperconectados como desconectados, no hay forma de estar en dos lugares al mismo tiempo”, dijo, al referirse a escenas frecuentes como responder mensajes durante una conversación presencial. Para el especialista, esa fragmentación sostenida impacta sobre el vínculo: “No se puede vivir con esa prisa. Lo que se está empezando a dañar son los vínculos”.
También describió efectos asociados al clima de estímulos y disponibilidad constante. “Alto consumo en tiempo, exceso de estímulos, exceso de ansiedad, mal descanso, aislamiento del entorno”, enumeró, en una secuencia que ubicó cada vez más temprano. En la misma línea, advirtió sobre el mandato de estar siempre conectado y lo ejemplificó con conductas de riesgo: “Cuando manejamos, contestamos los mensajes. Si dejamos el teléfono en el baúl empezamos a preguntarnos qué estará pasando”.
En paralelo, un relevamiento de Avalian realizado sobre más de 2.500 personas en todo el país mostró que el 54% de los argentinos considera que el consumo excesivo de redes sociales es un hábito negativo incorporado.
Como respuesta, el especialista propuso desplazar el enfoque de la prohibición hacia la formación. “La educación digital es un concepto importante”, sostuvo, y planteó el acceso a la tecnología como un proceso gradual: “La edad ideal para tener el primer teléfono sería el séptimo año del colegio, siempre con controles parentales hasta los 13 años”.
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