“Nos imaginamos un hogar que mejore la calidad de vida de quienes lo viven. Durante casi tres años trabajamos para dar forma a una casa unifamiliar cómoda y armoniosa”, nos contó el equipo de Bernardes Arquitetura sobre este proyecto de diseño e interiorismo ubicado en el centro de San Pablo, Brasil.
“Fue un proceso creativo orgánico y sin prisas, donde el espacio se reveló poco a poco, construyendo una narrativa emocional entre el lugar y quienes lo habitan”, dijo el arquitecto Thiago Bernardes de la casa de 434 m2.
“Este proceso vivo le dio al conjunto capas y, sobre todo, alma. El resultado es una atmósfera única y acogedora, donde cada objeto cuenta su historia. Fue un proyecto de escucha: al espacio, a las personas y al tiempo”, relató Camila Tariki, a cargo del interiorismo.
Los espacios sociales de la casa se ubican en la planta baja, mientras que los privados están en el nivel superior. En su diseño, los arquitectos buscaron que tanto las áreas internas como las externas quedaran totalmente integradas.
Para los arquitectos, la confianza del cliente fue esencial. No hubo una entrega final con todo listo: las piezas fueron llegando, probándose y encontrando su lugar. Algunas se quedaron, otras no.
El paisajismo, diseñado por Rodrigo Oliveira, fue esencial para crear la sensación de oasis urbano. Los jardines se integran visualmente con las galerías y la terraza, creando un marco verde que envuelve la vivienda.
Junto a la oficina, un área descubierta que se utiliza como gimnasio, espacio de meditación o rincón de lectura. “El diseño de la terraza reafirma la idea de la naturaleza como elemento estructural del proyecto”.
Las suites orientadas al noroeste cuentan con balcones integrados al jardín y vistas abiertas al exterior.
Una estructura blanca de fibra de vidrio envuelve el piso superior como una piel liviana para tamizar la luz y las vistas, creando sombras cambiantes que aportan movimiento y textura.
Esta reinterpretación contemporánea del “muxarabi” (celosías tradicionales árabes) no solo protege sino también conecta la casa con su entorno, convirtiendo la arquitectura en un telón de fondo donde la vida se despliega con naturalidad.


